20. 101 chistes malos - ksj

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Cita en un restaurante

—Mira dentro del armario.

—No veo nada, Jin.

—En la balda de arriba del todo, a la que no llegas.

—¿Por qué has escondido algo que se supone que es para mí en un sitio al que no llego? —me quejo, moviéndome desde nuestra habitación hasta el salón para coger una silla a la que poder subirme. Tengo que ponerme el teléfono entre la oreja y el hombro mientras la cargo, lo que no es muy buena idea porque me da la sensación de que alguna de las cosas que llevo se va a caer. Mi móvil, seguro. La verdad es que se me ha caído un par de veces y tengo la pantalla bastante rajada. A lo mejor es ese el regalo que quiere darme Jin.

—Para que no lo encontrases, genio —dice y suelta un bufido.

—No te me estreses que se me cae el móvil. ¿Me has comprado uno nuevo?

—Es mucho mejor que un móvil, ya verás —su tono vuelve a ser divertido, y no me inspira mucho.

Por mis 24 (el primer año que me regaló algo por mi cumpleaños), Jin me compró un libro con los 100 mejores chistes malos. A veces le veo cogerlo de la estantería y releerlo. Y dudo de sus intenciones hasta que, justo antes de correrme, me susurra uno al oído, acompañando sus palabras de una risa escandalosa que hace que mi orgasmo estalle como fuegos artificiales.

Todo el mundo se queja de su risa, inapropiada en la mayoría de los casos, pero no sé en qué momento a mí empezó a ponerme a cien.

—No te creo. ¿Es la segunda parte del libro de los chistes? —pregunto, tras recordar el magnífico regalo. Llego al fin a nuestra habitación y dejo la silla bien apoyada en el suelo mientras, haciendo malabares, me sujeto a la silla y agarro el móvil con fuerza para subirme. Desde aquí puedo ver que, en la dichosa balda, detrás del todo (donde solo él llega, por supuesto), hay una cajita envuelta con papel de... ¿alpacas? Puede ser.

—Muuuucho mejor. ¿Lo has encontrado?

—Lo estoy viendo, ahora tengo que cogerlo sin matarme y sin suicidar a mi móvil.

—Es asesinato, no suicidio.

—Me da igual. Entonces, ¿qué es? —sigo con mi cuestionario, alzando el brazo con el que no sujeto el móvil para pescar el paquete—. Espera, lo sé: otra alpaca de peluche.

—Que no, Jae; que es mucho mejor. Además, ¿le ves forma de alpaca?

—Seguro que me lo has escondido en una caja y dentro de otra caja y otra caja... Ya sabes, como hacen en Internet.

—¿Ves la caja lo suficientemente grande para hacer eso?

—Si es una alpaca diminuta, sí.

—¿Quieres abrirlo ya, Jae? Me estás poniendo nervioso.

—Si ni si quiera estás aquí para verme —me quejo. Observo el paquete con detenimiento, todavía subida en la silla. La verdad es que es demasiado pequeño para que sea alguna de sus ocurrencias—. ¿Es frágil?

—Pues depende de para qué.

—Para tirarlo a la cama y no matarme mientras bajo.

—Vía libre.

—Perfecto.

Aún así, lo tiro a la cama con cuidado (por si acaso se cae al suelo) y escucho el sonido: hay cosas dentro, lo que me indica que tampoco es una caja vacía.

—¿Cuánto tardas en bajar de una silla, Jae?

—Pues si te hubieses esperado a darme esto mañana no tardaría tanto, lumbreras —me quejo, volviendo a montar todo un espectáculo para bajar de la silla. Suspiro cuando estoy en el suelo, al fin.

Love, Smut & Tears - BTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora