Shawn estaba acomodando sus cosas en su nueva oficina. Ahora por lo menos ya no vería a su ¿novia? No habían roto, sólo estaban peleados así que técnicamente seguía siendo su novia aunque se había acostado con otro. ¿Dónde lo dejaba a él ésa situación?
—Pase. — dijo al escuchar la puerta.
—Bonita oficina. — Cecilia entró cerrando la puerta tras ella. —¿Vas a seguir evitándome?
—Creo que es obvio, ¿no?
La ignoró y siguió ordenando las cosas en el cajón de su escritorio.
—Vamos, papi. Hace más de dos semanas que me tienes abandonada. Te extraño.
Trató de poner una postura de niña pequeña. Los roles estaban invertidos. Ahora era él quien tenía el control.
—¿Papi?— La palabra llamó la atención de el castaño y no le gustaba que se refiriera a él de esa manera. Era frío, impersonal.
—Sí, papi. Tu nena se siente muy sola. Me duele aquí desde que estas enojado. — dijo la morena apuntando su intimidad y mordiendo su labio.
Shawn no pudo dejar de pensar que se veía sexy con aquél vestido de verano suelto y su ahora postura aniñada, pero le seguía doliendo el hecho de que lo había engañado.
—Siempre haces lo mismo, Cecilia. Cuando parece que nuestra relación avanza la cagas y luego crees que con sexo se soluciona todo, pero no es así.
El muchacho seguía molesto. Él la amaba con todas sus fuerzas y por más que quisiera odiarla no podía. Él sabía que ya la había perdonado y que tarde o temprano iba a terminar cediendo.
—Vamos, papi. No hay nada que una buena follada no solucione.
La morena se sentó en el escritorio frente a él con las piernas separadas levantando un poco su falda dejando ver sus muslos.
Shawn pudo ver que no llevaba bragas. Tragó grueso en un intento de no ceder. No quería hacerlo molesto. No sería bueno para ninguno de los dos. Lo mejor sería hablar y arreglar las cosas antes que nada.
—¿Viniste sólo por sexo?— gruñó tratando de ignorar el hecho de tenerla tan cerca de él. Sentado en su silla estaba en la posición perfecta para comer ése maldito coño sin bragas que tanto le gustaba hasta que ella pidiera perdón por lo que hizo.
—Sí.
Ella quería decirle que extrañaba pasar tiempo con él. Que extrañaba las conversaciones sin sentido a las dos de la mañana, preparar el desayuno mientras hacían karaoke, la forma en que la miraba como eterno enamorado, despertar junto a él y, por sobre todas las cosas, la forma en que le hacía el amor cada noche pero no pudo evitar ser ella y tratar de aparentar que no sufría. Que era fuerte.
Shawn, cegado por la ira, no podía ver que la mirada de la muchacha gritaba que lo que realmente necesitaba era un beso y un abrazo de esos que decían que estaba todo bien. Sólo escuchó lo que salió de su boca, que era frío como ella.
—Está bien. — dijo poniéndose de pie y tomándola por la cadera. — Voltéate. — le ordenó frío, distante. Ella quiso besarlo pero él la volteó haciendo que la muchacha quedara con sus pechos pegados a la madera del mueble. —¿Quieres sólo sexo? Te daré sexo.
—Vamos, papi. Lo quiero rudo. — gimió la morena pensando que era un juego sucio. El muchacho pegó su entrepierna al trasero de ella.
—¿Esto es lo que quieres?
No había amor en sus palabras. No hubo caricias ni besos ni juegos. No era el chico que ella amaba.
—Sí, papi.
No iba a retroceder en ése momento. Ya la habían usado muchas veces para satisfacerse. Dejaría que él se descargue.
El castaño levantó las faldas de la muchacha y abrió la bragueta de su pantalón para luego penetrarla sin piedad. Embestía dentro de ella con el único fin de correrse.
—Más despacio, Shawn. — se quejó la muchacha, que la falta de erotismo del momento lograba que ella no se lubricara lo suficiente y comenzaba a dolerle cómo la penetraba.
—Tú querías que te folle y eso es lo que hago. — gruñó el castaño en una gran embestida.
—¡Duele!— chilló Cecilia. Él la ignoró. Quería que se sintiera usada, como él se sentía. Un juguete, algo descartable.
Embistió un par de veces más hasta correrse en ella.
—¿Qué fue eso?— Ella acomodó su ropa. Se sentía sucia y no por el semen que escurría por su pierna, sino por cómo la había tratado. Se sentía una mujerzuela. Podía soportar ése trato de otros hombres,pero no de su niño. Él era el primer hombre que la hizo sentir amada y ahora había perdido eso.
—Tú pediste eso. Me dijiste que querías que te folle y eso hice. —se quejó el castaño, que se sentía un monstruo por lo que había hecho. No le importaba lo que ella había hecho. Él la amaba y no tenía que tratarla así.
—Tienes razón, soy sólo una puta y siempre me van a tratar de esa forma. Pensé que tú eras distinto. —Cecilia estaba por llorar por primera vez en más de diez años. Ella nunca lloraba en público. — Pero me equivoqué.
—¿Y que querías? ¡Dímelo! Estoy cansado de que te hagas la dura. Quiero que seas sincera conmigo. ¡Un día me dices que quieres que viva contigo y al otro día vas corriendo a los brazos de tu ex!— Shawn estaba levantando la voz.— ¡Yo no entiendo de sólo sexo! Para mí no es sólo sexo. ¡Yo te amo pero parece que tú no sientes lo mismo! Que soy sólo un juguete, una polla más de tu lista y no puedo con eso.
—No puedo. ¡No sé cómo ser esa chica que tú quieres! No soy así. Todo esto es nuevo para mí. Es la primera vez que hay un “nosotros” en mi vida. — Rompió en llanto. Shawn sólo quería abrazarla y no soltarla. Nunca la vio tan débil y delicada. — Siempre fui sólo yo y antes éramos Wally y yo. No puedo borrar ese pasado ni las cosas que vivimos juntos. Él siempre será parte de mi vida, pero no lo quiero en mi futuro.
—Para mí también es algo nuevo. Yo también estoy aprendiendo sobre la marcha y cada vez que avanzamos pones una barrera entre nosotros. Es como si no te permitieras ser feliz. — Shawn también lloraba, ambos estaban destruidos. Se lastimaron y no sabían si ya existía un ellos. — Por última vez,amor, dime lo que quieres de mí. Lo que realmente quieres.
—A ti. Al Shawn que creyó que yo valía la pena. Al niño que prepara café con tortitas en forma de corazón y llora mirando el Titanic. Al chico que me hace el amor cada noche como si fuera la primera vez. Al chico que amo. — La voz de Cecilia salía en un hilo.
—¿Y por qué dijiste que sólo querías sexo?— Shawn trataba de procesar la información que salía de la boca de su novia.
—Porque soy una idiota, amor. Pero tú te enamoraste de ésta idiota y siempre logras sacar lo mejor de mí. — Cecilia acortó la distancia con su novio. —Y por eso te amo Shawn. Y si para que vuelvas a amarme necesitas que grite que te amo a los cuatro vientos lo haré. Nunca supliqué pero aquí estoy, frente al hombre que amo pidiendo que vuelva a mí. Que vuelva a amarme y me perdone por ser una completa idiota que no vio que todo lo que necesitaba estuvo siempre frente a ella.
Shawn lloraba a mares. Se sentía el hombre más horrible del mundo. Ella era lo que más amaba y la había lastimado. La hizo sentir que no la amaba.
—Perdón, amor. Soy un monstruo, no debí tratarte así. Y te amo,eso no va a cambiar nunca sin importar lo que hagas. Siempre seré tuyo. — La abrazó por la cintura pegándola a su cuerpo el rostro de la morena se hundió en el pecho del castaño mojando su camiseta con sus lágrimas.
—Te amo, Shawn, como nunca he amado antes. —Lo miró a los ojos.
—Yo también te amo y te voy a amar siempre. —Tomó su rostro y la beso con delicadeza. Ella sintió cómo el calor anidaba en su pecho, ese cosquilleo en el estómago que sólo su niño producía. — Pero nunca vuelvas a hacerlo no se si lo soportaría una segunda vez. Todavía quiero matar a ese imbécil.
—Lo prometo. De ahora en más seré sólo tuya.
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Sweaters Boy ||S.M||
FanfictionGafas, suéteres grandes, lentes fuera de moda, torpeza extrema, timidez... Es lo opuesto que te imaginas cuando piensas en un becario de la revista Icon: la jungla más salvaje, la jefa más despiadada y donde mantener tu cordura por más de un día es...
