El camino transcurrió en un silencio incómodo. Joel observaba el paisaje a través de la ventanilla mientras yo intentaba pensar en algún tema de conversación que no sonara estúpido. Al final terminé rindiéndome.
Cuando llegamos, me sorprendió encontrar una casa bastante bonita en una zona tranquila a las afueras de la ciudad. No era una mansión como la de Jonathan ni una vivienda especialmente lujosa, pero tenía algo acogedor. Parecía el tipo de lugar donde cualquiera podría sentirse cómodo.
—Bueno... llegamos —dijo Joel mientras se quitaba el cinturón.
—Sí.
Lo vi abrir la puerta.
—¿No vas a bajar?
—Claro.
—No, me refiero a entrar.
Parpadeé.
—¿Entrar?
—Me trajiste hasta aquí. Lo mínimo que puedo hacer es ofrecerte algo de tomar.
Sonrió apenas. Era una sonrisa pequeña, pero completamente distinta a la expresión seria que había llevado durante toda la tarde. Por alguna razón me encontré sonriendo también.
—Está bien.
Entramos juntos. La tranquilidad duró exactamente tres segundos.
Un chico de ojos verdes apareció en el pasillo y la expresión amable que tenía desapareció en cuanto nos vio.
Especialmente cuando vio a Joel.
—Ya llegaste.
Su tono era frío. Joel se tensó inmediatamente. Lo noté porque había pasado toda la tarde observándolo.
—Hola, Erick.
—¿Quién es él?
—Christopher. Es amigo de Richard.
—Claro.
La forma en que dijo aquella palabra me hizo fruncir el ceño. No sonó como alguien que estuviera haciendo una pregunta. Sonó como alguien que ya había decidido una respuesta.
—Solo me trajo a casa —explicó Joel.
—Qué considerado.
Joel bajó la mirada. Y eso me molestó más de lo que debería. Porque no parecía una discusión entre novios. Parecía un interrogatorio.
—Oye —intervine—. No pasa nada raro.
Erick me dedicó una mirada que dejó claro que no le agradaba.
—No te pregunté.
Antes de que pudiera responder, Joel habló rápidamente.
—Christopher no demora.
La frase me sorprendió. No porque quisiera quedarme. Sino porque sonó como si estuviera intentando evitar problemas. Erick se marchó escaleras arriba sin despedirse. El silencio que dejó detrás fue casi peor.
—Lo siento.
Joel soltó el aire lentamente.
—No deberías estar disculpándote tú.
Por primera vez desde que lo conocí pareció cansado. No físicamente. Cansado de verdad. Como alguien que llevaba demasiado tiempo soportando lo mismo.
—¿Siempre es así?
Joel tardó unos segundos en responder.
—A veces.
Mentía. Era evidente. Y él sabía que yo lo sabía. Pero ninguno dijo nada. Me ofreció un vaso de agua y nos sentamos en la sala. La conversación fue extrañamente fácil. Hablamos de España, de California, de Richard y de las diferencias entre nuestras vidas. Joel tenía sentido del humor cuando se relajaba un poco y, cuanto más hablábamos, más difícil me resultaba relacionar a esa persona con el hombre silencioso y distante que había conocido en la relojería.
Entonces Erick volvió a aparecer. No levantó la voz. Ni hizo una escena. Y, sin embargo, consiguió que toda la atmósfera cambiara.
—Christopher, ya es algo tarde.
Joel bajó la vista. Otra vez. Y fue ese gesto lo que terminó de incomodarme. Porque no parecía que estuviera molesto. Parecía preocupado. Como si estuviera anticipando algo. Me puse de pie.
—Sí, claro.
Dejé el vaso sobre la mesa. Antes de marcharme, nuestras miradas se cruzaron. Solo fue un instante. Pero vi algo en sus ojos. Algo que no había visto durante la conversación. Miedo. Y aquello me acompañó durante todo el camino de regreso. No podía dejar de pensar en ello. No era amor. Ni siquiera estaba cerca. Pero tampoco era simple curiosidad. Había algo en Joel que me atraía de una forma difícil de explicar. Algo que iba mucho más allá de su aspecto.
Y cuanto más intentaba sacármelo de la cabeza, más terminaba pensando en él.
Subí al auto y estaba a punto de cerrar la puerta cuando escuché la voz de Joel.
—¡Espera!
Giré la cabeza.
Venía corriendo desde la entrada de la casa. Cuando llegó hasta mí parecía ligeramente agitado.
—Perdón por lo de Erick.
Negué con la cabeza.
—No tienes por qué disculparte tú.
Joel bajó la mirada.
—Aun así, lo siento.
Por un momento ninguno de los dos dijo nada. La luz del porche iluminaba parcialmente su rostro y me sorprendí observándolo más de lo que debería.
—Para ser sincero... —dije finalmente —No entiendo cómo lo soportas.
No sonó como una broma. Tampoco como una crítica. Era una pregunta sincera. Joel apartó la mirada casi de inmediato.
—Es complicado.
Y algo en su voz me hizo comprender que no pensaba explicarlo. Al menos no todavía. Asentí.
—Bueno... supongo que algún día me contarás.
Por primera vez en toda la noche apareció una sonrisa auténtica. Pequeña. Pero auténtica.
—Tal vez.
No sé por qué aquella simple respuesta me hizo sonreír también.
—Buenas noches, Joel.
—Buenas noches, Chris.
Cerré la puerta y puse el auto en marcha. Por el espejo retrovisor pude verlo quedarse de pie frente a la casa mientras me alejaba. Debería haber estado pensando en Richard. Habíamos pasado quince años sin vernos. Debería haber estado pensando en mi nuevo trabajo. En Jonathan. En California. En cualquier otra cosa. Sin embargo, durante todo el trayecto de regreso terminé recordando pequeños detalles que ni siquiera parecían importantes.
La forma en que Joel sonreía cuando se relajaba. Lo rápido que se ponía nervioso. Cómo evitaba hablar de sí mismo. La expresión que tenía cada vez que alguien mencionaba a Erick. Solté un suspiro. No sabía exactamente qué me pasaba. Solo sabía que, por alguna razón, quería volver a verlo. Y esa idea me acompañó durante todo el camino de regreso.
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Él No Te Ama ||Joerick / Virgato|| Terminada
FanfictionMuchas veces el amor no es suficiente para terminar con tantos años de felicidad, la costumbre es demasiado fuerte. ¿Se puede volver a amar cuando ya se ha roto una relación?, ¿puede alguien cambiar después de hacer tanto daño? Por otro lado, ¿es po...
