Faltaban pocos minutos para las nueve de la noche, la hora acordada. Frente al espejo, opté por ropa cómoda y casual que no llamara demasiado la atención. Me puse un polerón rojo vibrante, unos jeans claros con el dobladillo doblado, mis inseparables zapatillas blancas tipo Converse y una gorra azul marino que completaba el look urbano. Quería sentirme segura, esconder un poco el desastre que llevaba por dentro.
Salí a la calle justo cuando Luli aparcaba en la acera.
—Qué guapa te ves, Bri —me saludó por la ventanilla, y enseguida noté que no venía sola.
—Tú igual, Lu —le respondí, forzando una sonrisa.
—Vine con la amiga que te comenté, y ella trajo a alguien más —explicó, señalando con la cabeza hacia un auto de color naranja estacionado detrás—. Vamos, sube.
Asentí y caminé hacia el vehículo. Al acercarme, mi corazón dio un vuelco. A través del cristal logré distinguir un detalle que me cortó la respiración: una inconfundible cabellera azul. No, no puede ser.
—Ve con Angie atrás, yo iré de copiloto con Martina —dijo Luli, totalmente ajena a mi crisis interna—. Es re buena onda, se llevarán bien.
Mierda. Es ella.
Abrí la puerta tragando saliva y me deslicé en el asiento trasero. Sí, definitivamente era ella.
—Bueno, chicas, ella es Brisa —dijo Luli, presentándome con entusiasmo.
—Hola, Brisa. Yo soy Martina —saludó la chica del asiento del conductor con una sonrisa amable. Le devolví el gesto como pude.
—Hola —soltó Angie a mi lado. Su tono fue cortante, gélido. Ni siquiera me miró, y la entendía perfectamente; a mí tampoco me habría gustado que me dejaran plantada.
El trayecto se hizo eterno. El habitáculo estaba lleno por la música y la conversación animada entre Martina y Luli, pero en la parte de atrás, el silencio entre Angie y yo era tan denso que asfixiaba. Me encogí en mi asiento, hundiendo las manos en los bolsillos del polerón, rogando llegar rápido para escapar de esa incomodidad.
—Llegamos —anunció por fin Martina.
Apenas el auto se detuvo, abrí la puerta y salí disparada. Necesitaba aire, distancia, evitar a Angie a toda costa.
—¡Hey, Brisa! Espera —escuché su voz a mis espaldas.
Me detuve en seco y me giré, poniéndome a la defensiva al instante.
—Cálmate —suspiró ella, acortando la distancia entre nosotras—. Solo quiero saber cómo estás.
Su tono ya no era tan cortante como en el auto. Relajé los hombros, sintiendo de golpe todo el peso de la culpa.
—Estoy bien —respondí en un hilo de voz—. Y... perdón por lo de la cafetería. Yo solo... no me siento lista para contarte nada aún.
Hablé con genuino arrepentimiento, bajando la mirada. Ella guardó silencio un segundo que me pareció eterno.
—Entiendo, no te preocupes —dijo de pronto. Al levantar la vista, vi que me dedicaba esa misma sonrisa cálida y comprensiva de la tarde anterior—. Vamos, entremos.
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COMPLICATED
FanfictionUna chica de cabello azul, un secreto que quema, una familia que rechaza y un amor tan complicado que duele respirarlo. Brisa y Angie están a punto de descubrir que la línea entre salvarse y destruirse es muy delgada.
