James Buchanan Barnes es un agente del FBI que va por la vida dando tumbos. Nadie lo ata y nada lo detiene. Al menos, hasta que cae en sus manos la misión de proteger a una importante testigo.
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Capítulo I
Wanda aún temblaba cuando llegaron con ella al cuartel. Una vez que los atacantes huyeron, Steve y Bucky la ayudaron a preparar una pequeña maleta con lo esencial. El hecho de que recién se estuviese mudando y sus cosas aún permanecieran embaladas, sirvió mucho. La chica rebuscó entre las cajas hasta que dio con un álbum de fotos y lo guardó celosamente en el bolso que llevaría con ella. Tenía una expresión triste en el rostro, expresión que no pasó desapercibida para el agente Barnes. Bucky la contempló reunir sus cosas, extendiéndole las prendas que ella le indicaba. Quería decir algo que la animara, pero no sabía que, es decir, ¿cómo se espanta el miedo del alma?
Habían tenido muchos casos de testigos aterrorizados, habían rescatado a personas de las manos de psicópatas espantosos y se habían enfrentado a las peores tragedias humanas, a lo más oscuro y hediondo de la naturaleza humana, pero nadie había logrado conmoverlo tanto como esa muchachita a la que le temblaban las manos mientras guardaba lo que quedaba de su vida en un bolso de mano. Cuando las cosas estuvieron casi listas, salió del cuarto para encontrarse con Steve, quién hacía guardia en la entrada del malogrado departamento.
– ¿Estás bien? – preguntó el castaño, observando el semblante serio de su amigo. Se veía pensativo.
– Sí, sí. ¿Qué hay de ti? ¿Ella está lista?
– Yo bien y ella no está lista aún. Le queda poco, quise darle algo de privacidad– Barnes se encogió de hombros y se pasó las manos por el cabello– Esto estuvo intenso, ¿eh? – sus ojos recorrieron las marcas de tiros en las paredes y los sofás destruidos por las balas.
– Bastante... no se te vaya a ocurrir decirle a Natasha. No quiero que se preocupe en su estado...
– Hermano, ¿crees que quiero que tu mujer me golpee por no cuidarte? No, gracias. Esto se quedará entre nosotros.
– Gracias– Steve soltó una risita, dejando escapar en parte la tensión que se había acumulado en sus hombros en ese rato.
– ¿Adónde la llevaremos? – preguntó Bucky, poniendo sus manos en sus caderas. Tenían que pensar rápido en qué hacer con la muchacha– Si ese bastardo la encontró aquí, puede encontrarla donde sea...
– Seguiremos el procedimiento, Buck. La llevaremos al cuartel por esta noche y ya mañana le buscaremos un alojamiento temporal y asignaremos agentes para que la protejan– respondió el rubio, mirando a su alrededor, como si temiera que las paredes pudieran oírlos.
– Creo que hay que hacer algo mejor que eso, Steve. Si la dejamos en un hotel se la entregaremos en bandeja a los hombres de Rostokov. Hay que protegerla, no ofrecerla como sacrificio, hermano– Steve hizo una mueca, para luego asentir.
Bucky tenía razón. Necesitaban encontrarle un refugio seguro, un lugar donde nadie jamás pensara en buscarla. El cuartel era una buena opción, al menos por esa noche. Nadie podría atacarla ahí, pero eso era una solución parche, temporal. Los cuarteles del FBI no eran un hotel, la muchacha no estaría cómoda ahí. De pronto, Barnes le dio un golpe en un hombro y le sonrió, amplio. Steve alzó una ceja y lo miró interrogante, pero, el brillo travieso de su mirada le dio la respuesta que buscaba.