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El simple sonido de la lluvia erizaba mi piel. Bendito sea el techado que cubría la zona de espera. Gota, tras gota creaban una melodía que aturdía mis oidos.

Otro tren a lo lejos que seguro llegaba a su última parada. Ya iban 3 desde que estaba ahí y empezaba a desesperarme. No sé cuánto habían pasado desde que llegue, solo sé que faltan 23 minutos para que llegara mi tren. Mientras esos minutos pasaban, yo descansaba en el asiento del andén, sabiendo que nadie sabía de mí, nadie sabía dónde me encontraba, que estaba oculto entre las sombras.

Mis ojos pasearon por el lugar, pensando en cómo había transcurrido mi estadía en Alemania y como finalmente me encontré aquí, en esta noche tan peculiar de otoño. Todo parecía tan triste, tan oscuro y depresivo, el frío había llegado con anticipo y traía con sí un ambiente que solo el invierno retrata. Las gotas caían con pesadez, dejando un estruendo cuando chocaba contra el techo trasparente que tapaba mi cuerpo de la intensa tormenta. Pensaba nuevamente en por qué las tormentas me traían malos recuerdos. En alguna parte de mi subconsciente debía existir la respuesta.

Algún día Jared había dicho en broma que le tenía miedo a la lluvia porque era capaz de apagar el fuego en mí... pero en verdad era lo que más deseaba. Deseaba apagar aquel fuego eminente de mi alma que torturaba todas las noches con consumirme vivo. Luchaba con aquel inminente problema desde joven, paseando de psicólogo en psicólogo para que me hicieran entender por qué no podía controlar mi temperamento e incluso mis acciones, que había algo en mí que me gritaba en el oído que me dejara ser, que dejara salir al verdadero yo, un ser de fuego que consume todo a su paso sin remordimientos, pero nunca lo permitía, una parte en mí aún tenía el control. Nunca me lograron ayudar, aunque los diagnósticos hacían temblar.

-Maldita lluvia, malditos trenes, maldito celular... Bien hecho, Tess, bien hecho- una voz femenina se hizo salir de mis pensamientos. No esperaba compañía, en absoluto, así que me dedique a cerrar mis ojos e ignorar quien sea que haya entrado a andén- ¡Ah! ¡Maldita maleta! –la chica chilló, totalmente frustrada y al borde del colapso. Decidí no decir nada ni hacerme notar, tenía demasiado sueño como para reaccionar, solo quería el menor contacto posible: nulo. Con movimientos rápidos, pero silenciosos, a ciegas, saque mis audífonos que seguían conectados a un viejo y obsleto ipod de un lado de mi maleta. Coloque en mis oídos los audífonos y basto con apretar un botón para que la música empezara a sonar en mis oídos. Sentí la mirada de la chica sobre mí, sentía sus ojos examinarme con miedo e inseguridad- Em... ka-kannst du... em, mir hel... fen? -ignoré su fina voz, apenada y lejana ahora a causa de la música. El alemán apenas era entendible con su acento Londinense. Igual, si lo hablara correctamente no entendería lo que intentaba decir, no entiendo ni una mierda de ese idioma- Hey, bitte schön -volvió a titubear. No se callaría si no hablaba y mi paciencia andaba por los suelos-

-Cállate la boca-exigí, hablando tranquilo a pesar de decir palabras groseras. El sueño me daba calma, paciencia y tolerancia, ya que mi sistema estaba demasiado cansado para actuar normal-

-¿Hablas inglés? Oh vaya, ¡hasta tienes acento británico! Gracias al cielo-logre escuchar a penas. Confundido de su alivio a pesar de mis recientes palabras, le baje dos niveles al volumen. Con cansancio y esfuerzo, logre abrir mis parpados para ver a la quien ya sentía sobre mí- ¿Puedes ayudarme? Mi celular se arruino, se ha caído en un charco y ya no enciende. Debo hacer una llamada muy importante, veras...

-No me interesa -la interrumpí, estudiando su persona. Pequeña, cabello lacio y castaño. Lograba ver un piercing en su nariz y otro en la oreja, tratando de darle un toque diferente a su imagen tan... delicada. Unos grandes ojos verdes, inyectados con sorpresa después de mi comentario y unos labios resecos entre abiertos, queriendo decir algo en su defensa. Sin maquillaje y un gran abrigo de invierno tapando su cuerpo, estaba muy desalineada y se notaba el cansancio, yo no me vería mucho mejor en esos momentos-

Fuego || Z.M.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora