Aahh....

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-Vamos.- le dijo haciéndola avanzar. Pero ella se detuvo hacíendolo sobresaltar- ¿Qué ocurre?- Lucy, aún ciega, le preguntó temerosa.

-¿Dónde estamos?- 

-Ahora vamos a entrar al hotel donde se aloja la mayoría de mi gremio a si que...- pero la rubia negó con la cabeza.

-¿Estás loco? Si nos ven juntos, los de tu gremio podrían enfadarse y echarte.- Sting sonrió de medio lado y se acercó a su oído.

-No pasará nada.- y volvió a tirar de ella para que lo siguiera. Iba indicándole todo el camino cosas como escalones, la decoración y cosas por el estilo.

-No pensaba que Sting fuera tan caballeroso....O puede que me esté engañando.- dudas como esa martilleaban la mente de Lucy, hasta que la voz del rubio la sobresaltó.

-Ya estamos.- oyó el chirrido de una puerta y los pasos de ambos amortiguados por la suave moqueta. Aspiró el aire que olía a sábanas limpias y ambientador. Hacía calor en la habitación debido a las estufas, pero eso no le importaba. Sting la guió hasta la cama y la sentó. Oyó como corría una silla y se ponía enfrente suya.

-Y...¿qué planeas hacer ahora?- le preguntó Sting y ella suspiró.

-Volver al gremio tan pronto como me sea posible.- aún con los ojos en completa oscuridad, giró su cabeza a Sting.- Saldré pronto por la mañana, gracias por todo.- y agachó la cabeza en señal de respeto a lo que esto, Sting rió.

-No hace falta tanta formalidad rubia, ya nos conocemos.- 

-Aún así.- se levantó de la cama y tanteando con las piernas llegó a los pies de la misma.- ¿Te importa que llame a un espíritu?- Sting la miró, curioso. Hacía tiempo que no veía magia estelar y tan de cerca.

-Claro.- Lucy asintió para sí misma y con las manos intentó entontrar la llave adecuada, pero los símbolos no tenían relieve.

-Sting, ¿sabes algo de los símbolos del zodíaco?- 

-Nop.- dijo juguentón. Lucy suspiró y echó todas sus llaves encima de la cama y empezó a tantearlas de nuevo.- ¿Cuál buscas?- preguntó acercándose a ella.

-Aries, el símbolo rosa.- Sting intentó buscar con la mirada esa llave, pero todas les parecían iguales. Lucy tocaba casi las mismas llaves una y otra vez y eso la ofuscaba.- ¿Puedes poner mi mano en cada una de las llaves, por favor?- el rubio se rió levemente.

-Wow, que educada.- Lucy solo bufó y le tendió la mano para que la tomase. Sting vio con molestia el símbolo al que pertenecía, pero aún así tomó su mano. Era suave y pequeña, de dedos largos y finos, como los de una princesa de cuento. Pero cuando la cogió notó como una corriente helada, pero a la vez satisfactoria le recorría el brazo por completo. A causa de esto, soltó su mano.

-¿No te las puedo dar yo en la mano?- pero Lucy negó con la cabeza.

-Hace tiempo puse un hechizo para que ningún ser, mago o personas comunes pueda tocar mis llaves salvo yo, su portadora.- el rubio asintió para sí y rápidamente cogió la mano de Lucy.

-Vale, y a lo entendí.- y empezaron a tantear todas las llaves. Lucy las fue cogiendo una a una hasta que, a la quinta vez de coger llaves, supo que era la de Aries.

-Apártate un poco Sting, voy a llamarla.- Sting se movió un par de pasos y esperó.

-¡Yo te abro puerta del Carnero! ¡Aries!- y de una bola de luz, salió el espíritu.

-¡Señorita Lucy!¿Qué le ocurrió?- preguntó con su vocecita infantil. Lucy suspiró 

-Necesito que me cures, ¿podrás?- 

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