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Rodeada de tantos aparatos, parecía tan pequeña y vulnerable que deseó poder cambiar de lugares... En ese momento entendió tantas angustias que le había hecho pasar estando en una cama de hospital múltiples veces.
Siempre que el recobraba la conciencia un par de ojos castaños le esperaban, ansiosos, llenos de cariño y lágrimas de alivio. Eso le hizo volver a la vida cada una de esas ocasiones.
Elliot se acercó a la cama, deslizando sus dedos por las sábanas, hasta encontrarse con la suave mano de Olivia. Hacía más de ocho años que se había negado el placer de tocar su piel, de degustarla... ocho años de culpa por dejarla atrás y seguir con su vida, de sufrir en silencio por haber elegido a su familia sobre la mujer que amaba.
De pronto la sintió removerse entre las sábanas, intentando sacarse el respirador con la mano que le quedaba libre. Elliot pulsó inmediatamente el botón que estaba en un costado de Olivia y minutos más tarde un par de enfermeras llegaron a la habitación para revisar sus signos y cambiar el respirador por una mascarilla de oxígeno. Debido a la fiebre que presentaba, le suministraron otra dosis de analgésicos y antibióticos, así que en cualquier momento volvería a dormir.
Cuando estuvieron solos, Elliot regreso al costado de su cama y se sentó cerca, para poder sostener su mano.
—¿Elliot?— Preguntó algo adormecida, antes de empezar a llorar desconsoladamente e intentar reincorporarse.
—Tranquila, Liv... estaré aquí cuando despiertes, puedes descansar— Como pudo la acomodo en la cama, intentando no lastimar sus heridas.
—¿Donde está?— Preguntó una Olivia ansiosa, llevando las manos a su vientre— ¿Donde está mi hijo? Dime que no vas a llevártelo ¡Dime!
—¿De que hablas Olivia?
—Sabia que regresarías... lo sabía— Dijo con un hilo de voz— Pero no puedes llevártelo, él es mío, tú nos abandonaste... ¡no tienes ningún derecho!
Elliot se quedó pasmado al escuchar las últimas palabras de Olivia antes de caer en un profundo sueño. Nada encajaba, no podía entender lo que Olivia le decía, porque en el fondo deseaba que fuera solo una alucinación y que no fuera un recuerdo.
La vió una última vez cerciorándose de que estaba bien y salió a la sala de espera para encontrarse con Fin... él le diría la verdad. Lo encontró en un sofá, leyendo el New York Times, que dejó a un lado cuando sintió la presencia de Elliot.
—¿Cómo está?— Preguntó, levantándose para estar a su altura.
—¿Dónde está mi hijo, Fin?— Le evadió— Olivia dijo algo sobre un niño y quiero saber a qué se refería.
Vió la cara de Fin caerse en una mueca triste y eso lo hizo querer indagar con aún más ganas.
—¿Dónde está?— inquirió nuevamente a punto de perder la paciencia.
Fin se sentó nuevamente en su lugar y recogió el periódico, para hacerle lugar a Elliot. Cuando lo vio sentarse, empezó a relatarle lo sucedido.
—En los malos momentos, Olivia recuerda todo otra vez o tiene pesadillas. Después de que te fuiste ella te buscó, te llamó, te dejo mensajes que al parecer nunca escuchaste— Se detuvo un momento, dudando en continuar, pero siguió después de recomponerse— Estaba embarazada y sola, así que hizo lo que mejor sabía y solo siguió adelante... nunca volvió a mencionarte— Se detuvo al no saber bien cómo continuar.
—Fin...
—Todo iba bien, ella estaba cuidando su embarazo con ilusión; incluso aceptó sin decir no, el trabajo de escritorio. Y no puso resistencia cuando Munch le organizó un shower para el bebé... Parecía que era feliz otra vez... hasta un poco antes de dar a luz el médico le dijo que la criatura había muerto, no puedo explicarte esa parte, porque no lo entendí en ese momento y Olivia nunca quiso hablar del tema... era como si nunca hubiera ocurrido.
Continuó, sin saber si era lo correcto.
—Y entiendo que quisiera enterrar el dolor, fue demasiado para ella. Tuvo que esperar al momento del parto, con un niño dentro que jamás vería crecer. Le permitieron estar un par de horas con él en su habitación antes de llevárselo y nunca volvió a ser la misma Olivia después de ese día.
Fin se sintió mal al ver el rostro desencajado de Elliot, había perdido el color y lloraba en silencio.
—Te digo todo esto para que no vayas a ella pidiendo explicaciones, no ahora. Liv necesita tranquilidad en estos momentos.
Elliot asintió. Y dejo a Fin en la sala de espera para salir y despejarse. Necesitaba asimilar todo lo que había pasado en su ausencia, jamás se perdonaría haber abandonado a Liv.
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Es algo corto, pero quería despejar esa duda para seguir con la historia.. espero disfruten esta y las demás actualizaciones de mis otras historias que ya están disponibles.
Gracias por seguir aquí ❤️
