Capítulo 24

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Joel abrió la puerta del pequeño departamento y encendió únicamente la lámpara de la sala. La luz cálida contrastaba con el silencio del lugar. Christopher observó alrededor con curiosidad.

—Así que este era tu escondite.

Joel dejó las llaves sobre el mueble de la entrada y sonrió.

—Más bien mi refugio. Casi nunca vengo. Solo cuando el trabajo me obliga a quedarme cerca o... cuando necesito estar solo.

Christopher caminó despacio por la sala. El departamento era sencillo, pero acogedor. Había pocos muebles, algunas plantas junto al ventanal y una estantería con varios libros.

—Tiene tu personalidad.

—¿Eso es bueno o malo?

—Bueno. Tranquilo.

Joel soltó una risa baja.

—No sabía que fueras tan observador.

Christopher dio un paso hacia él.

—Cuando alguien me importa... observo mucho más.

Joel desvió la mirada apenas un instante. Cada vez le costaba menos aceptar esa clase de comentarios.

—Creo que deberíamos comer algo antes de que el alcohol termine de hacer efecto.

—Por fin una idea inteligente.

Pidieron unos perros calientes en un local cercano. Mientras esperaban el domicilio, se acomodaron en el sofá. No hablaban demasiado. Ya no hacía falta. Christopher pasó un brazo por los hombros de Joel y este, casi por inercia, terminó recostando la cabeza sobre él.

—¿Sabes qué me gusta de estar contigo? —preguntó Joel.

—Sorpréndeme.

—No tengo que fingir que todo está bien.

Christopher giró apenas el rostro para mirarlo.

—No vuelvas a hacerlo nunca.

Joel levantó la vista.

—¿Fingir?

—Sí.

—Contigo no puedo.

Aquella respuesta bastó para que Christopher inclinara la cabeza y lo besara lentamente. No hubo prisa. Solo un beso tranquilo. Cuando se separaron, Joel sonrió con los ojos todavía cerrados.

—Empiezas a acostumbrarme mal.

—Ese era el plan.

Un timbre interrumpió el momento.

—La comida.

Joel se echó a reír.

—Perfecto momento.

Después de cenar entre bromas y pequeños empujones por ver quién se quedaba con la última papa, recogieron los platos y los dejaron en la cocina. El departamento volvió a quedar en silencio. Joel observó a Christopher unos segundos. Había algo distinto en él. Ya no veía únicamente al hombre que lo hacía perder la razón con un beso. Veía a alguien con quien podía reír durante horas sin sentirse juzgado.

Se acercó despacio. Fue él quien tomó la iniciativa. Le acomodó el cuello de la chaqueta, como buscando una excusa para tocarlo.

—¿Qué pasa? —preguntó Christopher en voz baja.

Joel negó con una sonrisa casi imperceptible.

—Nada... —Apoyó una mano sobre su mejilla —Solo quería volver a besarte.

Él No Te Ama ||Joerick / Virgato|| TerminadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora