Todo había comenzado hacía 5 meses.
Seokjin lo sostuvo mientras lloraba contra él, en su entrada, a las tres de la mañana.
Kim Namjoon era un joven bastante aplicado, a pesar de su fama de idiota. Su cabello marrón alocado y sus ojos despreocupados engañaban la inteligencia que guardaba dentro. Pero todo se resumía a la pereza: aprendía esto y lo otro para no tener que verlo de nuevo o tormentarse, que problemático sería. Que lío sería perder un curso, así que se esforzaba en poner su mínimo de atención.
Era difícil entender lo que decía mientras hipaba en sus sollozos. «¿Por qué nos hiciste esto?» Seokjin solo intentó consolarlo, acariciando un poco su espalda y susurrando pequeños lo siento en su oído. «Tu mente tiene el tamaño de un dedal. Estúpido. Estúpido.»
Le iba bien en matemáticas. Las ciencias no eran tan difíciles: la química, la biología, todo era considerablemente fácil. Seguir al pie de la letra procedimientos con resultados exactos era sencillo. Namjoon disfrutaba de esa simpleza. Sin embargo, las ciencias humanas eran más complejas.
Se vio perdiendo la clase de Literatura del señor Kim a mitad del semestre.
—Lo siento. —susurró Jin, con aquel chico prácticamente encima suyo, enredado en un complejo nudo de manos y piernas. ¿Estaba mal si lo había echado de menos, aunque ahora, iracundo, le echara todo en cara? Dios. El amor apestaba. Apestaba. Apestaba lo mucho que le hacía necesitar a alguien. Necesitarlo a él. A pesar de que no debía, mierda. Él no debía. —Lo siento.
Todo comenzó hace 5 meses, cuando aquel joven, después de clases, había irrumpido en su oficina pidiéndole alguna tutoría. «Algún otro estudiante que sepa, ¿no podría asignarlo como mi tutor o algo así?»
Aquello era lo más racional. Habían varios estudiantes de su clase que podían orientar al joven Kim.
Se vio negándose. «No. Lo haré yo.» le había dicho. «Tú problema es que eres demasiado racional. La Literatura nace y se trabaja desde el corazón, no con un lápiz y unas fórmulas.»
No era que él hubiera tenido una fijación con el chico. Por supuesto que no. Kim Seokjin había llevado una buena vida solo. 32 años, orgullosamente. No le interesaba el amor ni las relaciones. Por muchos años se había considerado asexual. Había llegado a resignarse en un punto y no se atormentó por ello.
No fue hasta la quinta tutoría que se encontró a sí mismo sonriéndole brillante a esos ojitos desorientados que se trababan al escribir. Pensó que era un cariño fraternal el que desarrollaba por el chico. Después de todo, tenía una edad que le hacía casi parecer su padre. Enseñarlo a conectar sus emociones con sus manos al escribir sobre el papel lo hacía feliz, debía ser sólo el orgullo.
Sin embargo, las cosas se salieron de sus manos el día que, por llevarse una hora más de tutoría con el chico que comenzaba a hacer sus días más brillantes, olvidó tomar sus medicinas. Sus estimulantes.
Estaba parado junto al chico mientras escribía en la pizarra cuando sucedió.
Cerró los ojos, recordando aquello, sintiendo su camisa blanca empapada por sus lágrimas y pequeños golpes en el pecho.
Él... él cayó.
Cayó dormido al suelo, sin siquiera un antecedente que lo hiciera encender sus alarmas. Cuando la narcolepsia hacía lo suyo, usualmente primero comenzaba a cabecear y a sentir como sus ojos amenazaban en cerrarse. El mundo difuso y borroso, pero quizás fue la energía que le daba Namjoon, o quizás fue su propia ignorancia.
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Enemigo «KookTae» ©
FanfictionHazme tu afrodita. Hazme tuyo, y el único. Pero no me hagas tu enemigo, Jungkook. «smut» Obra original. © Está completamente prohibida algún tipo de adaptación o copia. Esta obra se encuentra registrada en Safe Creative con todos los derechos res...
