Me despertaron los rayos del sol que entraban a raudales por la ventana; el día afuera se veía simplemente hermoso.
Definitivamente, Angie no había dormido conmigo. Por un lado, se lo agradecía en silencio, ya que no quería seguir confundiendo las cosas: ella había dejado en claro que solo quería amistad.
Y eso era precisamente lo que odiaba. Odiaba que se empeñara en ofrecerme amistad cuando lo que yo necesitaba desesperadamente era su compañía, pero no de una forma platónica. Necesitaba sus abrazos, necesitaba escuchar de sus labios que todo iba a estar bien en medio de mi caos, pero lamentablemente nada de eso pasó.
Me levanté de la cama y fui directo al baño para tomar una ducha rápida de diez minutos. Me vestí con lo primero que encontré, me cepillé los dientes, ordené la habitación y empaqué mis cosas con la firme intención de irme. Tal vez, después de todo, también necesitaba poner distancia de por medio y alejarme de ella.
Salí de la habitación arrastrando mi maleta. No había un solo ruido en el departamento, así que salí con prisa; no quería cruzarme ni con Angie ni con Micaela. Saqué el celular y pedí un taxi. Mi destino era indiscutible: la casa de mi abuela, mi refugio y salvación.
Sin embargo, el maldito taxi tardaba una eternidad. Ya habían pasado quince minutos de espera bajo el sol y ni rastro del auto.
—¿Brisa? —escuché una voz familiar a mis espaldas. Me giré de golpe y me encontré cara a cara con Chopa.
No pude evitarlo: me abalancé sobre ella y la rodeé con los brazos. Llevábamos dos años sin vernos desde que se había mudado a vivir a Colombia. Nos habíamos conocido en la escuela a los trece años, y ella guardaba un lugar especial en mi historia: había sido mi primer beso, la primera chica que me gustó en la vida. Y no iba a negarlo, con los años se había puesto aún más hermosa.
—Te extrañé muchísimo —dijo separándose despacio de mí, mirándome de arriba a abajo—. Estás hermosa, Brisa.
Sentí cómo el calor me subía de inmediato a las mejillas, haciéndome sonrojar.
—Yo también te extrañé un montón. Y tú no te quedas atrás —le devolví la sonrisa.
—¿Quieres que te lleve a algún lado? —preguntó con gentileza, señalando con la cabeza hacia la calle.
—Sí, por favor.
Caminamos juntas hasta su auto, que estaba estacionado a unas cuadras. Muy amablemente me abrió la puerta y me ayudó a cargar la maleta en el maletero.
—¿A dónde la llevo, señorita? —preguntó con una picardía.
¡Dios! Es tan linda.
—A la casa de mi abuela. Te iré indicando el camino.
El trayecto pasó volando. La charla con Chopa logró desconectarme por completo de todo lo que había sufrido el día anterior, y se lo agradecía enormemente. Al llegar a destino, me ayudó a bajar la maleta hasta la puerta y, antes de despedirse, me extendió un papelito con su número telefónico actualizado y me regaló una sonrisa.
—Bueno, te dejo por hoy —se despidió, dejándome un beso suave justo en la comisura de los labios antes de marcharse.
Mi abuela me recibió con los brazos abiertos y una calidez infinita. Le conté a grandes rasgos todo lo que había pasado con mi familia y mi mudanza, y me aseguró que podía quedarme en su casa todo el tiempo que quisiera. Eso sí, me dejó en claro algo necesario: tenía que empezar a buscar trabajo, porque no quería que dependiera económicamente de ella, algo con lo que estuve totalmente de acuerdo.
Horas más tarde, cuando la noche ya había caído, el celular vibró sobre la mesa con un mensaje de Angie.
Angie
Espero que lo hayas pasado bien con tu amiga, amiga. (20:11)
Lo pasé excelente, adiós. (20:13)
¿Estaría celosa? Lo dudaba muchísimo. Ella misma se había encargado de remarcar que somos amigas, así que amigas seremos.
ESTÁS LEYENDO
COMPLICATED
Fiksi PenggemarUna chica de cabello azul, un secreto que quema, una familia que rechaza y un amor tan complicado que duele respirarlo. Brisa y Angie están a punto de descubrir que la línea entre salvarse y destruirse es muy delgada.
