Capítulo 18

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Llegué a la oficina unos minutos antes de las ocho. Como de costumbre, Erick ya estaba allí. Sin embargo, había algo diferente. No estaba revisando documentos ni haciendo llamadas. Permanecía sentado frente al escritorio, con una taza de café completamente fría entre las manos y la mirada perdida en la ventana.

—Buenos días.

Levantó apenas la cabeza.

—Buenos días, Chris.

Su voz sonaba apagada. Me senté frente al computador mientras encendía todo. Durante varios minutos ninguno dijo una sola palabra. Fue él quien rompió el silencio.

—¿Alguna vez has sentido que alguien deja de quererte de un día para otro?

Dejé de escribir. No levanté la vista inmediatamente.

—No creo que eso pase de un día para otro.

Él soltó una risa amarga.

—Yo tampoco... solo que uno lo nota demasiado tarde.

Ahora sí lo miré. Tenía ojeras. Más de las habituales.

—¿Discutieron?

Asintió lentamente.

—Ayer —Esperó unos segundos antes de continuar —Le pregunté si había alguien más.

Sentí que el estómago se me contraía. Procuré mantener el rostro completamente tranquilo.

—¿Y qué dijo?

—Que no.

—Entonces deberías creerle.

Erick negó despacio.

—No lo sé —Se pasó ambas manos por el rostro —Conozco a Joel desde hace años. Sé cuándo algo cambia. Antes, aunque estuviera molesto conmigo, siempre buscaba arreglar las cosas. Ahora simplemente... se va —No respondí. Porque sabía exactamente por qué ocurría eso —¿Sabes qué es lo peor? —continuó.

—¿Qué?

—Que ya ni siquiera creo que esté enojado —Fruncí ligeramente el ceño —Creo que dejó de esperar algo de mí.

Aquella frase quedó dando vueltas en mi cabeza. No sonaba a celos. Sonaba a miedo. La mañana pasó sorprendentemente tranquila. Trabajamos casi sin discutir. Incluso, por primera vez desde que comenzamos a compartir oficina, parecía que los dos intentábamos hacer el ambiente más llevadero. Alrededor del mediodía, mientras revisábamos unos informes, Erick habló otra vez.

—Chris.

—¿Sí?

—Gracias.

Lo miré confundido.

—¿Por qué?

—Por escucharme estos días.

Sonreí apenas.

—No tienes que agradecer.

Él jugó unos segundos con un bolígrafo.

—No tengo muchos amigos con quienes hablar de estas cosas.

Asentí lentamente. Sentía una culpa enorme. Porque, mientras él me agradecía por escucharlo... Yo era precisamente la persona que más estaba poniendo en riesgo su relación. A las doce y media Jonathan apareció por la oficina.

—¿Cómo van mis trabajadores favoritos?

—Agotados —respondimos Erick y yo al mismo tiempo.

Los tres reímos.

Él No Te Ama ||Joerick / Virgato|| TerminadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora