Capítulo 7: La verdad.

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Días después, cuando casi habíamos olvidado este incidente, H me invitó a almorzar a su casa. No había nada de extraña en este gesto: en múltiples oportunidades yo había comido en su casa y él en la mía.

-Hay alguien a quien te quiero presentar- me dijo emocionado.

-¿A quién?- le pregunté- ¿Tienes algún primo guapo de 12 años en adelante?

-Nada de eso, Ant, es una sorpresa.

Aquella tarde fui a su casa; la mamá de H tenía listo el almuerzo para los dos. En ningún momento vi a nadie ajeno a la familia. Pensé entonces que quizá esperaban a un invitado que a última hora no había llegado. Cuando nos levantamos de la mesa, le dije:

-¿A quién querías presentarme?

-Ven conmigo- dijo H, y me hizo señas para que lo siguiera.

Subimos las gradas y nos dirigimos hacia una puerta cerrada. H tocó muy suavecito y, sin esperar contestación, abrió la puerta y entró. Detrás de él pasé yo.

En la habitación, sentada frente a la ventana, estaba una mujer muy delgada de cabello blanco y manos arrugadísimas.

-Hola, abuela, ¿cómo estás?- dijo H.

La mujer volteó, sonrió, abrió sus brazos y contestó:

-Nicanor, hijito, que alegría me da verte.

H se acercó, le dio un beso en la mejilla y continuó:

-Soy H, abuela y he traído a mi amiga Antonia para que te conozca.

-¿Antonia? ¿Es tu novia, Nicanor? ¿Te vas a casar con ella?- preguntó la abuela muy seria.

H y yo no pudimos contener la carcajada. Él dijo entonces:

-No, abuela, nada de eso, Antonia es mi amiga; vamos juntos a la escuela, vive en la casa del frente y jamás me casaré con ella, te lo puedo asegurar.

Yo me acerqué, extendí mi mano y pronuncié la manida y formal frase que se necesita en estos casos:

-Hola, señora, me da gusto conocerla.

Ella me miró con dulzura y me contestó:

-Llámame Edelmira y dame un beso, Antonia.

Luego se volvió para mirar a H y le dijo:

-¿Ya has comido, Nicanor? Te veo muy delgado. Si tienes hambre, tengo unas galletas de avena en el cajón de mi mesita.

-Soy H, abuela, y no te preocupes acabo de almorzar.

No pude soportar la curiosidad y me acerqué discretamente a H y le pregunté por qué su abuela lo llamaba Nicanor.

-La abuela es muy mala para los nombres- me contestó en voz muy bajita-, no los recuerda con facilidad. Bueno, la verdad es que la abuela recuerda muy pocas cosas; ha perdido la memoria.

H tomó un pesado libro que posaba sobre la mesa de noche y dijo:

-Ponte cómoda, abuela, el capítulo de hoy es un poco largo.

Yo me senté en la alfombra y me dedique a observar cada detalle que se presentaba ante mis ojos. H se colocó frente a Edelmira en un banco de madera y comenzó a leer en voz alta página tras página de un libro que, según su portada, se llamaba Momo.

No soy capaz de repetir o de describir la historia que H leyó. No puse la más mínima atención a sus líneas. Todos mis sentidos estaban despiertos y orientados al rostro de la abuela de H, que abría sus pequeños ojos cuando quizá algún pasaje de la lectura llamaba su atención. Luego colocaba su arrugado y flaco dedo índice a la altura de su mejilla y, poco a poco, el dedo recorría su propio camino hasta tropezar con uno en sus labios.

H no había alcanzado ni la quinta página del libro, cuando el sueño venció a Edelmira.

Un ronquido leve alertó a H, que de inmediato interrumpió la lectura. Se acercó a la ventana, corrió la cortina y colocó una manta sobre las piernas de su abuela. En silencio me sugirió que saliéramos de la habitación.

Nos dirigimos hacia el jardín y entonces H contestó a todas las preguntas que no alcancé a formular, pero que flotaban en mi cabeza.

-Mi abuela ha perdido la memoria.

Me comentó que no hubo un incidente especial que provocara esa situación y que si lo había, él no conocía. Simplemente, un día su abuela comenzó a olvidarse de las cosas.

Me contó que, al principio, olvidaba dónde había dejado las llaves, su bolso, el peine; luego se dieron cuenta de que le costaba trabajo recordar aquello que había sucedido unas horas atrás, ayer, la semana anterior.

-Yo caí en cuenda de lo que pasaba cuando la abuela dejó de decirme que yo era su nieto preferido. Quizá ya no lo recuerda. Cuando yo era más chico, cada domingo iba con mamá a visitarla. Apenas llegaba a su casa, corría hasta la cocina y me abrazaba de sus piernas y le decía: "¿Me has extrañado abuela?". Ella me subía en sus brazos y me decía: "Cómo no extrañarte si eres mi preferido". Era un secreto entre los dos, un secreto que el resto de los nietos sabía, pero la abuela lo negaba con una mentira conciliador: "Los quiero a todos por igual". La abuela me enseñó a leer, a escribir, a dibujar, a jugar. Las tardes de vacaciones me sentaba en sus rodillas, abría un cuento y me lo leía en voz alta. Solíamos ir juntos al parque del pueblo y esperábamos a que la banda tocara y tocara y tocara su música para todo el público que se reunía en las calles. Me contaba historias, me peinaba con mucha agua, me compraba las golosinas que mamá me prohibía para evitar las caries en las muelas. Mi abuela amaba los libros; por eso, ahora que ella no los puede leer y no recuerda ninguna historia pasada, soy yo el que leo en voz alta para ella. No sé si mañana lo recuerde y eso me entristece. Cada día cuando entro a saludarla, me siento frente a ella, y aunque me llama Nicanor, Armando o Gabriel, sólo pretendo que grabe en su mente mi rostro, que no me olvide y que, si existe un espacio en su memoria, conserve una sola frase: "Te quiero abuela".

Al decir esto, H se alejó y caminó por el jardín. Yo preferí no seguirlo; en la última frase que había pronunciado la voz se le había cortado. Imaginé que lloraba y que quería estar solo.

Me incorporé y dije:

-H, yo creo que tu abuela sabe quién eres y cuánto la quieres. Estoy segura de eso.

En ese momento, creí que lo más conveniente era retirarme. Dije un "gracias por la invitación", acompañado por un "adiós" y me detuve un segundo frente a la puerta del jardín.

H, aún de espaldas, levantó su mano y entendí ese gesto como una despedida.

Aquella noche en mi cama lo comprendí todo.

H tenía miedo a ser olvidado.

Amigo se escribe con HDonde viven las historias. Descúbrelo ahora