Rompiendo la rutina

3.6K 261 49
                                        


El sol estaba en punta de lo alto, era cerca del medio día cuando desperté esa tarde después de un buen directo entre la noche-madrugada recién. A decir verdad, es divertido pero a veces puede ser agotador. Imaginar la cantidad de miradas en mi, estar atento a lo que escriben, las luces, esperando que Willson no me lo cague para variar. Joder, tío, que si es complicado.

Una vez terminé de contemplar el techo de la habitación a medio iluminar por mis pesadas cortinas oscuras, decidí ponerme de pie para iniciar mi día. El estómago me rugía, a veces su gruñido me causa gracia, es peculiar como algo que está dentro de nosotros y es relativamente pequeño puede llegar a hacer tanto ruido.

Llegue a la cocina, frotando mi nuca despeinado aún más mi ya de por sí terco cabello, mi celular vibró desde mi bolsillo donde lo había metido al salir de cama.

Ya había olvidado que tenía una cita para verme con Mangel y grabar nuestro siguiente video cooperativo. Tengo tan pocas ganas de grabar, pero sí quiero ver a Mangel. Verlo siempre me pone de buen humor. Lo necesito, me he sentido algo abrumado de nuevo.

Respondí rápidamente su texto, confirmando la cita. El suave ronroneo de Willson que se frotaba contra mis piernas me recordó que no había llenado su tazón, pero también me recordó que no había comprado alimento.

- Willson, ¿que pasa mi niño gordo? ¿Tienes hambre? ¿Dónde está la loca de tu hermana?

Me agaché para tomarlo en brazos. Parece un pan bien infladito. Con su pelaje rojo y esos grandes ojos, maullaba suavemente, insistiendo de manera pasiva por algo de comer. Con sigilo, Raspy se coló a la cocina, maullando por igual. Mi pequeño panecillo es lindo, pero creo que para ella no soy más que el dispensador de alimento.

- ¡El monstruo ha salido!

Solté divertido al bajar al gato gordo y coqueto de mis manos. Ande a mi habitación, me metí las zapatillas sin ajustar las cintas y tomé una sudadera vieja, aquella de varios cuadros de colores.

Una vez llegue a la puerta, la abrí y... <<¿Vegetta?>>

Mi mirada se perdió al frente en la acera donde Samuel bajaba de su auto, cerrando la puerta ya. Apenas pude notar una chispa de sorpresa de su parte al verme, pero en apenas un segundo cambió drásticamente a una amplia sonrisa, esa confiable mueca. Y con su voz optimista me lanzó un fuerte saludo...

- ¡Eh, Rubius!

Sonreí por igual al acercarme, guardando las llaves de casa en mi bolsillo al igual que mi teléfono, antes de estrechar su mano y atraerlo en un abrazo de medio cuerpo, palmeando su espalda.

-¡Vege! Que sorpresa, tío. ¿Que andas haciendo por acá? Iba hacia la tienda por comida para mis gordos. Te importa si...

Hice una pequeña pausa girando mi cuerpo hacia la izquierda camino a la tienda más cercana, gesto que entendió de inmediato.

- Claro que no, chaval. Primero lo primero, anda y vamos.

Muchas veces me ha cruzado por la cabeza lo gentil que puede ser Vegetta la mayoría del tiempo. Es algo obsesivo, le encantan las reglas, en el fondo... Debe ser agotador estar en su pellejo.

- He estado ocupado, olvidé por completo que me había quedado sin alimento para los gatos. Pero seguro entiendes como es eso.

- Uhn... No, creo que en realidad no. Es muy difícil que olvide algo, ¿sabes?

Su mirada cayó en la mía, serio apenas por un segundo antes de sonreírme de nuevo.

Podría haber jurado que había algo diferente en él esa tarde, pero no pude. El hambre mía y de mis gatos era demasiada como para pensar fríamente en ello. Simplemente sonreí y lo deje pasar por igual.

- Es por qué eres mitad robot o algo así. Te venderé a la NASA para comprobarlo.

Traté de hacerme el gracioso para romper esa ligera e inquietante aura que había entre ambos en ese momento. El mantuvo esa sonrisa amable sin decir mucho.

Cuando llegamos a la tienda, se me desprendió de inmediato, dando vueltas en los pasillos del mini mall. Lo perdí de vista por completo por un segundo, pero, sabia por qué estábamos allí. No es un crío, no tengo que vigilarlo todo el tiempo. Simplemente tome lo que buscaba y me fui a pagarlo, dispuesto a esperarle fuera.
Una vez más, me sorprendió ver qué de hecho, él ya estaba ahí.

- Joder tío, hoy estás en modo fantasma.

- Tal vez eres tú el distraído.

Sonrió. Esa sonrisa, algo tenía...

-¿Nos vamos?

Me sacó mi momentáneo lapsus. Asentí para andar, soltando torpes bostezos por culpa del hambre. Subí mis brazos para estirarme, soltando un suave gruñido al sentir ese momentáneo placer que provoca poner todo en su sitio, sin embargo, no todo era agradable, podía sentir su mirada clavada en mí mientras andábamos.

- Bueno, todavía no me has dicho por qué viniste.

Hablé casi por inercia al bajar mis brazos. Tuve que apresurarme a verlo con una amplia sonrisa. No quería ofenderlo.

- ¿Te molesta que haya venido?

- Oh, no. Siempre es agradable tenerte cerca. Pero... ¿Acaso olvide alguna reunión? Hablando en serio, sabes que soy muy distraído.

- No olvidaste nada. Solo vine a visitar a mi Rubius.

Llegando a casa tome mis llaves, divertido por su manera de decirlo. Su tono era normal y fresco, de hecho muy similar a cuando tenemos grabaciones.

Abrí la puerta de casa para poder pasar de una vez. En cuanto entramos, ambos gatos corrieron a nosotros en una ola de maullidos desesperados, husmeando la bolsa desde abajo al andar. << Quieren lo que hay aqui>>

- Si, si. Ya sé, ya sé. Tardaré un segundo.

Me giré hacia la puerta trasera donde tenía ambos tazones para servir con calma. El silencio a mi alrededor me hizo levantar la mirada para verme completamente solo.

- Ah, ¿Vege? ... << ¿Dónde se ha metido?>>

Tomé la bolsa de croquetas y la puse sobre la barra de la cocina mientras buscaba con la mirada a mi alrededor, algo abrumado por la cantidad de silencio que había.

- Espero que no estés husmeando en mi casa, cabrón.

Casi como un instinto básico, lo primero que pensé fue caminar hacia las habitaciones, principalmente a la mía. A Samuel le encanta tirarse en camas ajenas.

- Vege, espero que no estés fizgonean--!

No pude terminar lo que decía, cuando un fuerte golpe de lleno en mi rostro frenó mi camino, tumbandome atrás al suelo donde azoté con un ruido sordo.

La fuerza fue suficiente para nublar mi vista y confundirme por completo. Pude sentir un hilo tibio bajando de mi nariz hacia mis labios.

- Ungh... !¿Sa-Samuel?!

La voz que emergió de mi estaba confundida y asustada, me giré esperando verlo por el fondo del pasillo, sin embargo, cuando volví la vista al umbral de la puerta, pude verlo ahí, sacudiendo su mano con molestia.

- Lo siento mucho, Rubius.

Fue lo último que dijo, antes de inclinarse hacia mi, torciendo su brazo a la espalda, soltando ese fuerte cañón nublandome por completo de una vez.

Happy ending / RubegettaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora