Con la regla
Construir una relación es complicado. Es mucho más que amistad y sexo. Mucho más que tener a una persona con la que compartir tus alegrías y tus penas. Es mucho más que un compañero de vida.
Es mirar a la otra persona y sentirte en casa. Saber que se caería de espaldas a tus brazos porque sabe que estarás ahí. Y ver que tú también lo harías.
Es sentir mariposas en el estómago, pasión y ganas de contarle casi cualquier cosa.
Pero también es mucha, muchísima confianza.
Jimin y yo lo sabemos. Somos el resultado de muchas relaciones fracasadas e infidelidades. De noviazgos que murieron antes de la ruptura. De corazones rotos. Y, precisamente por eso, cuando dejamos de lado nuestra relación meramente sexual, nos propusimos empezar bien. De cero. Y sí, eso implicaba nada de sexo. De momento.
Sabíamos que éramos más que compatibles en la cama, pero tanto él como yo necesitábamos un poco de tiempo para asimilar el cambio. Porque Jimin ya no tendría por qué acudir a mi casa solo cuando quisiese un polvo, sino también cuando le apeteciese ver una película, cenar conmigo o tomarse una copa, y tanto él como yo teníamos que acostumbrarnos a eso.
Nos dimos cuenta cuando, después de que mi periodo se marchase, volvimos a follar como siempre. Porque Jimin y yo no fuimos capaces de establecer la diferencia al acabar. Yo me quedé mirando al techo y él hizo lo mismo, debatiéndose entre si debía abrazarme o irse a su casa. Y fue ahí cuando decidimos empezar como cualquier pareja.
Tuvimos citas, citas y más citas. A veces me venía a buscar a la redacción del periódico y otras yo acudía a su pastelería para ir al cine. Muchas veces, después de la peli, cenábamos y me dejaba en la puerta de casa con un beso en los labios.
Empezó a subir a mi piso como antes hace poco, aunque no llegó a entrar en mi habitación.
Pero hoy, toda esta rutina de conocernos más y afianzar nuestra relación me está empezando a desesperar. Porque estoy cachonda. Muchísimo.
Llevo días masturbándome con la imagen de Park Jimin en la cabeza. De sus brazos, su espalda y su culo. Y joder, le necesito.
Hoy hemos quedado para cenar en uno de nuestros restaurantes favoritos y el plan parece ser el mismo de siempre. Como no quiero eso, me he puesto un vestido con un poco más de escote que de costumbre, esperando encenderle lo suficiente como para que no tenga que suplicarle que me folle donde sea.
El restaurante en cuestión está cerca de su pastelería, así que ya estoy sentada en la mesa, esperando a que venga para pasar el siguiente paso de nuestra relación. Y para comer, claro.
—Jae, cariño, perdona. Han llegado unos clientes de última hora y me he tenido que quedar un rato más. ¿Llevas mucho esperando?
Llega medio atropellado, dejando la chaqueta en el respaldo de la silla con toda la rapidez que puede para poder acercarse a mí y unir nuestros labios en un casto beso. Sonrío un poco.
—Solo cinco minutos, tranquilo —le digo, y acaricio su mano con suavidad—. He pedido los tallarines picantes; tus favoritos.
—¿Cómo sabías que precisamente hoy quería comerlos? —pregunta, con una sonrisa.
—Porque llevamos las citas suficientes como para saberlo —le suelto. Y espero que note lo que implica eso—. Bueno, y porque siempre comes eso.
—También es verdad —dice, colocándose una servilleta en su regazo—. Quizá deberíamos cambiar de restaurante.
—Mi casa me parece un restaurante perfecto para la próxima cena. Y la próxima película.
A tomar por saco. Ya que voy, voy a por todas.
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Love, Smut & Tears - BTS
FanfictionRecopilación de relatos románticos con mucho amor, sexo y lágrimas. • Heterosexual. • Lenguaje vulgar. • Contenido sexual explícito. • Relatos originales, prohibida cualquier copia y/o adaptación. • Libro originalmente titulado '30 days of Smut', b...
