El ayer.

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"- ¿Kurai? - una mujer alta con pelo rojo muy, muy oscuro llamó a la chica - Despierta, se hizo tarde.

- Oka-Sama... Un minuto más. - se acurrucó a su cama.

- Vamos Querida. - la alzó y la llevó al comedor aún somnolienta.

Llegaron a un comedor grande la mesa gigantesca que tenía muchos tipos de platos.

- Recoge los platos más exquisitos y has lo de siempre. - el cocinero asintió y se llevó diez platos de la mesa.

- ¡Noo! Ahí estaba mi Gelatina. - se quejó viendo su postre irse.

- Kurai, esos platos van para los que no pueden comprar comidas. - le dijo el señor de la misa - ¿Acaso quieres que mueran de hambre?

- Ashina, sólo es una niña, cuando sea grande comprenderá la situación de los demás. - le habló suavemente a su esposo.

- Mito. - la niña lo miró - Mañana iremos a visitar a el sector medio. - ella asintió.

- ¿Qué es el sector medio? - la menor le preguntó a sus padres.

- Son diez personas que no pueden pagar sus alimentos por qué volvieron de espiar a los otros clanes sin nada. - le respondió Mito.

- ¿Les robaron? - preguntó la menor sorprendida.

- Sí. Saquearon sus cosas y solo quedaron vivos diez de veinticinco. - habló directo.

Un silencio se adueñó de la habitación, mientras comieron Mito habló.

- Oto-Sama, ¿Hoy vamos a entrenar? - preguntó cortando el hígado con el cuchillo y el tenedor.

- No, tengo que atender unos asuntos. - miró a su hija menor que tocaba con el cuchillo el hígado con asco - Kurai, me vas a acompañar.

- Oka-Sama, ¿Vamos a jugar? - preguntó Mito con un toque de emoción y sus ojos brillosos de la felicidad.

- Claro que sí, Mito. - sonrió con amabilidad a su hija mayor.

La menor miró esa escena y miró con envidia a su hígado.

- Desearía estar en tú lugar... - pensó molesta."

Haber dejado afuera a su hija no fue la mejor idea que tuvieron, pues su hijo se demoró un poco en confesar todo lo que había pasado, y a los cinco minutos los gritos de la chica cesaron.

- Sólo yo... ¡Sólo yo merezco atención! ¡El resto del mundo no! - miró a la secretaria con seriedad mientras está incómoda ignoraba la mirada de la chica.

- ¿Se te ofrece algo? - le preguntó incómoda. La del pelo castaño rojizo miró con una sonrisa a la secretaria, está nerviosa le correspondió.

- ¿Qué día es hoy? - le preguntó con la misma sonrisa que puso nerviosa a la chica.

- Juev... - en ese momento sintió como algo atravesó su estómago, una navaja pequeña pero mortal - Dai-Sama... - miró sorprendida a la niña que la miraba con una sonrisa.

- Jiro morirá en mis manos. - dijo para irse.

Caminaba en dirección a la casa de Ryu hiriendo a algunos civiles que huían de ella.

- ¿Dai? ¡¿Dai?! ¡¿Estás herida?! - le preguntó preocupado al ver la sangre que traía.

- No, cariño... Sólo yo merezco atención, la tuya y la de mis padres. - sonrió ampliamente Ryu asustado le cerró la puerta en la cara y salió corriendo - ¡MALDITO! ¡¿ME ESTÁS ROMPIENDO?!

La Hija De Madara - NarutoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora