Sus piernas se sentían cansadas, pero no se detuvo.
El anochecer en el centro de esa pequeña ciudad se iluminaba tiernamente por las noches. Los locales y restaurantes, combatiendo el clima que cada vez se enfriaba más, instalaron pequeñas bombillas de colores a lo largo de todo un pasaje comercial para darle un aspecto más cálido. La gente se veía feliz a pesar de ser un lunes, y Taehyung, caminando solo entre ellos, los observó con un brillo en los ojos, que se camuflaba por los estúpidos lentes que tanto le molestaban ahora, después de no usarlos en tanto tiempo. Claro que la gente debía estar feliz, ¿a quién no le gustaba celebrar los días de otoño? Las hojas caían en bellas lluvias de viento y el calor del verano por fin tenía piedad. Era bonito, era muy bonito.
Taehyung amaba el otoño.
Caminó, caminó por horas. Eso había estado haciendo desde que salió del instituto, en la tarde. No quería hacer otra cosa.
No sabía que tenía caminar, pero cuando lo hacía, el nudo de su cabeza parecía dar tregua y los sentimientos fluían tranquilos, aunque fueran espinosos. Respiró profundo, abrazándose sobre las múltiples capas de ropa que tenía encima, y exhaló en un suspiro que por la noche entrante hizo su aliento vapor.
No era que particularmente quisiera pensar. Pero de ahí a que quisiera volver al deprimente estado de agobia y angustia al que se halló sumergido todo el fin de semana, prefería distraerse.
Su corazón no estuvo de acuerdo. Latió impaciente, enojado desde el fondo de su pecho, pidiendo atención. Taehyung quiso hacerle caso omiso, no quería arruinar su calma, pero se encontró fallando.
De nuevo.
Detuvo su caminata, frente a una pequeña tienda de regalos donde un pequeño niño admiraba desde fuera, un oso blanco de peluche en el escaparate. Lo miró, empuñando las manos a sus costados, y bajó la cabeza cuando sus ojos picaron de humedad.
Sus pensamientos soltaron el grifo, tortuoso y agrietado, que le trajo todo eso de nuevo. Todo lo que en sí arañaba su pecho, vestido todo de negro y con el cabello entre el confuso color de la noche. Pasó como imágenes difusas: el cielo estrellado, unas mejillas cálidas y sonrojadas, unos ojos infinitamente tristes, y un nuevo día de tormenta de pequeñas hojas de arce. Como un árbol que llora, ese día, Jeon Jungkoon había abandonado el salón de clases desprendiendo pequeñas hojas a su paso. Un diluvio andante de sal y algo más, había oído después.
Se puso la mano en la frente, intentando sostener estables sus pensamientos, de alguna forma.
Se angustió cuando incluso después de recordar todo no logró crear un pensamiento coherente. Una posición al respecto. Un argumento que explicara lo que por dentro debatía. Solo eran ideas que lo mareaban, fugaces, apretando el nudo de su garganta, superándolo.
No era como si debiera o no creer en todo lo que ya sabía. En todo en lo que él le había dicho esa madrugada. Lo hacía. Le creía. Fue odioso cuando miró hacia dentro y se dio cuenta que su corazón se conmovía con ello. Él creía. Taehyung, por primera vez en su vida, había escuchado y creído en las palabras de Jeon Jungkook. Del imbécil de Jeon Jungkook, del hiriente Jeon Jungkook.
No era ese el problema.
Se sorbió la nariz que goteaba, y con el ceño fruncido de rabia, se encaminó por fin a casa. Hacia lo que había querido evitar todo el día: toparse con Jungkook. Él avanzó, con los pulmones pasmados, sin poder respirar bien, y con toda aquella pesada ropa impidiendo los movimientos libres a los que se había acostumbrado hacía meses.
Caminó, y caminó, con sus músculos ardiendo de cansancio, y cuando estuvo a unas manzanas de casa, sacó el móvil del bolsillo, y con una respiración herida de pausas, lo encendió y fue a buscar en sus contactos.
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Enemigo «KookTae» ©
FanfictionHazme tu afrodita. Hazme tuyo, y el único. Pero no me hagas tu enemigo, Jungkook. «smut» Obra original. © Está completamente prohibida algún tipo de adaptación o copia. Esta obra se encuentra registrada en Safe Creative con todos los derechos res...
