Capítulo 6: El miedo.

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Mi trabajo de Geografía me otorgó dos puntos más en la nota del examen mensual. Con eso salvé mi dignidad, mi mesada, el buen ánimo de mis padres y por cierto... mi imagen ante el señor Olmedo.

Sin embargo, cada vez que miraba el cartel con el mapamundi y Portugal se cruzaban por mis ojos, un escalofrío extraño me sacudía. No quería pensar en que H se fuera y menos aún a Lisboa, donde, luego me enteré, que se hablaba un idioma que ni él ni yo conocemos.

En este punto podría parecer que H y habíamos logrado un diálogo permanente y fluido, pero admito que aún el panorama no se presentaba tan halagador. En muchas oportunidades me parecía que se comunicaba más fácilmente con otros chicos y chicas de la clase.

A H no le avergonzaba, como a mí, inscribirse en todas las obras de teatro que inventaban los maestros. En los recreos, se la pasaba metido en las canchas de fútbol, como si lo único que existiera en el mundo fuera un balón blanco y negro. En las aburridas fiestas de cumpleaños era el bailador por excelencia; y esto me costaba muchísimo trabajo de comprender, sobre todo porque yo me consideraba hermana gemela de un poste de alumbrado. Todos me decían que yo bailaba al más puro estilo alemán.

H no dejaba de sorprenderme, y en más de una oportunidad me molestó el hecho de preocuparme por él, por sus gustos y disgustos.

Algún tiempo transcurrió hasta que H y yo pudiéramos mantener una conversación fluida.

De regreso a casa, aquella tarde en que decidí mostrarme absolutamente honesta sobre mis miedos, nuestro diálogo fue lo más parecido a un pacto de confianza. Me ha prohibió que contara a alguien sobre su temor a la memoria y, a cambio de mi silencio, aceptó ayudarme en las tareas de matemáticas. Por todos era conocido que mi peor debilidad en el aula, después de la Geografía, eran los números.

Nuestra conversación surgió a propósito de una tarea que nos envió la maestra de Lenguaje, en la que nos pedía escribir una redacción de máximo 20 líneas, sugerida por una fotografía que aparecía en nuestro libro, a la que el autor había denominado miedo. La imagen mostraba un amplio espacio blanco, con un hombre en medio, vestido de negro. El hombre posaba con el cuero completamente rígido. Por un efecto de retoque fotográfico, su rostro aparecía sin boca. Los ojos estaban completamente desorbitados, y no sólo mostraba miedo sino terror.

Aquella tarea nos obligó a pensar en las cosas o situaciones que podían provocarnos esas patéticas sensaciones.

Para mí no fue nada difícil porque le tenía, y tengo aún, miedo a casi todo.

El miedo más... (Perdón por la redundancia, pero lo amerita), el miedo más miedoso que sentía, era el que sufría cada vez que me subía a un avión.

Aún no puedo comprender cómo diablos hace un armatoste de varias toneladas para mantenerse en el cielo como si nada. Además, como ya lo he dicho antes, la claustrofobia me ahoga. Quizá sí, durante el vuelo, el pasajero pudiera abrir la ventanilla y dejar que el viento entrara y le moviera el cabello; si pudiera sacar la cabeza como las mascotas cuando van en el auto; si en lo mejor del paisaje el piloto-chofer pudiera detenerse en la orilla del cielo y permitir que todos bajen a estirar sus piernas y ver de cerquita la cima de los nevados, las nubes blancas y las grises... quizá así, con esas pequeñas variables, sería menos desagradable el acto de volar en avión.

El segundo miedo era el que me producían las arañas. Lo mantengo intacto todavía. Y es que esos desagradables bicos me parecen aterradores. El movimiento cíclico de sus patas, la red macabra que tejen para cazar moscas y a los débiles zancudos, y el aspecto tan poco atractivo de su forma, me producen pánico. Mi miedo llegaba a tal punto, que cuando encontraba en un libro una fotografía de una araña, arrancaba la página para no volvérmela a encontrar. A diferencia del caso de los aviones, en que había pensado algunos detalles que podrían salvar mi miedo y cambiar mi visión sobre ellos, en cuanto a las arañas no encontraba salida.

Amigo se escribe con HDonde viven las historias. Descúbrelo ahora