Apatía, fragmentación.

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Escapé de la bañera poco después. Escapé de mis pensamientos, de mi, de todo. Tomé a mis gatos para subirlos a la cama conmigo. Pensé que tal vez eso me ayudaría a tener mejores sueños. Iluso.

No pude dormir hasta la madrugada. El cansancio me venció después de pasar horas dando vueltas al asunto. ¿Que tal si era verdad? ¿Y si realmente ésto me gustaba? A veces romper la rutina con la medida justa de dolor supongo que puede ser emocionante y excitante, pero de eso a obtener un placer directo por la situacion. Era muy diferente.

Mi conclusión fue sencilla. No sabía que haría, ni que iba a suceder después, pero tenía que salir de aquí. A cualquier costo tenía que volver a la normalidad. Así de abrupto como empezó, estaba comenzando a hacer mella en mi cabeza.

<<La vida no volverá a ser igual. Te aburrirás. Extrañaras todo esto.>> No es verdad, no me importa. ¡No voy a escucharte! Esa parte de mi intentaba convencerme de que ésto era algo bueno. De que ésto tenía valor. No lo tiene. ¡No lo vale! Me iré de aquí en cuanto tenga una oportunidad. Solo necesito deshacerme de estás cosas.

Lleve una mano a mi cuello, tratando de sacarme el asqueroso collar que rodeaba mi piel. Fallé en ello, obviamente. Me quedé dormido en esa posición, con las manos aferradas a la cinta.

Está vez no hubo ningún sueño. No hubo luna, no hubo bosque, no hubo Fargan. Estaba demasiado agotado como para que mi cabeza pensara efectivamente en todas esas cosas.

Cuando llegó la mañana, esta vez me separé temprano de la cama. Salí casi de un salto impulsado por ánimos que saqué, no se de dónde. Corrí a la cocina buscando a Samuel, pero está vez si encontré una nota. "Iré por víveres. Volveré pasada la tarde"

Un switch se bajó dentro de mi. Esa nota me desánimo para mí sorpresa. Él no estaba, podía intentar de nuevo con el tragaluz. Esas eran buenas noticias pero no me sabía tan bien.

- Uhn, bien - me límite a suspirar.

Anduve hacia el living. Subi al sofa y me dispuse a mirar el televisor. Pensé en el tragaluz del baño, pero no estaba muy convencido. Me dolía la cabeza de solo pensarlo <<¿Cuántos Rubius se necesitan para abrir un tragaluz?>>

- Cállate. - Bufé para mí mismo.

Pasó una hora, la TV se volvía aburrida. Un sonido en el pórtico llamó mi atención. Sonó como la valla del jardín abriéndose. Cómo un cachorro ansioso, mire con atención hacia la puerta esperando ver a Samuel entrar pero, mí sorpresa fue aún más amplia cuando quien entró fue otra persona.

- ¿Auron? - me levanté a recibirlo - ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo entraste?

- Samuel me dio llave hace tiempo. - contesto con ligereza - A veces hace viajes largos y me pedía echar un vistazo a la propiedad. Claro que eso tú ya debes saberlo.

Se sentó hasta el otro lado de la estancia. Aún estaba asustado de mi al parecer.

- Ya. Pero él no está ahora. Salió a por víveres.

- ¿En serio? Que pena. Pues ni hablar. Tendré que volver después. - se encogió de hombros un segundo, antes de levantarse dispuesto a retirarse -Fue bueno verte, Rubén. Ahm, Rubius. - Sonrió amigable.

- Espera, Auron. - me levanté seguido de él.

Pude notar que se tensó un poco, pero se esforzaba por no dejarlo notar. Dicen que lo cortés no quita lo valiente. Creo que puede ser igual al contrario.

- Lo siento. Pero estar aquí solo es bastante abrumador. ¿Podrías quedarte más tiempo? -me miró con extrañeza. No se que más le habrá dicho Samuel pero, seguro que no esperaba esa invitación. -Tengo unas consolas viejas en mi habitación. Algunos juegos. ¡También hay películas! Seguro podríamos pasar el rato.

Happy ending / RubegettaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora