Carta Final

92 3 1
                                        

Hola, niño, soy yo Montse.

Sé perfectamente que ahora estamos incomunicados y no tengo ningún problema con eso. Tranquilo, esta no es una carta que vayas a leer, esto es algo que estoy escribiendo pero no te enviaré; solo es para decirte adiós.

Se escucha muchísimo más contundente que un hasta luego pero supongo que es lo correcto en el sentido amoroso. No me malentiendas, ojalá en unos meses, años o el tiempo que sea adecuado podamos vernos y platicar un poco de cómo hemos estado, porque es un hecho que fuimos muy importantes en la vida del otro. Lo que estoy tratando de decir y probablemente lo estoy diciendo mal porque, vaya, ni siquiera sé cómo llevar esto, es que es el momento de dejarte ir. He pospuesto escribir esta carta por varios días ya que no sabía cómo comenzarla y honestamente siento que estoy haciendo todo mal en estos momentos, que mi redacción y coherencia no son correctas pero tal vez sea mejor así. Tal vez no sea mi escrito más pulcro pero sí el más valiente pues te estoy diciendo adiós.

A estas alturas, después de ese día 0 nos hemos vuelto a ver las caras, nos hemos abrazado, besado, tocado y hecho muchas cosas que no han funcionado y creo que sé por qué: creo y estoy casi segura de que lo nuestro ya es cosa del pasado.

Insisto, no me malentiendes, te quiero muchísimo pero ya no de la forma que se espera en una relación; hoy te veo en fotos y mi corazón se divide en un poco de nostalgia por lo que tuvimos, felicidad por saber que vas a seguir conquistando todo en este juego llamado vida y paz al saber que estoy tranquila con nuestra historia por que sí, me ha costado pero aquí estoy. Ya no quiero un beso tuyo, prefiero un abrazo; así como ya no quiero caricias, ahora lo que deseo simplemente es tener una plática contigo como el gran amigo que siempre has sido. Está claro que mucho ha cambiado en estos días y no está mal, estamos creciendo y de eso se trata la vida, niño.

Quiero aprovechar este momento para pedirte una vez más una disculpa por todas las veces en que te llegué a gritar a causa de esta ruptura, supongo que nunca había experimentado un dolor de ese tipo y no sabes cómo me arrepiento de lastimarte con mis acciones o mis palabras; sabes que no soy así y siempre trato de pensar las cosas pero el dolor me cegó en esos instantes y no te imaginas lo arrepentida que estoy. Y me duele quince veces más saber que te arrojé un plato y gracias a Dios ya estabas lejos y no te lastimé, virgen, mocoso, qué salvaje soy. Me siento muy triste porque siento que en mis últimos días contigo, buenos o malos, te di lo peor de mí y aunque sé que ya me has perdonado creo que falto en perdonarme yo. No te dejaba ir, niño. Tú ya querías irte; echo película hacia atrás para ver tus acciones y estas poco a poco me decían que ya no querías estar conmigo y yo me aferré a ti tanto que eras como un cuerpo inerte sacado del mar y yo una salvavidas con un miserable curso de primeros auxilios. Te pido perdón también por eso. Para mí es muy difícil soltar y eso lo sé. Empezaré a ir a terapia tan pronto como tenga la posibilidad porque me siento en el punto donde he avanzado en este duelo pero ya no sé qué hacer; necesito redireccionar mis emociones y sentimientos y saber qué es lo que sigue porque de vez en cuando me pongo triste; creo que es normal, no he dejado de comer, me baño todos los días, sonrío de verdad y me siento más cómoda que antes, pero hace falta algo, y eso espero poder solucionarlo en terapia.

Pero bueno, tenía que decirte esto... Wow, hasta mis manos se detuvieron en seco.

Este es el adiós.

Te quiero demasiado, pero no pienso volver. Y si tú llegas a regresar, por favor, vete.

No eres malo, eres un amor de niño, pero no tengo explicación en mi mente para hacerte entender esto que siento en el pecho, solo sé que no es correcto. Hoy, más que nunca, me está costando más de lo que te imaginas escribirte esto con Chavela Vargas cantando Paloma Negra a toda volumen. Claro que te extraño, claro que de alguna forma te amo aún, pero merezco no tener miedo a que te vayas. Me has enseñado tantas cosas, mocoso. Gracias a ti aprendí lo que es estar en una relación, querer a alguien de una manera tan intensa y es increíble porque hace dos años y cuatro meses jamás pensé que escribiría cartas de amor y desamor y heme aquí con el corazón más contradictorio de la vida: roto y lleno de esperanza.

Sé que la has pasado mal, que guardas tus sentimientos y te sientes solo porque me lo has dicho, y este adiós no significa que retiro mi ayuda y apoyo a tu persona; eso jamás lo haría, has marcado mi vida a tal grado que quiero saber que estás bien pase el tiempo que pase. Fuiste el mejor primer amor que me pudo haber tocado y te estaré eternamente agradecida por todos los momentos llenos de risas, charlas, regalos, detalles, paseos, lágrimas y amor que me hiciste sentir. No me arrepiento de nada contigo porque todo valió la pena a tu lado. Me hiciste saber lo que es estar llena de vida con un simple beso, y cuando tuvimos nuestra primera pelea descubrí cuál era mi capacidad de luchar por las cosas que amaba. Cada te amo que me decías estaba lleno de sinceridad y fue correspondido. Recordaré para siempre esa noche, envuelta en música con zapatillas, y un vestido de princesa tú y yo tomamos shots de agua y sin duda ese es mi recuerdo más hermoso contigo: bailar hasta no poder más, llenos de felicidad y sin una gota de alcohol, justo como querías, haciendo justo lo que yo quería. No olvidaré cuando me fui a la Ciudad de México por primera vez y me diste la ropa que usabas en la primera foto que alguien nos tomó, así como aquél día que, con un extra de dinero, me fuiste a visitar para pasar casi 24 horas juntos, o nuestro aniversario, la navidad del 2018 y el inicio del 2019, nuestro viaje a Cuernavaca con mi familia, las fiestas de tu familia y veintiun mil recuerdos más que llevaré conmigo en un lugar de mi corazón que no me pese tanto.

Estoy escuchando Moving On de Kodaline y no sabes cuánto tiempo pasé esquivando esta canción porque sabía que sería nuestro adiós pero ahora la canto con el corazón en la mano mientras te escribo esto.

Niño, no cabe duda que vas a triunfar en la vida, y te deseo siempre lo mejor, pero ahora quiero desearte la mayor felicidad en tu vida. Te amo para una vida entera, y por eso te dejo ir, porque sé que fuimos el inicio en la vida del otro. Hoy suelto tu mano y sé que tú también has pasado por esto o pasarás por lo mismo. Te deseo lo mejor, vendrá lo mejor y vencerás como el rey que eres. Sigue adelante y disfruta el azul del cielo y el verde de los árboles, no te prives de la vida jamás, vive sin miedo al futuro porque todo lo que te queda es el hoy.

Debo irme; tengo que irme, cuídate mucho y sé feliz.

Hasta siempre, mi primer amor, que Dios te bendiga y cuide siempre.

Con muchísimo amor y llena de esperanza,

Mon.

Los Días Sin TiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora