Bajé las escaleras de la casa sorteando a la multitud que bailaba y bebía entre risas estridentes. No veía a Luli por ningún lado; supongo que se le olvidó por completo que yo estaba ahí. Fui directo a la salida y, al cruzar la puerta, el viento helado de la madrugada se apoderó de mí de golpe, sacudiéndome el cuerpo.
¿Qué se supone que debo hacer ahora?
Mi única opción era irme caminando sola. Era un poco arriesgado a altas horas de la noche, pero no me quedaba de otra... a no ser que regresara a buscar a Luli. No, prefería no molestarla.
Estuve caminando por unos diez minutos con los brazos cruzados para calmar el frío, cuando escuché unos pasos apurados y pesados resonando detrás de mí en la oscuridad. El pánico me cruzó las entrañas, pensando en lo peor, y empecé a correr a gran velocidad. Las pisadas a mis espaldas también aceleraron el ritmo, persiguiéndome.
¿Será este mi fin?
Aquí me secuestran, es oficial.
—¡BRISA! —oí gritar una voz conocida a lo lejos—. ¡PARA, SOY ANGIE!
Corrí lo más rápido que me permitieron las piernas, pasando por el susto más grande de mi vida, ¿para qué? ¿Para que el supuesto secuestrador resultara ser Angie, que venía corriendo detrás de mí? No me lo podía creer..
Me detuve de golpe, girándome con la respiración agitada y el pecho subiendo y bajando. Ella llegó a mi altura, apoyando las manos en sus rodillas mientras trataba de recuperar el aliento.
—¿¡POR QUÉ NO GRITASTE DESDE UN PRINCIPIO!? —le grité hecha una furia, todavía temblando de adrenalina.
—Baja el tono, no son las dos de la tarde —respondió con fastidio, intentando enderezarse—. Te estuve llamando y saliste corriendo como alma que lleva el diablo. ¿Se puede saber qué haces sola a esta hora?
—¡Irme a mi casa, algo obvio! —contesté a la defensiva.
—No vas a ningún lado sola —dijo de pronto, tomando aire—. Martina me prestó su auto para poder venir a buscarte cuando vi que te ibas de la fiesta. Vamos.
Me quedé mirándola con el ceño fruncido y un enojo que me quemaba por dentro.
¿Qué se creía esta chica?
—Llévame a mi casa, entonces —ordené de mala gana.
—No —dijo sin inmutarse—. Iremos a mi departamento.
—¿Es una broma?
—¿Me ves cara de estar bromeando? —me devolvió la mirada con total seriedad.
—Déjame aquí o búscame un taxi —exigí—. No voy a ir a tu departamento.
—No te pregunté si querías ir, Brisa.
La verdad es que no lograba entender el comportamiento de mierda que estaba teniendo Angie. ¿Para qué insistía en llevarme a su casa? Quizás era de esas personas que se metían con cualquiera y llevaban a distintas chicas a su departamento para hacer cosas... ¿indebidas? Y yo definitivamente no era cualquiera.
Aún me sentía mareada por los estragos del alcohol, pero en mi cabeza seguía grabada a fuego la imagen de Angie saliendo de aquella habitación con la otra chica. ¿Por qué me dolía tanto? ¡Si ni siquiera la conocía de nada!
¡Pero Angie había estado ahí encerrada con alguien!
Aunque, pensándolo bien... ¿sería bisexual?
Esa pequeña idea me dio una extraña paz mental. Por lo menos, si algún día me atrevía a contarle mi verdad, sabía que no se alejaría de mí por prejuicios.
Después de caminar unas cuadras llegamos hasta donde estaba estacionado el auto de Martina.
El trayecto transcurrió en silencio y, un rato después, sentí cómo la velocidad del vehículo disminuía suavemente hasta detenerse en el estacionamiento subterráneo de su edificio. Ella se bajó del auto, dio la vuelta y se quedó esperando junto a mi puerta.
—¿Vas a bajar o te vas a quedar a vivir ahí? —soltó con una mueca.
Estúpida, pensé.
Bajé de mala gana y la seguí de cerca mientras caminaba hacia el ascensor. Entramos y vi cómo marcaba el piso 10 en el panel. El silencio dentro de la pequeña cabina era espeso e incómodo, pero yo no tenía la menor intención de dirigirle la palabra.
Cuando se abrieron las puertas, su departamento me dejó sin palabras. Era hermoso: paredes blancas, minimalista y con una vista nocturna de la ciudad que parecía sacada de una película. Pero lo que me robó la atención de inmediato fue un cuadro colgado en la pared de la sala; en él aparecía Angie sonriendo junto a una chica de cabello café oscuro y ojos azules.
¿Será su novia?
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COMPLICATED
Fiksi PenggemarUna chica de cabello azul, un secreto que quema, una familia que rechaza y un amor tan complicado que duele respirarlo. Brisa y Angie están a punto de descubrir que la línea entre salvarse y destruirse es muy delgada.
