Un encuentro, una gala y unos ojos que la hechizaron... pero el tiempo es inclemente o eso es lo que ella se dice, no ha tenido una relación sentimental, no tiene tiempo para cosas banales, como lo es el amor, en encontrar a una persona para compart...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Cuando salimos del restaurante, Raymond me trajo a mi apartamento. Pensé que me iba a dejar aquí y luego el irse, pero subió conmigo. Este tipo es peor que una mujer, no entiendo sus cambios de humor.
Ingreso el código de ascenso en la puerta y entramos.
– ¿Quieres algo de tomar? – Le pregunto a Raymond cuando se sienta en el sofá grande – compre una botella bourbon, especialmente para ti.
- Me gusta, que compres cosas para mí – dice él.
- Lo hago con gusto – camino hacia la cocina por la botella que mande a comprar, busco un vaso para trago en la alacena. Le sirvo el bourbon y le agrego tres cubitos de hielo y para mi sirvo un vaso de té helado.
Cuando regreso a la sala le entrego su bourbon y me siento en un sillón.
- Ya, no estás incómodo.
- Porque debería de estarlo – dice el, más fresco que una lechuga.
- Me pase de preguntas – reconozco - sentí que te pusiste de mal humor. ¿estabas incomodo?
- No, nada de eso. – dice el – solo no me gusta hablar de mis padres.
- ¿Pero qué pasa con tu mamá? - pregunto y me arrepiento de inmediato - lo siento, soy demasiado curiosa. Siempre quiero saberlo todo - me justifico.
- No, te preocupes – dice – ven aquí - palmea sus piernas.
Me extiende su mano a la que agarro y de un momento a otro, estoy a ahorcajada sobre él.
- ¿Cuánto tiempo vas a estar en la ciudad?
- El lunes viajare, a Francia.
- Vas de descanso.
- No, voy a asistir a un festival de cine.
- Cuanto tiempo vas a estar allí – dice, mientras me da pequeños mordiscos en el cuello.
- Mas o menos una semana - me estremezo, cuando me muerde el lóbulo de la oreja.
- Tienes que ir- susurra cerca de mi oído, mientras sigue con su labor.
- Claro que sí, tengo que asistir a unas fiestas que van a hacer las marcas con las cual trabajo. Y lo más importante, mi madre es la oradora del festival, tengo que ir apoyarla.
- Puedo ir – dice él y reparte besos en mi hombro. Lo aparto y lo miró fijamente.
- Si quieres puedes ir, ¿pero tienes tiempo?
- Para ti siempre, puedo sacar el tiempo.
- Eres un tierno – lo miro embobada y beso breve sus labios.
- Ya dejemos de hablar – se lanza a mis labios y la roza de una manera leve, tentando a la pasión.
Sus labios atrapan los míos, me besa de una manera húmeda y caliente. Él le va subido el nivel al beso. Muerde mis labios con ferocidad, ansia, los chupas y absorbe como si fuera agua del manantial. Acaricia mi muslo, una de sus manos se cuela en el interior de mi vestido, que pasa a mi nalga y la aprieta duro.