El inicio de esa nueva semana fue azotado con una brusca ventisca. El otoño, con su aroma característico, cada día se ponía un poco más frío que el anterior. El instituto de aquella pequeña ciudad amaneció con el personal de limpieza barriendo hojas secas, mientras sus estudiantes daban su marcha hacia su interior para su jornada de clases. Esta curiosa institución era diferente a los estándares de Corea: con su lema progresista, permitía el uso de ropa casual en los estudiantes, argumentando que los buenos modales no se obtenían en el simple uso de un uniforme. Podían tener razón o no, pero así se constituían. Aunque por dentro, era tan tradicional como cualquier otra, quizás incluso más exigente.
En algunos salones las pequeñas hojitas de los grandes árboles que les hacían compañía se habían colado por las rejillas de las ventanas y cobijaban los pupitres. El grupo senior, de último año, tuvo que sacudir sus sillas al entrar. Sin embargo...
El hombre pelinegro que se sentaba en la esquina de atrás, junto a la ventana, no le dio mucho cuidado y se dejó caer sobre la silla. Sus jeans negros se estamparon así con pequeñas hojitas, y después sus brazos, cubiertos por un suéter del mismo color, cuando se dejó caer en la mesa, acunándose con los brazos. La lana enganchó las pequeñas hijas de arce.
Sus amigos, Kim Namjoon y Jung Hoseok, que iban tras él y lo vieron sentarse de aquella manera, -como un costal de papas afectado por la gravedad- sólo se miraron entre sí, y se encogieron de hombros. Hoseok se sentó frente a él, Namjoon al lado, e intentaron llamar su atención.
—¿Jungkook? ¿Todo en orden, hombre? —preguntó Namjoon, y Hoseok le puso una mano en el hombro. Lo apretó un poco, para llamarle la atención y confortarlo.
El de cabello azabache levantó un poco la mirada, y con los ojos hinchados por la falta de sueño la última noche —no logró conciliar a Morfeo ni invocándolo con poesía— asintió con la cabeza y sonrió de lado, sin ganas. Hoseok apartó su mano.
—Sí, estoy perfecto. —respondió, en verdad esperando que le creyeran. Su cerebro estaba aletargado de cansancio y deshidratación, ¿qué más se podía esperar de él?
Hoseok rodó los ojos. —No somos tontos, Jeon. ¿Qué te ocurre? Estás todo... desganado. Y lo notamos desde que te montaste al coche esta mañana. No lo evadas y háblalo con nosotros.
Jungkook, con los labios entreabiertos, los miró por turnos. Su cabello estaba ligeramente enmarañado, tapando con hebras su frente. Abrió más la boca, como si quisiera hablar, pero ningún sonido emitió su boca.
El contrario pudo jurar que era la primera vez en su vida que veía tal mirada triste y consternada en el pelinegro.
Entonces suspiró. —Está bien, no queremos presionarte. Sólo... —quiso elegir las palabras adecuadas cuando sintió que su móvil vibraba en su bolsillo, de reojo sintió a Namjoon mirándolo, con su propio teléfono en las manos—. Solo... estamos aquí para cuando quieras hablar, ¿está bien?
Jungkook se pasó las manos por el rostro y asintió con la cabeza, quedándose con el mentón apoyado en la mano, resistida por el codo en la superficie de la mesa. Hoseok pudo darse la vuelta después de dedicarle una sonrisa tensa, y sacó el móvil de sus jeans para leer el texto que Namjoon había acabado de enviarle.
Se encorvó para ocultar la pantalla contra su cuerpo. Tragó saliva.
«Esto ha de ser por Taehyung, ¿verdad?»
Hoseok se volvió para mirarlo discretamente. Los dos hombres ajenos a Jungkook compartieron mirada por unos segundos.
Antes de que el primer mencionado enviara su respuesta afirmativa, oyeron que Jungkook respingaba de golpe. Lo miraron inmediatamente.
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Enemigo «KookTae» ©
FanfictionHazme tu afrodita. Hazme tuyo, y el único. Pero no me hagas tu enemigo, Jungkook. «smut» Obra original. © Está completamente prohibida algún tipo de adaptación o copia. Esta obra se encuentra registrada en Safe Creative con todos los derechos res...
