Parte 9: This is Payback

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La limusina avanzaba por las calles de la ciudad Pentagrama, dentro, la princesa del infierno miraba el techo con los ojos entornados. El movimiento del auto se confundía con el mareo que sentía por el alcohol. Sonrió. Alargó su mano para molestar a Angel, y bromear con él hasta llegar al hotel. No tenía ganas de soportar ese silencio aplastante, ella solo se había divertido, y además ese cabrón de Alastor, había besado a Rosie dos veces ya. Quedaba claro que tenía un interés en ella y más cosas en común, y además ella no iba a ser una segundona. Estaba en todo su derecho de divertirse en una noche como aquella. Miró su reloj de pulsera, eran casi las dos de la mañana.

Le pareció que había demasiado silencio, así que se incorporó, no vio a Alastor, ni a Rosie, ni a nadie. En el asiento junto a la puerta había solo una pequeña bolsita. Suspiró. Seguro Alastor estaba con Rosie en algún lugar de la ciudad revolcándose con ella.

- ¿Por qué tan callada, dulzura...? – Charlie literalmente brincó el asiento, cayendo de bruces en el suelo del auto. Alastor estaba ahí, con ella, y no había nadie más.

Subió al asiento más cercano y lo miró fijamente, abrazando sus piernas. Debía resistir en esa postura, no debía permitir que volviera a tocarla.

Alastor trató de acercarse, haciendo que ella se lanzara al asiento del fondo. Estaba ebria y sus movimientos no eran muy precisos. Además de que no estaba pensando con claridad. Si lo hubiera hecho, habría sabido que era completamente inútil intentar huir del Demonio de la Radio en un espacio tan estrecho.

Se dio la vuelta, los ojos de Alastor eran de un rojo intenso y brillante. Y estaban demasiado cerca. Podía sentir su aliento en el rostro. Estaba ardiendo.

- Espera... -La voz de Charlie era apenas un susurro. Alastor se acercaba más. -No lo hagas – Charlie lloraba. Las lágrimas rodaban por sus mejillas rosadas. Alastor volvió en sí, no comprendía el origen de aquella reacción. Ella había pasado dos fantásticas semanas de la mano de Vaggie, mientras él era completamente miserable. Si alguien debía ponerse sentimental, ese talvez sería el, si pudiera.

- Talvez deberías guardar tus energías. Te van a hacer falta para Rosie – La voz de Charlie era firme y lo miraba con los ojos enrojecidos. Alastor sonrió, Charlie probablemente había pasado dos semanas terribles también,  viéndolo del brazo de Rosie, enferma de celos, igual que él. La idea de que ella sintiera lo mismo, encendió de nuevo su intención inicial.

Tocó la mejilla de Charlie, limpiando sus lágrimas. La miró con esos hermosos ojos rojos suyos y agregó:

-Y para que querría guardar mis energías, si desde hace dos semanas he estado esperando la oportunidad de agotar hasta mi última reserva haciéndote gritar mi nombre. - Charlie abrió mucho los ojos, sus mejillas se encendieron, y alcanzó a Alastor del cuello de la camisa, atrayéndolo hacia ella. Sus labios estaban a punto de tocarse, cuando Alastor retrocedió. Levantó una ceja y, metiendo un dedo en su escote, rasgó la blusa de Charlie por la mitad. Quería asegurarse de que nunca volviera a usar aquella prenda. El sostén que usaba Charlie era color negro, con media copa. Alastor recorrió con sus dedos, el trayecto que iba de un hombro de Charlie al otro.

-Tu piel me pertenece, preciosa, toda tu me perteneces -Su mano continuó recorriendo el cuello de Charlie, tomando su cara y hundiendo los dedos en sus mejillas. Se acercó a ella, iniciando un beso intenso, Charlie inmediatamente abrió la boca, buscando entrelazar su lengua con la suya. -Ah, el sabor de Alastor- debía admitir que lo había extrañado. Ahora ella lo había acorralado contra el asiento y se había sentado sobre sus piernas. Cruzaba sus brazos alrededor de su cabeza besándolo con mucha pasión.

Después de sacarle la blusa y de hacerla desaparecer con un movimiento de su mano, Alastor se hincó en el suelo, para sacarle las botas largas, y los pantalones, que también hizo desaparecer. Se desabrochó todos los botones de la camisa color vino y tomó a Charlie de la cintura, acercándola a su cuerpo.

Somewhere Only We Know (Chalastor )Where stories live. Discover now