04. 50 sombras de Tae - kth

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Voyeurismo

Fuera llueve, y ver como las gotas chocan violentamente contra la ventana me parece lo más entretenido del mundo ahora mismo. Aunque claro, tampoco es como si tuviese otra cosa que hacer.

Estoy tirada en la cama de mi minúscula habitación pensando qué está mal en mí, porque tiene que haber algo. No es muy normal que mi novio me haya dejado y no haya sentido nada. Ni tristeza, ni rabia, ni nostalgia. Nada. Llevábamos dos años juntos. Dos. ¿Por qué no puedo sentir algo en honor a tanto tiempo invertido?

"Fácil, Jae, porque dejaste de sentir algo por él hace mucho tiempo".

Pero entonces debería sentir alivio por haberme librado de una relación que me iba encerrando más y más a cada día que pasaba. Y tampoco siento eso, solo vacío.

Hasta las gotas ahora mismo tienen más emoción que yo.

La verdad es que ni si quiera tengo nada mejor que hacer que no sea analizar qué hay de malo en mí. Es un viernes por la noche, no tengo planes y el tiempo ni si quiera acompaña para irse a dar una vuelta.

Cansada de mí misma, enciendo la televisión con el mando a distancia y me pongo a hacer zapping. Voy de dorama empalagoso en dorama empalagoso, pasando por alguna película americana con muchos tiros. Ni si quiera lo que echan en la tele me hace sentir nada. ¿Me he vuelto una insensible?

Tiro el mando en cualquier parte y miro al techo de mi habitación. Hasta el gotelé parece más interesante ahora mismo que mi vida. De verdad, qué deprimente soy a veces.

Llevada por el aburrimiento vuelvo a mirar la tele a ver qué están echando y, cuando veo lo que a todas luces parece una de las películas de 50 sombras de Grey en plena escena de sexo, sí que empiezo a sentir algo: excitación.

Inconscientemente hago cálculos y me doy cuenta de que llevo tanto tiempo sin tener sexo con mi ahora exnovio, que no me extraña que mis sentimientos hayan quedado tan muertos. Porque sí, puede que quedásemos por la costumbre y nos contásemos nuestro día a día como si se lo estuviésemos contando a un desconocido en el autobús. Pero también es posible que las últimas veces que tuvimos encuentros más íntimos fuera todo tan... impersonal, que ni si quiera llegase al orgasmo.

Es posible que al final sí que tenga un sentimiento: vacío.

En la tele Anastasia y Christian Grey siguen a lo suyo, comiéndose la boca y preparándose para un buen polvo. Y entonces yo recuerdo el vibrador que me compré cuando la relación con mi ex empezó a ir mal y necesitaba un poco de estímulo externo. La verdad es que lo compré en un arrebato, en una especie de revelación que me dijo que no me hacía falta un hombre para satisfacer mis necesidades. Yo misma me bastaba para ello. Pero en cuanto lo compré, lo guardé en un cajón y pensé que, quizá, el problema era yo, que esperaba demasiado de la gente. No se me pasó por la cabeza que lo que pasaba es que no era capaz de decirle que algo no iba bien entre nosotros. Así que no le dije nada e intenté acostumbrarme a lo que pensaba que era lo normal, cuando no lo era. Y no usé el consolador por una especie de instinto que me decía que, si lo usaba estando con él, es como si lo estuviese engañando con un trozo de plástico.

Pensándolo ahora, la verdad es que suena muy patético. Pero igual que el amor te lleva a cometer locuras, creo que intentar aferrarte a una relación que sabes que ha muerto te hace ser un poco patética. Porque el ser humano tiene miedo a la soledad, y eso nos lleva a no arriesgar.

Debería haberle dejado cuando comencé a sentirme vacía por dentro cuando estaba con él, haberle engañado con ese consolador y volver a sentirme viva, aunque solo fuera gracias a un orgasmo.

Love, Smut & Tears - BTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora