Hizo llamar a Erd Gin.
-Me han encargado revisar unos documentos con urgencia, estaré todo el día en esa mierda... para todos los efectos estoy en mi habitación, pero que nadie me moleste... que todos mantengan el entrenamiento de rutina-encargó a Erd.
-Sí, Capitán... ¿Puedo ayudarlo en algo?... parece que tiene algo de prisa-dijo Erd.
-Sí, tengo prisa, así que ve a hacer lo que te digo-ordenó Levi.
-Sí, Capitán-saludó y se marchó.
Cuando hubo marchado, Levi se vistió de civil y sigilosamente salió de su habitación. Se subió al tejado, y se deslizó por una cornisa lo suficientemente baja para llegar al exterior de la base. Sabía perfectamente cómo pasar desapercibido. De allí, fue a una caballeriza cercana y alquiló un caballo. Calculó que Hange tenía media hora de ventaja sobre él, lo cual hizo que apretara al pobre animal.
Entrando a la ciudad se dirigió a la estación de los carruajes y dejó su caballo en la caballeriza cercana. Rápidamente se encaramó sobre una banqueta de la entrada y reconoció su capa rojo burdeos en medio del gentío, la que usaba para ocasiones especiales y supo también que llevaba vestido y zapatos de vestir, demasiado arreglada para una visita oficial. Maldición. La siguió a una distancia prudencial, por las calles de la ciudad, hasta que reconoció el camino a la base de la Policía Militar. La vio detenerse en la garita, identificarse y entrar en el edificio.
-Maldita sea-pensó Levi-¿Pero a quién vas a ver?-los celos lo carcomían. Porque era eso lo que sentía: celos. Ese sentimiento tan primario, que lo angustiaba y enfadaba al mismo tiempo, y que ahora amenazaba con descontrolarlo... Habían pasado algunos años desde que se encontraron frente a frente con el deseo de estar más cerca uno del otro, y lo siguiente que recuerda es a ambos, ansiosos, en la habitación de él. Al día siguiente, sonreían como atontados, y él sólo quería que pasara el día para estar con ella. Esa noche, cuando él se escabulló a la habitación de ella, vio que la había limpiado y el detalle lo enterneció.
Nunca habían declarado sus sentimientos de manera directa. Él no sabría cómo empezar, ni qué decir. Era evidente que él sentía algo por ella, algo más importante que las palabras. A pesar de que ella leyera y escribiera tanto, él le agradecía que no necesitara una declaración explícita. Tampoco esperaba de parte de ella una declaración. ¿Tal vez, si no mediaron palabras cuando comenzaron, tampoco las necesitaban para acabar?
Espero a una distancia prudencial. Dos horas después, Hange salió muy sonriente y dijo desde la puerta:
-Sí, nos vemos en el lugar de siempre. Estaré allí.-y se despidió con un coqueto mohín.
¿En el lugar de siempre? ¿Qué lugar de siempre? ¿Y a quién se dirigía? Se encontraba tan fuera de sí, que se debatía entre seguirla o entrar en el edificio de la Policía Militar a buscar al bastardo con quien se tenía que encontrar.
Se decidió por seguirla. La vio detenerse delante de una tienda de ropa femenina y mirar los escaparates. Parecía particularmente interesada en una prenda de un llamativo color cuyo objetivo era cubrir lo mínimo imprescindible del cuerpo. Después de observarlo un rato, entró a la tienda.
Levi estaba estupefacto. ¿Hange comprando ese tipo de ropa? No podía creerlo, su mente estaba a punto de colapsar preguntándose qué mierda estaba pasando y la respuesta que su mente le daba no le agradaba en absoluto. Mientras continuaba acumulando rabia, vio salir a Hange de la tienda con una pequeña bolsa de papel, lo que le indicaba que había comprado algo. Estaba furibundo.
Hange entró en una cafetería, se sentó junto a la ventana y se puso a leer un diario mientras tomaba algo. De tanto en tanto, miraba el reloj que se encontraba en el edificio frente a la cafetería. Levi, desde la acera opuesta, comenzó a impacientarse, conteniendo las ganas de acercarse y enfrentarla. A la tercera vez que vio el reloj, ella se levantó, pagó y salió de la cafetería.
Levi la siguió a pocos metros de distancia, escondiéndose en los portales y avanzando con cuidado. Tomó una calle que la condujo a la parte sur de la ciudad, y Levi reconoció la zona. Era la zona más bohemia, donde los soldados acudían cuando sus bolsillos se lo permitían, para divertirse en las tabernas y donde estaban los hoteles especialmente equipados para sus encuentros íntimos. Una punzada en el pecho lo atravesó. ¿Sería posible que Hange tuviera a alguien más? ¿Por qué no se lo había dicho? Cabía la posibilidad, ellos no tenían algo así como un compromiso... y aunque le dolía, ella era libre de decidir con quién estar. Respetaría su decisión. Sin embargo, masacraría al sujeto cuando se enterara quién era.
Vio que ella entró en un pequeño hotel. Él se encontró en la disyuntiva de irse y enfrentarla en el cuartel. O enfrentarla allí mismo. Estuvo rumiando un rato qué hacer y ante la posibilidad que el sujeto estuviera dentro, decidió que tenía que resolverlo ya. Entró decidido. Un anciano lo recibió sonriente.
-La chica de las gafas...- preguntó Levi azorado.
-Oh, sí, ¿el "militar", verdad?- preguntó sonriente.
-Sí, el "militar"-respondió con el ceño fruncido.
-Segunda planta, habitación 204-y le entregó la llave.
Subió las escaleras y su corazón latía a mil.
"Maldición Hange, sí querías dejarlo, sólo tenías que decirlo" pensaba dolido, mientras subía las escaleras.
Llegó a la habitación. Dudó frente a la puerta. De pronto escuchó su voz, impostada de manera sensual.
-Entra, te estoy esperando...-dijo ella.
La sangre subió al rostro de Levi, no necesitó la llave porque la abrió de una patada.
Sobre la cama, vestida con una bata blanca, se encontraba Hange, con un libro en la mano.
-Llegas tarde...-le dijo con el semblante serio.
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ÚNICOS
Fiksi Penggemar¿Qué hace que dos personas lleguen a compenetrarse tanto? ¿La confianza?¿La amistad?¿El amor?¿El deseo de sobrevivir? Estas son pequeñas historias basadas en el ship Levihan, Levi Ackerman y Hange Zoë, durante los diferentes arcos de "Shingeki no K...
