Las luces del cuarto de Ania ya estaban apagadas cuando Caro abrió los ojos, observando al frente a todos los peluches y colores despampanantes del aparador al lado de la cama. Se sintió confundida por un momento sin saber dónde estaba pero luego recordó. Dormía bajo el mismo techo que Manuel. Le entró pánico de repente.
Se sentó en la cama con cuidado de no despertar a su ¿amiga? No sabía que eran ese día.
La garganta le picaba, y sus ojos estaban hinchados, ella no acostumbraba a dormir en casas ajenas, ya que se sentía intranquila y en estado alerta por estar en nuevo ambiente, era un mal que simplemente no se le quitaba. Suspiró y se rascó la cabeza. Tenía que salir a beber algo.
-Ania -susurró al bulto de sábanas que estaba a su lado, donde su anfitriona parecía disfrutar del mejor sueño.
Nada que despertaba.
Intentó de nuevo más fuerte:- ¡Ania!
De nuevo nada.
-Maldita sea -se quejó.
Debía ir ella sola en una casa que no era suya a beber agua abajo, todo le estaba saliendo mal últimamente. Empezando con darle clases al chico que ahora no paraba de rodar en su mente.
"¿Sabes qué es imposible? Que yo me pueda concentrar cuando tenes esa camisa"
Se tapó la cara con la almohada para ocultar cómo sus mejillas estaban tomando color. Estaba avergonzada. Tenía experiencia con muchos chicos, de todo tipo, pero esas palabras y con ese tono la habían desarmado.
Suspiró de nuevo y se decidió a bajar, nada podía salir mal. No creía en fantasmas de todos modos.
Abrió la puerta y se asomó, por suerte las luces del pasillo estaban ya encendidas, sólo tuvo que caminar con cuidado para no despertar a nadie. La casa parecía ser más grande sin nadie dando vueltas por allí, las paredes beige parecían no tener fin conforme se iba acercando a las escaleras. Le tranquilizaban los muñecos de navidad brillando en las guirnaldas de toda planta baja.
Las luces de la cocina no estaban encendidas. Se acercó al interruptor para encenderla pero escuchó un ruido que provenía del lugar donde iba a entrar. ¿Qué era lo que se escuchaba en la cocina?
Esta vez sí sintió miedo pero luego se dijo que era una idiotez el estar asustada sin saber qué era lo que estaba del otro lado. Esos eran ruidos humanos, estaba segura. Alguien respiraba muy fuerte del otro lado.
Se acercó de nuevo al interruptor, y de una sola vez encendió las luces. Abrió la boca de sorpresa y su corazón se le iba a salir del pecho.
Manuel estaba ahí, pero se estaba...
-Ah... -gemía con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados.
Manuel se estaba masturbando en la cocina frente a ella.
El sonido del pre-semen y el bombeo de su mano la enmudecieron, no era capaz de emitir sonido alguno. Estaba paralizada. Además de eso, el pene de Manuel no tenía un mal tamaño y estaba comenzando a sentir calor.
—¿Te gusta mirar? —le soltó a Caro entre jadeos, sorprendiéndola.
Ella bajó la mirada.
—¿Sabés como se llaman los que les gusta mirar cuando la gente hace esto? —le volvió a preguntar, sin bajar la velocidad de su mano en su ingle— Se llaman vouyeristas.
A Manuel se le salió un gemido ronco, su frente había comenzado a sudar. Caro no sabía qué hacer, no quería irse y si se quedaba estaba segura que algo pasaría.
—Ponele que soy eso, dale —trato de burlarse, pero la voz se le había quebrado.
Él dejó de tocarse, y sin subirse el bóxer se acercó lentamente a ella, mientras ella caminaba hacia atrás para alejarse con las manos frías por los nervios. Lástima que fuera un lugar tan pequeño, porque pronto quedó atrapada entre el freezer y Manuel.
—Regalame un beso —le pidió él mirándola a los ojos, mordiéndose el lado derecho del labio.
¿Si aceptaba iba a pasar algo más? Ella sí quería besarlo.
Caro cerró sus ojos y abrió sus labios, sintiendo cómo su entrepierna empezaba a mojarse por la excitación del momento. Esperó a sentir los labios de Manuel...
Pero nada pasaba.
Con curiosidad abrió los ojos y todo lo que vio fue la sonrisa de su contraparte, que cuando ella entrecerró la mirada soltó una risotada. La furia y la vergüenza la llenaron.
—Vos debiste tomar leche de teta por el culo, hijo de puta —se quejó para luego propinarle una cachetada.
Él no paraba de reír, ni siquiera le importó la cachetada. Caro no estaba furiosa, estaba iracunda con letras mayúsculas. Nadie la había hecho sentir tan impotente.
—¿Y vos? Si me lo ibas a dar, boluda.
Caro suspiró y lo miró con odio.
—Sé el tipo de chico que sos, crees que todo el mundo es estúpido menos vos. Todo es un juego, todas son risitas. No te tomas nada en serio y por eso estás donde estás.
Manuel dejó de reírse, prestando atención a sus palabras. Lo que le dijo le había dado en la llaga. Pero no se iba a quedar callado.
—¿Ah sí? Pues yo también sé el tipo de chica que sos, crees que con una mirada basta para juzgar a la gente. Actuas como si nadie fuera suficiente.
—No Manuel, no es una mirada. Es todo lo que me has demostrado ser.
—¿Y qué te he demostrado ser?
—Que eres un salame.
—No me conoces.
—Vos tampoco.
—¿Qué te parece si lo hacés ahora?
Y Manuel no esperó a una respuesta, cuando la agarró por la cintura y le comió la boca a besos.
Caro intentó alejarlo con todas sus fuerzas, ¿pero a quién engañaba? Esto era lo que esperaba y él era demasiado fuerte. Hundió las manos en su cabello y enredó las piernas a su alrededor, sorprendiéndose de que su pene estuviera afuera cuando lo sintió en uno de sus muslos. Sonrió con malicia entre beso y beso.
Los dos estaban calientes, se deseaban, eran pura tensión sexual reprimida de las clases particulares. No había más que saliva, manoseos, jadeos y gemidos de los dos. Ya estaban hartos de distanciarse cuando era evidente lo que los dos querían. Esto era.
El miembro de Manuel estaba llegando a su tamaño tope y él estaba a punto de perder el control.
—Caro, debemos parar —le dijo con cautela.
—¿Por qué? —susurró en medio de otro beso.
—Porque mi amigo va a explotar.
Caro se rió, adentrando su lengua entre su cavidad bucal.
—Si tenes forros no hay lío.
¿Ella acababa de decir eso o es que era sordo? Se había ganado la lotería con esta piba.
La alzó entre sus brazos estando ella aún enredada entre sus caderas, y entre risas la subió por las escaleras hasta su habitación. Con una seña le pidió que abriera la puerta por él y eso hizo, dejando entrar a los dos para patear y cerrar la puerta a sus espaldas.
La noche no fue para nada difícil, lo difícil sería separarse por la mañana.
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Tan jodida | Replik [COMPLETADA]
Short Story-Sé exactamente el tipo de chico que sos, pensás que todo a tu alrededor es estúpido menos vos. -¿Ah sí? Pues yo también sé el tipo de chica que sos, crees que con una mirada basta para juzgar a la gente. •••• ¿La primera impresión es lo que cuenta?
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