—¿Qué hay, bro? —Saludó Brian entrando al apartamento del castaño como si de su casa se tratara.
—Nada nuevo. Trabajo. Mi jefa quiere que termine esto para mañana a primera hora.
Shawn estaba con su nariz clavada en su mesa de dibujo trazando algunos diseños, pero sólo trataba de esconder el verdadero dibujo que estaba haciendo de los ojos de su amigo.
El rubio pudo notar algo diferente en él, a pesar de que estaba de espalda.
—Voltéate. —le ordenó.
Conocía a su amigo y sabía que lo estaba evitando. Shawn giró su silla de mala gana. Estaba vestido de pijamas pero con la nueva ropa que le compró su novia ya que se había encargado de tirarle toda la anterior. No había vuelta atrás.
Realmente lo único que tenía para usar era la que ella le había dejado perfectamente ordenada en su armario.
—¡JODER! —exclamó sorprendido su amigo al ver el cambio. No lo reconoció. Ese no era el chico que conocía hacía más de diez años. —¿Quién eres tú y qué has hecho con mi amigo? Vamos, contesta.
Tomó uno de los sables de Star Wars de juguete que colgaba de la pared y lo amenazó.
—Ya no exageres. Sólo llevo ropa nueva y un corte de cabello. — Shawn le restó importancia y volvió su atención a su trabajo.
—¿Acaso no te has visto? Sabes que ahora puedes tener a la mujer que quieras. —Brian no entendía por qué el cambio, pero suponía que tenía que ver con trabajar en una empresa de moda. En algún momento lo obligaría a estar a la moda. — Todas caerán rendidas a tus pies.
—No me interesa. —Shawn, luego de la vez que estuvieron en lo de Cecilia y Brian lo regañó, no le contó más a su amigo sobre la relación que mantenía con su jefa. No le gustaba tener secretos pero mucho menos que lo regañen.
—Sigues flechado con tu jefa. — Bufó Brian que no entendía cómo su amigo se negaba a aprovechar su juventud y belleza recientemente adquiridas y vivir la vida.
—Ya te lo dije. No es sólo un flechazo.
Shawn prefería evitar esa conversación. Su amigo no tenía idea de lo que había pasado en los últimos días, así que no tenía derecho a opinar.
—Está bien. No voy a discutir. Ya me cansé de aconsejarte y que me ignores. Mejor voy a jugar a los videojuegos. —dijo rebuscando el mando a distancia en el revoltijo de apartamento, pero su atención fueron a parar en dos objetos que nunca hubiera esperado encontrar en la casa de su mejor amigo.
—¿Se puede saber qué es esto, Shawn Peter Raúl Mendes? —dijo en tono de madre sobre protectora sujetando en su mano unas bragas negras y una caja de condones casi vacía.
Shawn se volteó y quedó pálido. Se había olvidado por completo de aquello. No era que ordenaba mucho su apartamento, pero eso era algo íntimo y no le gustaba que ahora esté en las manos del rubio.
—Eso no es de tu incumbencia, así que dámelos.
Se puso de pie e intentó quitarle las bragas de su novia de la mano a su amigo. Este se paró sobre la cama como un niño y las puso más altas.
—No te las daré hasta que me expliques qué mierda pasa aquí. — dijo el rubio. —El cambio de aspecto es una cosa pero bragas de mujer y condones es otra muy diferente.
—No tengo por qué explicarte nada, idiota. Devuélveme eso. Son mías. —Shawn estaba molesto. Eso era especial para él y se sentía violado.
—Ay,no. ¡Te volviste travesti!— fingió asombro de manera exagerada. —Siempre fuiste algo afeminado, pero esto ya es otro nivel,hermano.
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Sweaters Boy ||S.M||
Hayran KurguGafas, suéteres grandes, lentes fuera de moda, torpeza extrema, timidez... Es lo opuesto que te imaginas cuando piensas en un becario de la revista Icon: la jungla más salvaje, la jefa más despiadada y donde mantener tu cordura por más de un día es...
