"capítulo catorce"

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Veo a la doctora Bowie hablando con un hombre alto y con una espalda ancha, frunzo el ceño, los veo borroso porque acabo de despertar, la voz opacada por mis oídos sordos de la doctora es casi ininteligible.

―Es difícil, tiene una mente llena, poco me expresa. ―dice un poco forzado, suena estresada.

―Mi niña, ha de estar sufriendo mucho, cuando se sentía abrumada se lastimaba, se escondía y lloraba días, no quiero imaginar qué ha de estar pasando ahora con esas voces. ―solloza el hombre, distingo por lo que dice que es mi padre. Sonrío y mis ojos se llenan de lágrimas, mi papá está aquí.

―Pa...pi. ―lo nombro lo más alto que puedo, pero casi ni puedo hablar, voltean ambos a verme y mi padre entre lágrimas sonríe, se intenta acercar, pero nos interrumpe una persona que entra por las cortinas, mi mamá, con un traje completo muy elegante y muy arreglada, su pelo está de color rojo y su piel pálida luce más joven a la última vez que la vi.

Mi sonrisa se desvanece, me da una tristeza increíble, siento que me arrasa como tsunami todo mi interior.

Ella sonríe en grande al verme y se acerca al costado de mi cama.

―Mi nena hermosa, ¿Cómo estás? ―pregunta con una sonrisa, siento mi cabeza palpitar y mi visión palpita en rojo, poco a poco siento que mi vista se ciega y me quejo levantando mis manos para tallar mi rostro, pero son retenidas por unas esposas de tela y cuero, lloriqueo bajo sintiendo cómo se me quiere volver a apagar todo, la imagen de mi madre antes de abandonarnos viene a mí, todos sus regaños por el otro lado de la puerta me vuelven a resonar en mi cabeza, su ignorancia a mi enfermedad.

Pronto me comienzo a estabilizar, puedo enfocar mis ojos en mi padre llorando sin cesar y a René tras de él inyectando algo en el tubo de mi intravenosa.

[NARRADOR OMNISCIENTE]

Después de lo sucedido Saint no tuvo otra opción que salir de la habitación para dejarla descansar, tomó a su exmujer del brazo y la jaló lejos del área de enfermería.

― ¿Qué mierda te pasa, hipócrita? ―pregunta con enojo soltándola con brusquedad. Esta abre la boca indignada.

― ¡No soy hipócrita! ¡Estoy preocupada por mi nena! ―exclama con un tono chillón, nunca lo había tenido, al menos en su matrimonio sonaba madura, ahora suena como adolescente caprichosa.

― ¿Preocupada? ¿Tu nena? Por el amor de dios, Rebeca. Abandonaste a tu hija por sus problemas, te fuiste sin decir adiós, lastimaste a Éster y te atreves a decirle nena cuando antes la llamabas lunática. ―espeta molesto. ―Eres una hipócrita, te llamé para que des un testimonio, para que hables de tus recuerdos y completes el expediente, pero no. ¡Vienes a alterarle la poca paz que le queda a mi pobre niña! ―tras exclamar eso deja callada a Rebeca, pero no por mucho porque se volvió inmadura en su separación.

―Es mi hija también, la quiero a pesar de todo, la quiero más que a Julieta, por ello me preocupo. ―musita seria, una mueca sale de la cara de Saint, metió a Julieta en la discusión, hija de su nuevo marido.

―Ni compares a Julieta con mi hija, esa chica es un asco y mi nena ante todo es una buena chica, inteligente, audaz, creativa, talentosa y fuerte, ha aguantado tanto... Pero no sabes apreciar a alguien bueno ni siquiera, aunque leas su expediente de vida. Me repugnas tú, tu cobardía, tu hipocresía, no puedo creer que no alcancé a oler tu aroma de putrefacción que proviene desde dentro tuyo cuando debí, antes de dejarle mi hija a John.

Antes de que le conteste algo camina hacia la puerta que da al jardín al final del pasillo, se sienta en una banca a pensar y llorar un poco de impotencia hasta que alguien toca su hombro.

Caught In My Own Body;  Emerson Barrett & Remington LeithDonde viven las historias. Descúbrelo ahora