La miré unos segundos, analizando el escenario, ¿qué se supone que hacía? No me repitió nada, y me esperó, paciente, sin embargo parecía impaciente. No la veía decidida a lo que estaba por hacer.
—¿Qué haces con eso? —un suave murmuro se escapó de mis labios.
El corazón me latía con pesadez por pensar en lo que me quería hacer, ¿realmente lo iba a hacer? ¿Algo de eso quedaba en ella? Era claro, no iba a cambiar de la noche a la mañana, así sea mínimo; ella me debía querer, duélale a quien le duela, ella me quería.
Me acerqué lento, pese a que realmente quería correr y tirarme a sus pies. Nana, mi Nana, era lo único que necesitaba, empezaba el conteo para recuperar lo que teníamos: el tiempo me sobraba, pero yo la quería o más rápido posible. Cuando estuve frente a ella, me arrodillé, y me fijé en sus ojos; nerviosos, aunque se negara a decirlo, estaba nerviosa.
Dejó de mirarme y se fijó en el botiquín, abriéndolo y sacando venditas, pomada y demás. Me quedé, juicioso, en mi lugar, luego sentí como sus manos me acariciaban, y esto bastaba para tranquilizarme. No podía negarme a sus peticiones. Quise estar alerta, pues si ella quería, justo ahora podría enterrarme los dedos en los ojos, pero no lo hizo, solo aplicó lo que debía, con tanta ternura —o así lo sentía yo—, que se me hizo imposible dudar de ella. No tenía derecho a desconfiar, era ella la que debía hacerlo, no yo. Entonces me atreví a abrir los ojos —o uno de estos— y la miré de cerca, como había querido antes. Ella se detuvo, la tomé desprevenida, y no hizo más que callar todo el sentimiento que ardía en sus ojos. Quería saber lo que ella pensaba, pero en su mente, era el único lugar donde yo no podía estar.
—Estás hecho mierda, y sigues buscando problemas —sentí sus tibios dedos tocar mi hinchada cara, como si buscara remediarla de un toque.
No le respondí en el momento. Estaba peor por dentro. Ella no era capaz de ver lo herido que estaba interiormente, y no me preocupaba, merecía estar más roto para así estar a la par con Nanamo, y sentir su dolor.
—¿Aún me quieres? —le dije por impulso, y en cuanto hablé, ella parecía una muerta ahora, sus expresivos ojos se nublaron, no había brillo alguno, si algo; decepción.
—No estropees las cosas, que ya se han calmado.
—Respóndeme, Nanamo.
Se erectó, alejando su rostro a varios centímetros de distancia. No parecía querer contarme su verdad; el veredicto que aún tenía por decirme.
—Ahorrémonos problemas. Estamos mejor callados.
—¿Entonces planeas que vivamos callados toda la vida? —le reproché sin querer. Ella no quería hablar, pero yo sí—. Si quieres tratarme mal, puedes hacerlo, no te voy a negar n...
—¡Porque no quiero volver a abrirme a ti! —la ira en sus ojos se hizo presente, y me dolió el pecho por el desprecio que me dedicaba—. No pienso, en siquiera, volver a confiar en ti, ¿pero no lo entiendes cierto? Porque por fin la tonta de tu noviecita se da cuenta de la careta que tienes, porque, por fin, he decidido darte tu lugar y hacerme respetar, y eso te asusta.
Negué, aunque la cabeza me punzaba si la movía rápido, quería hablar, pero no tenía ganas de gritar.
—Estás en lo cierto cuando me dices que te falte el respeto, a ti y a nuestra relación, pero no... no puedes culparme todo el tiempo, porque así nunca vamos a avanzar, y no quiero que vivas miserable conmigo, Nana, ¿eso lo entiendes tú?
—Lo que tú quieres es que me trague mi rabia y me quede sentada viendo como, seguramente, después me haces la misma jugada.
Negué nuevamente, pero no me atreví a interrumpir sus palabras. Si las cosas seguían así, era mejor dejarlo estar por su momento. Si quería pensar eso, entonces que lo hiciera, a mí me bastaba con mantenerla a mi lado y cumplir mi palabra.
—Por el momento no voy a pedir que cambies de pensar, porque me lo he ganado, solo te pido que ahora, tú no estropees las cosas.
Me miró recelosa, tragándose lo que pensaba.
—No es como si tuviera más opciones que conformarme contigo.
Apreté los labios, y aunque sus palabras dolieron, no le reclamé nada.
—Bien. Entonces prepárate para mañana. Nos vamos.
No la volví a mirar, y me dirigí a la sala de estar, conectándome con SanWoo. Me informó que tuvo un pequeño problema con NamJoon, pero que había logrado amenazarlo lo suficiente como para que se callara de una buena vez. Sin embargo me avisó que tenía que cuidarme, pues ese tipo no pensaba quedarse calmado. Después me comentó su estado —el de Namjoon— y al final, le expliqué que tendríamos que vernos en el aeropuerto para que recibiera el restante de su paga, y de paso un extra, si me ayudaba a mantener a raya a Nanamo, solo por si acaso; por si ella no se controlaba.
Entre la llamada, Nana había cerrado la puerta de manera estrepitosa, dejándome en claro que no me quería cerca, y tampoco es como si pudiera, pues debía mantenerme despierto para cerciorarme de que no haría nada peligroso, como usar un teléfono, armar un escándalo, o peor aún, apuñalarme mientras dormía. No me cambié la ropa, ¿para qué? Preferí quedarme mirando cosas tontas en el celular, perdiendo el tiempo, recordando cómo éramos con las fotos de nosotros juntos que encontré en mi galería.
Admito que tuve micro sueños, y me la pasaba cabeceando; estar sentado no me dejaba mantenerme activo, así que me levanté y comencé a caminar por todo el lugar —menos en el cuarto donde dormía Nana—.
Estaba nervioso, pese a que ya había arreglado lo de los pasajes, cosa que me costó un buen, me sentía asustado por un mínimo error. Ya eran las tres de la mañana, y el vuelo había quedado para las siete de la mañana.
Decidí darme un baño, y cambiarme los vendajes, así que cuando estuve listo, apenas había pasado una hora. Estaba muy aburrido. No se escuchaba nada proveniente de la habitación de mi prometida. Entré cual intruso, y la encontré profundamente dormida.
No pude evitarlo, y verla así de relajada me invitó a acariciarla. Debió estar muy estresada y agotada... Mi pobre bebé.
La cubrí con mis brazos, para luego hundir mi rostro entre su hombro y su cuello; finalmente dándome paz, llevándome al sueño.
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CULPABLE
FanfictionNanamo estaba ilusionada porque al fin estaba a punto de casarse con su novio de años, lo que nunca esperó de parte de él fue recibir una traición tan grande que desearía nunca haberlo conocido. Jungkook, un hombre perfecto ante los ojos de Nana, bu...
