Después de escuchar tus palabras mi estómago se cerró y sentí cómo el mundo me daba vueltas. Por un segundo no sentí nada mas que un dolor espantoso por la cabeza y el corazón.
—Me ilusionaste y ahora te vas nuevamente.
No llevaba ni veinticuatro horas en Iguala cuando pediste hablar conmigo sobre nuestra situación y de cómo lo pensaste esos días que retomamos la relación y me hallaba lejos de ti. Estábamos frente a mi casa en la acera vecina con la fría noche ya cayendo sobre nosotros.
—Montse, quiero salir con amigos. Quiero jugar futbol en las tardes. Quiero estudiar. Quiero trabajar. Quiero este tiempo para hacer muchas cosas. Quiero ahorrar.
Reí con amargura. Tú me pediste una nueva oportunidad y ahora te estabas retractando de mis palabras. La ira corrió por cada parte de mi cuerpo porque lo que estabas haciendo era una burla. Me buscaste y no pensaste que si te echabas para atrás en tu decisión habrías jugado con la persona que más te amó. Me ilusionaste y diste alas y ahora me las estabas cortando de un solo tajo mientras tratabas de excusarte con el hecho de que una novia no te daba la libertad de hacer tu santísima voluntad.
—¡Lo dices como si alguna vez te hubiese prohibido todo eso! —solté—. Yo salía con amigos cuando estaba contigo. Trabajaba de mesera cuando estaba contigo. Gran parte de mi universidad he estado contigo. Entrenaba kick-boxing hasta que pude, hacía ejercicio y todo eso lo hice cuando estaba CONTIGO. Se puede hacer todo eso en una relación. No busques excusas estúpidas y mejor dime que ya no quieres estar conmigo de una buena vez. Dime que se te acabó el amor y ya me iré y no quedaré una vez más como idiota.
—¡MON, PERO ES QUE JAMÁS SE ME MURIÓ EL AMOR!
Me llevé las manos a la cabeza para cubrir toda la vergüenza que sentía en esa instante. No nos estábamos gritando porque a pesar del dolor sabíamos que nos encontrábamos en vía pública y no queríamos llamar la atención más de lo que ya lo hacíamos.
—ESO ES MENTIRA.
Inmediatamente te acercaste a mí sin previo aviso, lo suficiente para tratar de abrazarme y me robaste un beso en la mejilla.
—Mon, te juro que no se me murió el amor. Te amo mucho, reina, por favor, perdóname. Perdóname por todo lo que te he hecho sufrir.
—No, no te me acerques.
Te quería lejos de mí para siempre, pero fuiste más ágil, que yo y lograste envolverme en un abrazo. Inmediatamente sentí dos cosas: alivio al estar una vez más en tus abrazos y el dolor más inmenso del universo porque sabía que sería la última vez que te abrazaría. Ya no pasaría una vez más por esto. Y en ese momento no sabía si por dignidad o simplemente porque ya no tenía fuerzas para volver a hacerlo. Ya era suficiente.
Estaba harta y rota. Me sentí perdida y sin dirección. De un momento a otro los sollozos se apoderaron de mí y me sentí indefensa. Mi mente estaba hecha trizas y la cordura me había abandonado mientras estaba en tus brazos. Ya no podía. Ya no quería esto.
Ya no quiero.
Ya no quiero.
No me toques.
No me toques, por favor.
Ya no quiero.
Ya no te quiero.
Ya no te quiero.
Ya me lastimaste mucho.
Ya.
Vete, por favor.
No te quiero cerca.
Yo te quería.
Te quería con toda mi alma.
Yo te amaba.
Ya me cansé.
Ya no puedo.
Ya no puedo.
Me duele mucho.
No me merezco ésto.
De verdad que no me merezco ésto.
No me lo merezco.
Soy buena persona.
De verdad no he hecho nada malo.
Siempre te respeté.
Te di tu lugar.
No me merezco todo ésto.
No me lo merezco.
—Montse, reina, mi amor...
Yo te quería.
Yo en serio quería todo contigo.
Quería un futuro contigo.
Quería una vida contigo.
Quería graduarme y volver por ti.
Sí, quería ejercer un rato en la Ciudad de México para ganar experiencia pero quería volver a ti.
Quería trabajar en un hospital y ser maestra de nutrición y biología aquí en Iguala.
Y si tú deseabas irte a otro estado yo te hubiera seguido.
Combiné mis sueños con los tuyos.
Yo planeaba volver siempre a ti.
—Pero, Mon, esos son tus sueños. Debes seguirlos y no pensar en mí...
Tú eras uno de mis sueños.
Yo te quería para la vida.
Quería una vida.
Un doctorado.
Una casa.
Una familia.
Muchos perros.
Hijos en el momento correcto.
Tú eras mi sueño. Yo estaba feliz con ser maestra y nutrióloga clínica en donde fuese si estabas tú.
Quería hacer mis sueños realidad contigo.
Pero se te murió el amor.
No soy estúpida.
Ya sabía.
Se te murió el amor.
—Reina, no digas eso. —Me robaste un beso en los labios el cual no fui capaz de responder por lo débil que me sentía en ese instante—. De verdad perdóname. No sabía esto. Yo te quiero. También te quiero para una vida. No te quiero perder. Reina, mírame, perdóname, ya sé que ya te lastimé mucho, de verdad perdóname por todo eso pero no quiero alejarme de ti nunca más. De verdad perdóname; estoy seguro de que te amo. Estoy seguro de que puedo. Tienes razón: no se deja de querer a la persona que más te ama; y yo te amo, Mon. —Me besaste—. Reina. —Me volviste a besar—. Reina, mírame, mírame, mi amor, por favor, déjame tratar, estoy seguro que me quiero quedar contigo. Va a funcionar. Dame otro oportunidad, si aún me amas. Te amo, Mon. Por favor, no te vayas ahora tú de mí.
Me aferré a ti, siempre fue así.
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Los Días Sin Ti
Historia CortaCuando el primer amor se va pareciera que no hay mucho que hacer a excepción de sobrevivir al pasar de los días y eso lo está descubriendo Montserrat. Ella se propondrá salir adelante de su ruptura lo antes posible con ayuda de distracciones y sus c...
