Día 18

41 3 0
                                        

Escuché tu respiración combinada con llanto a través del teléfono.

—Eso es lo que he hecho en estos días. Me he concentrado mucho en olvidarte y salir adelante. He escrito mucho, demasiado, de hecho, y todo lo que escribo tiene tu nombre y apellido. Te he contado mis días sin ti, te redacté cartas y pensamientos que he estado a nada de enviarte y fantaseaba con que tú los leyeras y vieras cómo aún te pienso porque, puta madre, mi niño, aún te amo.

Mi cuerpo tenía demasiado frío. Después de tantos días, ahí estábamos: hablando por teléfono, ambos llorando por nuestras estúpidas decisiones de alejarnos y no seguir con lo nuestro. Me llamaste con la intención de decirme que me extrañabas. Por fin, después de tanto tiempo, me estabas buscando y no fui yo quien trató de crear este momento.

—Mon, en serio quiero —dijiste—. Te extraño y no te quiero perder, pero tengo mucho miedo. La distancia...

La rabia me llenó una vez más el estómago. Siempre pensé que la distancia era una excusa estúpida y eso se vio en mis palabras.

—La distancia no es nada cuando uno de verdad ama a la otra persona. Míranos, sufriendo el uno por el otro porque nos extrañamos demasiado. No se puede, no podemos; por algo siempre terminamos volviendo el uno al otro.

Tomaste aire y entre llanto respondiste.

—Te amo, Mon. Buscaré ayuda psicológica. Vales la pena, reina. No te quiero perder. Voy a luchar con más ganas. Merecemos estar juntos porque no podemos seguir sufriendo así. Te amo para siempre, Mon. ¿Quieres volver a intentarlo, reina?

Tú me llamaste. Tú me pediste volver. Tú estabas luchando por mí.

Te había llorado y gritado, y me aferré al dolor porque eso era lo último que quedaba de nuestra relación, y librarme de ese peso era algo que no quería hacer pues significaba olvidarme de ti.

No quería olvidarme de ti. Nunca estuvo en mis planes hacerlo. No quería empezar una vida sin ti y jamás estuvo en mis planes quererte menos. Cuando te fuiste, pusiste mis metas, mis sueños y mi mundo de cabeza y me tuve que despedir de quien era para construir una nueva Montserrat que no sabía ni qué hacer. Pero ahí estabas, llorando por mí y pidiéndome una segunda oportunidad para hacerlo todo de nuevo y bien.

¿Cómo podía negarme a ello?

Los Días Sin TiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora