Capítulo 19

3.2K 156 2
                                        

Los días pasaban con una lentitud desesperante. Tomé una decisión drástica y dejé el trabajo; mi única prioridad ahora era encontrar a Joaco, arrancarle información o hacer que me llevara directamente hasta el maldito de su ex amigo.

Primero me encargué de investigar a qué discoteca solía frecuentar, calculando que tarde o temprano daría con él en un sitio así.

Eran las 22:00 horas cuando, acompañada por Luli, me dirigí a "Dim Light", el primer local nocturno donde creíamos que podríamos hallarlo para exigirle respuestas a todas las preguntas que nos quemaban la cabeza.

Buscamos por todos los rincones durante treinta largos minutos sin tener éxito, hasta que decidimos preguntarle a uno de los barmans. Él nos informó que ya no aparecía tanto por ahí, ya que ahora prefería ir a una nueva discoteca que había abierto sus puertas hacía apenas unos días, llamada "Red Night".

El contraste entre la oscuridad del exterior y el estruendo ensordecedor del interior de "Red Night" me golpeó el pecho de inmediato. El aire pesado apestaba a alcohol derramado, perfume caro, sudor y el humo artificial que denotaba la desesperación de la gente por perderse en la noche.

​Bajo las luces estroboscópicas que parpadeaban en tonos fucsias y azules ácidos, los cuerpos se apretaban y se retorcían al ritmo de un bajo tan profundo que parecía golpear directamente contra mis costillas. Cada rincón del lugar estaba abarrotado; mirara a donde mirara, solo veía siluetas riendo, bebiendo y olvidándose del mundo. Pero yo no podía relajarme ni un segundo. En mi cabeza no había espacio para la fiesta; solo resonaba el eco de la sonrisa de Angie, el recuerdo exacto de la suavidad de sus labios contra los míos la noche que nos besamos, y la rabia sorda de saber que ella estaba postrada en una fría cama de hospital mientras el responsable de su desgracia andaba suelto por ahí. Ese pensamiento fue la chispa que encendió mi determinación, dándome fuerzas para abrirme paso a empujones entre la multitud.

​—Brisa... —escuché una voz apenas audible por encima del volumen de los parlantes.

​Sentí una mano firme que me agarraba con fuerza del brazo. Al darme la vuelta, me encontré con Kevsho; tenía los ojos abiertos de par en par y una mezcla de triunfo y furia contenida en el rostro.

​—Lo encontramos. Está cerca de la barra del fondo. Ya llamamos a la policía —me susurró al oído, agitando su teléfono.

​No pasaron ni diez minutos cuando el caos estalló en la entrada principal. Las luces rojas de emergencia de las patrullas policiales comenzaron a filtrarse a través de los ventanales polarizados, tiñendo todo el local de un rojo sangriento. Los oficiales irrumpieron con paso firme, ordenando a los gritos el desalojo total del establecimiento. En cuestión de segundos, la música se cortó de golpe y la multitud empezó a ser evacuada a empujones hacia la salida, dejando el recinto vacío, lúgubre y silencioso.

​A los únicos que dejaron quedarse fue a nosotros y a él.

​Joaco estaba pálido, acorralado contra la barra de tragos por dos oficiales que le torcieron los brazos hacia atrás para colocarle las esposas metálicas. Su expresión fanfarrona se había esfumado por completo, reemplazada por el pánico puro al ver que esta vez no habría escapatoria.

Iba derecho a la cárcel por los cargos de tráfico y venta ilegal de drogas, pero antes de que se lo llevaran arrastrando, los policías lo rodearon para interrogarlo con agresividad, exigiéndole nombres, direcciones y cada detalle sobre el paradero exacto de su maldito amigo. Nosotros nos quedamos a unos metros de distancia, observando la escena con el corazón en la garganta, esperando que por fin se hiciera justicia.

COMPLICATEDHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora