Capítulo 9

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Pensándolo bien, no creía que fuera su novia... a no ser que le hubiera sido infiel con la chica de la habitación.

​¿Debería preguntarle sobre la chica de aquel cuadro?

​Me acerqué un poco más al marco para observar mejor la imagen; no lo iba a negar, la chica era bastante guapa.

​—Es una amiga, vivimos juntas —dijo Angie a mis espaldas, sobresaltándome un poco—. Ella viajó por unos días, así que puedes dormir en su habitación.

​Sentí una repentina e intensa ola de alivio al escuchar que era solo su amiga.

​—¿Dónde están Luli y Marti? —pregunté, frunciendo el ceño.

​—Luli se fue con Marti, ya que Martina bebió demasiado alcohol —explicó con tranquilidad—. Y como Luli no sabe manejar, terminaron tomando un taxi. —Se quedó en silencio por un momento, evaluándome con la mirada antes de cambiar el tono—: Luli me contó lo que pasó en la habitación con Yao. ¡¿Qué mierda estabas pensando?!

​—Bebí demasiado. Además, él me preguntó y yo solo acepté —repliqué a la defensiva.

​Ella me miró con absoluta sorpresa.

​—Me dijiste que no bebías alcohol, Brisa. ¿Por qué lo hiciste?

​Porque creo que estoy empezando a sentir cosas por ti, y verte salir de aquella habitación con esa mina me hizo sentir cosas que no debería, Angie.

​—¿Qué te importa, flaca? —respondí con sequedad, cruzándome de brazos—. Puedo hacer lo que se me dé la gana con mi vida.

​—¡No conoces a Yao! Se mete con cualquier chica que se le cruza —replicó, y su enojo se podía notar a kilómetros.

​—Igual que tú —le solté sin pensar.

​—¿Qué? —habló, con la voz tensa de la rabia—. Yo no soy así.

​—Claro, ¿y la mina con la que saliste de la habitación? Se escuchaban gemidos, Angie.

​Se quedó completamente callada, sin saber qué decir.

​—Me iré a casa —dije, dándole la espalda.

Caminé hacia la puerta, esperando en el fondo que Angie me detuviera, que dijera algo, pero no lo hizo.

​Quizás siempre espero demasiado de personas que no lo merecen.

​Como no tenía dinero en efectivo para pagar un taxi a altas horas de la madrugada, no me quedó de otra que irme caminando hasta la casa de mi abuela. Caminé durante treinta largos minutos con el frío calándome los huesos, hasta que por fin llegué. Presioné el timbre, esperando con el alma en un hilo.

​—¡Brichu! —exclamó con profunda emoción al abrir la puerta, envolviéndome en sus brazos—. Pasa, mi amor.

​—Siento mucho molestar a esta hora, abue —me disculpé con la voz quebrada—. No quería ir a mi casa.

​—No pasa nada, mi niña, siempre serás bienvenida aquí —me dio un nuevo abrazo cálido—. Anda a dormir, te ves agotada.

​Fui directamente a la habitación de invitados, un espacio que ya prácticamente era mío porque tenía mis cosas guardadas allí; al fin y al cuenta, esa casa era mi verdadero segundo hogar. Me cambié de ropa para ponerme algo cómodo y disponer a dormir, pero antes de caer rendida, saqué el celular y le envié unos mensajes a Luli.

Luli

Pudiste avisar que te ibas. (5:10 a.m.)

No debiste contarle a Angie lo que pasó en la habitación con Yao. (5:11 a.m.)

Pásalo bien con Martina :) (5:12 a.m.)

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