Entramos a la casa de Kevsho, un amigo de Luli. No he hablado mucho con él, pero por lo poco que hemos conversado, me parece un chico amable y guapo.
La casa de Kevsho bullía con la energía clásica de una reunión de sábado por la noche. El ambiente estaba cargado con el olor espeso del alcohol, el humo tenue y una mezcla de risas estridentes que competían contra la música a todo volumen que retumbaba en las paredes. Las luces de la sala, teñidas de tonos azulados y rojizos, iluminaban a grupos de personas dispersas entre los sillones y la cocina, creando esa atmósfera caótica y desinhibida de una fiesta donde todos parecen conocerme, pero nadie repara realmente en ti.
—¿Quieres tomar algo? —me preguntó Angie.
—No, no bebo —mi respuesta la dejó sorprendida—. No me gusta el alcohol.
—¿Quieres agua? —empezó a reír a carcajadas. La miré mal—. Lo siento.
—No pasa nada, Ángeles —le sonreí.
—Hola, Angie —saludó Kevsho—. Hola, guapa —me miró; se notaba que las copas ya se le habían subido a la cabeza.
—¿Son novios? —preguntó Angie, ¿con enojo?
—Sí, ¿algún problema? —dijo Kevsho, acercándose para abrazarme por los hombros.
—No, no lo somos —dije de inmediato—. Kevsho, suéltame —ya me estaba incomodando.
—Ya, flaca, solo es una broma.
Desplacé su brazo con fastidio y, al mirar a mi alrededor, me di cuenta de que Angie ya no estaba con nosotros. Dejé a Kevsho solo en medio de la sala y me dispuse a buscarla. Recorrí toda la planta baja y luego subí las escaleras, revisando el pasillo hasta llegar a una habitación al fondo del segundo piso.
De ahí dentro se filtraban murmullos y gemidos inconfundibles. Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe, dejándome ver a Angie con el cabello revuelto y la ropa desarreglada, acompañada por otra chica.
La atmósfera dentro de aquella habitación parecía pesada, cargada con un aire denso que olía a perfume dulce y sudor. A través de la rendija de la puerta abierta, el contraste de la luz tenue del pasillo con la oscuridad del dormitorio dejaba ver sábanas revueltas y una botella de alcohol tirada en el suelo.
Angie me miraba con fijeza, respirando con cierta agitación, mientras intentaba acomodarse la ropa con torpeza. Los mechones de su característico cabello azul caían desordenados sobre sus hombros y frente, pegados por el calor del momento, y su blusa estaba ligeramente desabotonada. Detrás de ella, la otra chica sonreía con una mueca de burla y fastidio, claramente molesta por la interrupción. Verla así, de esa manera, se sintió como un golpe seco directo en el estómago.
—¿Qué haces aquí? —preguntó a la defensiva.
—Te buscaba.
—Podrías haber esperado abajo, Brisa —espetó con evidente enojo en la voz.
—Vete a la mierda, Angie —le solté, d media vuelta y saliendo de ahí a zancadas.
No quería verla, me hacía un daño inexplicable verla así con otra persona. Sé perfectamente que apenas la había conocido hace muy poco, que no éramos nada y que no tenía ningún derecho a reclamarle nada, pero aun así, había algo en ella que me atraía con una fuerza imantada y me destrozaba por dentro. Con el pecho apretado, decidí ir por un trago. Nunca en mi vida había tomado, pero en ese momento lo único que quería era anestesiar la cabeza, borrar la imagen de Angie en esa habitación y apagar todo lo que sentía.
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COMPLICATED
FanfictionUna chica de cabello azul, un secreto que quema, una familia que rechaza y un amor tan complicado que duele respirarlo. Brisa y Angie están a punto de descubrir que la línea entre salvarse y destruirse es muy delgada.
