¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
𝙉𝘼𝘿𝙄𝘼
Estuve con Kakashi cinco minutos en silencio hasta que apareció otro gato, parecía mayor pero no tanto y era de color cremita y blanco re lindo casi lo agarro para darle mimos pero capaz también se va.
—Saludos, Nadia-sama. — me reí. —¿Y cómo sabes cómo me llamo? — alcé una ceja curiosa y el gato se llevó una patita a la cara. —Lo anotaste en el pergamino. —Ah, cierto, perdón jeje. —Mi nombre es Ryūsei, el anterior gato volvió a su preciado juego con Ren y necesitas demostrarle más respeto, es el más viejo de todos. — se acostó como todo un gato y siguió hablando. —El pergamino de invocación fue robado del anterior sucesor hace más de cien años y nadie lo había encontrado hasta ahora, ¿podrías explicarme cómo lo conseguiste? —Ya les dije que me dormí en el bosque y cuando me desperté ya estaba ahí, según yo me lo dejaron mis amix pero ahora me hacen dudar son re malos ustedes. — bufé y me crucé de brazos re caliente, bueno no.
—Está bien, te creo. Los portadores de nuestra invocación acostumbran a empezar con un gato joven para entrenar y avanzar juntos, te dejaré con mi hijo Haru, por favor, cuidalo mucho. — sus ojitos me miraban con súplica, eran re lindos. —Bueno ta bien podés confiar en mi. — estiré la mano y le acaricié la cabeza, Ryūsei empezó a ronronear.
—Nos veremos en otra ocasión, Nadia-sama. — el animal desapareció como el viejo y después apareció un gatito blanco y negro re chiquito parecía tener como tres meses.
No pude evitar gritar asustando a Kakashi y al animalito. —¡Qué bonito! — lo agarré con cuidado y empecé a darle mimitos, Haru empezó a ronronear como su viejo y al rato se durmió, más lindo era. Kakashi carraspeó. —¿Eso es todo? — cuestionó levantándose del suelo para ir a lo que parecía ser la cocina y volvía con un vaso de agua. —Ah sí, perdón por venir a esta hora y molestar. — me removí incómoda con Haru durmiendo en un brazo. —Está bien. —¿Por qué llorabas? — tuve la cara de preguntar. Kakashi suspiró como debatiendo si contestarme para el culo o no.
— No es nada, ve a casa. —¿Fue una pesadilla? Los ojos del peliplata me analizaron por un rato, capaz que preguntándose a sí mismo si hablar o echarme a patadas de su departamento. Pero me sorprendí cuando asintió con delicadeza y bajó la mirada. —No vas a poder dormir ahora ¿no? Yo no podía dormir después de tener pesadillas. — Kakashi negó y me levanté al toque para caminar hasta su pieza, ni sabía dónde era porque cuando llegué a este mundito en su cama me echó a golpes y no vi bien, pero la encontré después de chusmear en dos puertas más. Me asomé por el pasillo y lo miré confundida. —¿Venís o te tengo que traer de las clinas? — me miró confundido pero se levantó igual y caminó hasta donde estaba yo.