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El sol achicharraba la playa en la que habían quedado. A Hoseok le habría gustado más ir en bicicleta a la costa rocosa del otro extremo de la ciudad, pero dejó decidir a Yoongi.

—Mi madre no se encuentra bien —dijo Yoongi por teléfono—. Tiene migraña. Y no quiero alejarme mucho de casa. Me gustaría acercarme a casa a mediodía para ver cómo está. ¿Te parece bien?

—Sí, claro, con tal de que podamos vernos... —respondió Hoseok.

* * *

Nadaron hasta una balsa donde tomaron el sol.

— ¡Y pensar que mañana el hombre pisará la luna! —Exclamó Hoseok—. ¡Es fantástico! Ojalá pudiese ir yo también. Debe de ser lo máximo.

—Sí, no lo dudo, pero yo no me atrevería —confesó Yoongi.

— ¿No? ¿Por qué no?

—No lo sé... Está... demasiado lejos. ¿Y si no pueden regresar? ¿Y si se estropea la nave espacial y no pueden salir de la luna? Jamás me arriesgaría tanto.

—Yo sí —dijo Hoseok, incorporándose sobre los codos—. No tiene tanta importancia. Me refiero al hecho de no regresar. Piensa en lo que debe de ser caminar por la luna, ver la tierra desde arriba. Solo por eso valdría la pena el viaje. Tiene que ser algo increíble, y el regreso es lo de menos, ¿no crees? ¿No morirías por una cosa así?

Yoongi frunció el entrecejo.

—Por supuesto que no. Hay montones de lugares y países en la Tierra que me gustaría ver. Imagínate ir a África y ver los animales salvajes. O las pirámides. O navegar por el río subterráneo que recorre las grutas de Postojna, sentado en una barca, mirando las estalactitas.

Hoseok se rio.

—Eso también sería genial, pero lo puedes hacer antes, ¿no? Y reservar el viaje a la luna para después, cuando hayas visto todo lo que quieres ver en la Tierra. ¿Irías entonces?

—A lo mejor, aunque no creo. Seguiría dándome miedo.

—Ya veo —dijo Hoseok—, pero sabrás que en las cuevas hay unas enormes y asquerosas arañas, ¿verdad? —Estiró la mano, doblando los dedos como si fueran patas de araña sobre la espalda de Yoongi. Yoongi se apartó, riéndose.

* * *

Fueron a la playa. Hoseok se tumbó en la toalla, y Yoongi se cambió la ropa.

—Me estás mirando, ¿verdad? —preguntó Yoongi con una sonrisa.

—Sí. Eres muy guapo. El mero hecho de mirarte me produce una extraña sensación en el estómago. Deberíamos estar en tu casa, solos.

—Lo haremos el próximo fin de semana. Mis padres van a volver a Kalmar y se quedarán tres días. Puedo pasar el tiempo vistiéndome y desnudándome, si te apetece. Pero en ese caso tendrás que tomar algo para el estómago o no sobrevivirás al fin de semana.

—No me importa que me amputen el estómago con tal de estar contigo.

—De acuerdo —dijo Yoongi—, siempre que no te amputen nada más.

Se vistió y se inclinó sobre Hoseok.

—Vuelvo dentro de media hora. Solo voy a ver cómo está mi madre. —Besó a Hoseok en la mejilla—. Cuando vuelva, te traeré helado. ¡Hasta luego, Princi!

—Estupendo. ¡No tardes, por favor!

El sol abrasaba la espalda de Hoseok, que estaba tumbado con la toalla sobre la cabeza, escuchando todos los sonidos que lo rodeaban: risas infantiles, gritos de padres, radios que emitían canciones que tan pronto se desvanecían como revivían.

Mi Hermano y Su Hermano --- JHS+MYGHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora