Emm....y tú?

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Notaba las marcas de sus lágrimas en sus mejillas. La  garganta le ardía y su pecho bajaba y descendía de manera alarmante. No tardó en golpearse en brazo con la esquina de su libro y arañarse la muñeca.

-Contrólate Lucy...Contrólate...No merecen tus lágrimas....- la voz se  le empezaba a ahogar y las lágrimas amenazaban con volver a salir.- No las merecen...-terminó de susurrar con la voz ya  ahogada y escondiéndo su rostro entre sus manos. Se apartaba el pelo frenéticamente y se hincaba las uñas en los hombros.-No debo ir...no debo....Debo aguantar, solo un poco más...solo un poco más...-  se decía dándose ánimos. Inspirando todo el aire que podía e intentando regular su respiración, notó como una de sus llaves se movía y el espíritu aparecía de la nada.

-Loke...¿¡que haces tú aquí!? Deberías estar en el mundo de los espíritus. Yo....-

-Tú nos has bloqueado.- terminó de decir Loke.- Lucy, solo queremos ayudarte...- ella negó con la cabeza.

-No podéis ayudarme, esto debo solucionarlo yo sola...-

-¿A costa de que Lucy? ¿De esto?- la chica miró hacia otro lado.- Estás sufriendo mucho Lucy, lo que pasó en...- la miada de la rubia se tornó seria. Loke calló.

-Loke, vuelve al mundo de los espíritus.- dijo solemne. El espíritu se negó, ella lo miró triste.- Como quieras...- y usando acopio de su poder, forzó la puerta, pero Loke se negaba. Ambos hacían presión, tanta, que a Lucy le empezó a sangrar la nariz. Esto desconcentró a Loki y Lucy finalmente pudo encerrarlo en su mundo.-Lo siento Loke....lo siento. Pero no debes intervenir.- se dijo a sí misma otra vez. Con cuidado empezó a andar, pero estaba tan cansada que no tardo en tropezar y caerse. Se rasó las rodillas y las manos además de mancharse la camisa de tierra. Con un poco de esfuerzo se volvió a levantar. Las heridas le escocían, pero no le importaba eso ahora. Sus recuerdos evocaban otras cosas.

Las imágenes de una batalla junto con sus compañeros, su última batalla como parte del grupo de Natsu, la última vez que Natsu le hizo caso....La última vez que Natsu la besó....

No pudo evitar soltar un gemido ahogado, y mientras echaba de nuevo andar hipando, recordó una última cosa que hizo que su corazón se encogiera. Con un suspiro, se encaminó de nuevo a la ciudad para llegar a su apartamento, desvestirse y tener una noche sin sueños, sin altercados, sin nada.


La siguiente mañana era igual que la anterior, salvo por una cosa. Tenía la fecha marcada con un punto rojo. El cumpleaños de Lissana.

-Joder...- susurró al levantarse. Esta vez al ducharse notaba como las heridas le escocían pero eso solo le sirvió para espabilarse un poco más. Ese día necesitaría muchas fuerzas si quería sobrevivir. Esta vez se puso una camisa sin escote de manga corta de color gris junto con unos pantalones azules por mitad del muslo y unas sandalias. Era primavera a si cogió una chaqueta deportiva, se dejó el pelo suelto y levemente ondulado. Con pereza se movió hacia el río y se sentó con las piernas cruzadas en el poyete de piedra. Con las piedras que tenía al lado, empezó a lanzarla para que botaran, pero no lograba más de dos botes.

-Debes escoger las que son planas.- dijo una voz masculina a sus espaldas. Lucy se giró sorprendida y vio a Gray y Erza.

-Por que...?- susurró.

-Lissana nos ha mandado a por tí. Al parecer quiere usarte como piñata.- dijo Erza triste. Lucy, un poco cansada dijo.

-Por qué todo no puede volver a ser como antes....- susurró.

-Porque ahora Lissana manda en nuestras vidas, además de que....Eso es imposible.- dijo triste de nuevo Erza.

-Lo sé....lo sé. Era solo que.- Gray iba a tocar su hombro cuando Erza se lo impidió, Lucy sonrió con amargura.- No pasa nada Gray, no me mires así.-

-Lucy yo....- empezó a decir Gray.- Si tan sólo yo pudiese...- entonces se dieron cuenta de que en las manos de Lucy había heridas de uñas y se perdían en la manga de la chaqueta negra.

-Sólo debemos aguantar hasta que vengan Macarov y Laxus....- se levantó de un salto y los miró sonriendo.- Id hacia el gremio primero, si nos ven juntos tendríais problemas.- Notaba como la pelirroja se cubría el rostro con el cabello, al igual que Gray.

-Intentaremos calmarla...- susurró Erza. La rubia asintió y no se volvió a mover hasta que los perdió de vista. Con un suspiro, empezó a moverse hacia el gremio mientras se hacia una cola de caballo en su pelo. Cuando por fin llegó a las puertas, notó el jaleo que había dentro. Un escalofrío le heló las entrañas, pero avanzó sin miedo abriendo las puertas.

-Por fin llegas rubia, ya me estaba cansando de esperar.- un silencio incómodo reinaba en el lugar. Todos miraban el enfrentamiento de ambas. Estaban frente a frente, Lucy de actitud despreocupada y Lissana con los brazos en  jarras.

-Termina esto rápido.- una mueca de odio cruzó por el rostro de Lissana, que no tardó en transformarse en guepardo y atacarla. Empezó a arrañarla y morderla con una furia descomunal, pero Lucy no hacía nada. 

Sentía su piel rasgarse, el escozor, las uñas de la chica junto con su furia. Notaba como poco a poco el sentido se iba yendo al igual que su sangre se desparramaba por el suelo de madera. Los más brutos miraban la escena y vitoreaban a la maga albina, mientras, los que fueron sus amigos, miraban hacia otro lado, menos Levy, que era sujetada por Gajeel.

-Suéltame! Tengo que...!- pero el pelinegro la interrumpió. 

-No puedes hacer nada por ella, todavía...- esa última palabra la dijo en un susurro y solo la peliazul lo escuchó.

-NATSU!- el nombrado se levantó e intentó no mirar a la rubia, que ahora estaba totalmente ensangrentada y dañada, pero consciente.- Termina sacando la basura, quiero seguir con la fiesta.- el pelirosado, acató su orden. Recogió a Lucy del suelo por el brazo y la llevó encima como un saco de patatas.

-Lárgate de aquí, estúpida.- le dijo Natsu una vez fuera. Este la dejó apoyada en un árbol- No queremos hacerte daño y lo sabes. Sabes también que Liss...-

-Cállate Natsu, cállate.- le dijo cortante.- Tú también tienes la culpa de todo esto, al igual que ella. Los dos sois responsables de mi miseria.- le miró a los ojos, a esos ojos jade que antaño amaba.-Vete, tendrás problemas si tu novia no te ve cerca.- Natsu la miró con remordimiento y se marchó de nuevo al gremio. Ella estaba ahí, tirada. Sin nadie que la pudiera salvar. 

Sentía como sus ojos poco a poco se cerraban, y como también, caía en un profundo sueño.

-Del que ojalá no me despierte.- siseó en su mente.


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