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Taemin agradece que las horas pasen y con los días esa sensación, de sentirse morir estando lejos de Minho, esté debilitándose.

Había tanto de lo que hablar, tantas cosas que quería decir, pero que calla cuando Minho le mira y en su interior siente el coraje que él siente por lo que vendrá, pero no arrepentimiento.

Fingen que pueden ver una película, pero lo único que hacen es pensar y sentirse el uno al otro. Minho se voltea a ver a Taemin cuando siente esas ganas inexplicables de llorar, porque sabe que no son suyas.

Hasta las palomitas de maíz parecen insípidas, la comida no tiene sabor, ni aunque Taemin le ponga todo su esfuerzo.

Taemin casi se siente inútil cuando no puede hacer que Minho reaccione y prefiera quedarse sentado en el viejo sillón mirando sin mirar la televisión, dejando que la comida se enfríe, sin siquiera mirarla.

—Al menos toma un poco de...

El sonido predeterminado y anticuado del viejo móvil hace que la mirada de Minho se desvíe rápidamente a buscar en sus bolsillos, dejando a Taemin sin poder terminar de hablar.

Pero era importante, y Taemin calla.

—¡Jinki! —casi grita en lo que se pone de pie, y Taemin le mira sintiendo la expectativa en la boca de su estómago, estaba sintiéndole.

Era extraño, nuevo, y se pregunta si algún día podrá acostumbrarse a eso.

—Te envié la dirección, ven lo antes posible —dijo sintiendo algo de alivio, sensación que Taemin también experimenta, dejándole sentirse en el limbo—, por favor.

Esa emoción arremolinándose en su pecho hace que Taemin termine agotándose, sumado a que Minho se voltea y apenas intenta sonreír mientras cae sentado en el sillón, un poco lejos de él.

Son tan sólo centímetros que le duelen, que entiende, pero que no dejan de doler. Emociones que Minho entiende y sin que siquiera intercambien palabra alguna esté arrinconándose, sentándose apegado a él, rozando sus muslos, y sus rodillas, mirándole esperando haber logrado ese poquito de calma que ahora siente a través de su vínculo.

Y encuentran la tranquilidad en el silencio y el suspiro de ese toque que es lo más que pueden permitirse para saciar esa necesidad asfixiante de fundirse con el otro.

Cuando Taemin abre los ojos se da cuenta de que hay alguien más en la sala, y tiene el brazo de Minho rodeándole y presionándole contra su cuerpo. Y esas ganas de atacar, esa agresividad y esa furia hirviendo en su interior, no son suyas.

—Soy Jinki —saluda el alfa desde la puerta, quien tiene la cabeza inclinada y la mirada hacia el piso.

La clara mirada de un alfa sometiéndose a otro, uno de esos rituales que significa que acepta que está en territorio marcado.

Ve a su madre pararse delante de él, acercándose con una silla para que pudiera sentarse ahí. Claro, tenían cuatro días de haberse vinculado, y Minho todavía no podía controlar esas ganas de que nadie se acercara a Taemin, su omega.

—Minho soy tu amigo, estoy vinculado.

Son minutos tensos en los que Minho gruñe y Taemin siente cómo su alfa se esfuerza por no tenderle sobre el sillón y cubrirlo con su cuerpo, para que nadie le hiciera daño, ni siquiera pusiera sus ojos sobre él.

—No quiero a tu omega —decía mirando Minho y volviendo a bajar la mirada—. Vine por lo del juicio, te necesito cuerdo, Minho.

La tensión se disipa cuando Minho suelta un fuerte y pesado suspiro, dándose cuenta de que estuvo conteniendo la respiración en lo que entendía que Jinki era su mejor amigo y no querría su omega, que él ya estaba vinculado a una bella omega desde hacía años.

CulpableDonde viven las historias. Descúbrelo ahora