Treinta minutos después, el auto se detuvo frente a una pequeña cafetería. Al cruzar la puerta de cristal, una campanilla anunció nuestra llegada y el contraste de temperatura me hizo suspirar.
Sí, me había invitado un café con la firme intención de hablar, de obligarme a ponerle palabras a la locura que casi cometo esa mañana.
El lugar era un rincón íntimo y tenue, iluminado por luces cálidas que colgaban del techo en bombillas de estilo antiguo. Olía a madera vieja, a granos de café recién molidos y a canela; un aroma que te abrazaba apenas dabas un paso adentro. Nos sentamos en una mesa apartada junto a la ventana, rodeadas de estanterías con libros desgastados y el murmullo tranquilo de un par de clientes más.
—¿Me contarás ahora? —preguntó, dándole un sorbo lento a su taza mientras la vaporera de la máquina de espresso zumbaba de fondo.
—No te conozco —repliqué, la excusa perfecta para blindarme, negándome a dejar entrar a alguien en los rincones más oscuros de mi mente.
Ella soltó una suave risa antes de estirar la mano sobre la pequeña mesa de madera, ofreciéndome un trato limpio.
—Hola, me presento —dijo con una sonrisa divertida en los labios—. Soy Angie Velasco y tengo diecinueve años.
Me quedé mirando su mano un segundo antes de estrecharla, sintiendo el calor de su piel.
—Lindo nombre, Ángeles —respondí, ladeando la cabeza—. Soy Brisa Domínguez y tengo dieciocho.
—¡Hey! No me digas así —protestó, haciendo un puchero exagerado y arrugando la nariz como una niña pequeña caprichosa.
—Pero qué tarada eres —se me escapó una risa genuina, una que llevaba meses sin sonar en mis labios.
De inmediato me detuve, sintiendo una punzada de incomodidad. Ella se quedó mirándome fijamente, escudriñando cada gesto, aunque al notar mi desconcierto, decidió desviar la mirada con delicadeza para no abrumarme.
—Te ves hermosa cuando sonríes, Brisa —murmuró con total naturalidad, haciendo que un calor súbito me invadiera por dentro.
Llevé las manos a mis mejillas, sintiéndolas arder.
—Pareces un tomate.
La tarde se deslizó entre risas, bromas tontas y tazas tibias. Por unas cuantas horas, el ruido ensordecedor del mundo se apagó; logré olvidarme por completo del abismo de esa mañana y descubrí, con una punzada de asombro, lo bien que se sentía simplemente existir al lado de Angie.
Pero la tregua tenía fecha de caducidad. Muy pronto, el sol comenzaría a ocultarse, y con él tendría que regresar al verdadero infierno del que había intentado escapar: su casa.
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COMPLICATED
FanfictionUna chica de cabello azul, un secreto que quema, una familia que rechaza y un amor tan complicado que duele respirarlo. Brisa y Angie están a punto de descubrir que la línea entre salvarse y destruirse es muy delgada.
