El olor a humedad y el sonido de un constante goteo despertó a Lucy de su sueño.
Al abrir los ojos solo vio oscuridad y eso la asustó un momento, pero al cabo de unos instantes en la oscuridad vio como pequeñas motas de luz iluminaban el lugar haciendo que Lucy viera donde se encontraba. Era una especie de gruta, iluminada por un pequeños cristales que relucían con destellos azulados y verdosos gracias a un pequeño tragaluz que había en el techo. No había salida, pero vio un pequeño agujero a la izquierda de la pared lo suficientemente grande como para que una persona de promedio pasara sin problemas. Al intentar incorporarse, notó que estaba sobre algo cálido y mullido. Por el tacto, supo que era una especie de cama. Se quitó las mantas de encima (pieles de animales) e intentó ponerse en pie. El contacto con el frío y húmedo suelo provocó un escalofrío en Lucy. Siguió andando notando como el suelo era irregular ya que tenía pequeñas piedras y bultos que notaba en las plantas de sus pies, además de que de vez en cuando notaba algún que otro charco.
Avanzó un poco más, hasta el pequeño tragaluz y miró hacia arriba. La luz juguetona de la luna menguante le iluminó la cara y parte del cuerpo. Gracias a esta luz, pudo ver que ya apenas llevaba vendas en el cuerpo y que tenía una tela encima parecida a un vestido. Era de color rosa pálido y le llegaba por encima de la rodilla. No lo había notado ahora por que la tela era muy suave y se movía graciosa a cada movimiento de Lucy, como si el tejido estubiese vivo. Escrutando un poco más con la mirada, pudo ver un poco más allá del tragaluz. Caminó un poco más hacia el fondo, curiosa por saber que encontraría al final. Entoces, como si de magia se tratase un pequeño lago subterráneo apareció ante ella. Este lago, era iluminado también por la pequeñas piedras que había en las paredes dando una imagen realmente hermosa. El agua estaba en calma y de de vez en cuando una gota caía de una estalactita, haciendo que en el agua apareciesen ondas suaves que al llegar a la orilla se difuminaban.
Este espectáculo, maravilló a Lucy y por un momento olvidó todo y se relajo. Buscó un sitio más o menos seco y se sentó allí, para contemplar el pequeño lago que tenía ante ella. Su mente divagaba en canciones antiguas y ya olvidadas. Sin pensarlo, empezó a tararear una canción de su niñez. Era lenta y tranquila e iba acorde con el lugar en el que se encontraba en esos instantes.
Entonces el ruido de unos pasos la sobresaltó.
-Veo que ya te has despertado.- no se dió la vuelta. Reconocería esa voz en cualquier parte y con ella, vinieron los recuerdos de su captura. Intentó mantener la calma y evitó que al hablar su voz se escuchara débil.
-¿Qué quieres?- le dijo calmada o eso intentaba aparentar, ya que Zeref sonrió perversamente.
-Por ahora nada querida.- y sin esperar más se posicionó al lado de ella, de pie y mirando el agua.-¿Te gusta?- le preguntó aún sonriendo.
-Es hermoso-admitió.- ¿Qué es este lugar?¿Dónde estamos?- le preguntó curiosa.
-Es una gruta, la encontró un "amigo".- se volvió hacia ella.- Sabía que te gustaría.- la mirada de Lucy se tornó vacia y sin vida, al igual que su voz al pronunciar estas palabras.
-Es un buen lugar para morir.- Zeref rió un poco haciéndo que la rubia lo mirase extrañado.
-No voy a asesinarte Lucy.- le dijo sonriendo mientras la miraba.
-¿Entonces para qué me has traído aquí?- la sonrisa de Zeref se ensanchó aún más.
-Tú, Lucy Heartfilia, vas a ser mi discípula.- la chica abrió los ojos desmesuradamente y lo miró incrédula.
-¿Yo? Pero...¿que...?- balbuceó. El mago puso sus manos detrás de la espalda y alzó más la barbilla.
-Lo que oyes humana. Voy a enseñarte los hechizos y secretos de la oscuridad.-
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Wonderland
FanfictionHace tiempo dejé de creer en cuentos de hadas. Todo en lo que creí, confié y amé se desvaneció lentamente ante mis ojos...y no podía hacer nada. Ahora me hundo en la miseria, la traición todavía duele, la oscuridad devora cada parte de mi ser y el...
