Esta es la historia de Sebástian Lizárraga, un chico de 15 años quien se cambia de escuela para poder empezar de nuevo y dejar su pasado atrás, pero lo que no sabe es que este lo va a perseguir y tendrá que enfrentarlo sea como sea.
Volví a abrir los ojos, me encontraba adolorido por el golpe que tuve ayer, en casa de Luis, y el golpe de hoy. Traté de levantarme pero me sentía muy mareado, a mi costado había una especie de rueda enorme, esas ruedas donde se envuelven los cables, de esta sobresalía mucho moho, con la poca fuerza que tenía me pude levantar y sentar sobre ella. Comencé a respirar hondo, hasta sentirme mejor, y luego caminé hacia mi casa.
Al llegar, mi madre me esperaba en la cocina.
- Dios mío, ¿qué te pasó? - dijo esta, preocupada.
- Nada, mamá. Me tropecé con los cordones de mis zapatos y caí al suelo.
- Deja que te cure - me dijo esta, mientras sacaba un botiquín de un cajón de la cocina. - Tienes que tener más cuidado la próxima vez.
- Si, mamá.
- Oye, no me contaste sobre tu pijamada de ayer. ¿Te divertiste ?
Se me vinieron las imágenes del sueño húmedo que tuve.
- Si, si. Todo bien. La verdad no hicimos mucho, solo jugamos y cada uno durmió en camas distintas.
- Bueno, ya está. - Dijo mi madre, guardando las medicinas.
- Gracias. - el dije, mientras me levantaba y me iba a mi habitación.
Entré a mi habitación, me saqué el uniforme, saqué mi móvil, y lo tiré sobre la cama, me puse una ropa más cómoda y también me tiré sobre esta. Comencé a divagar en mis pensamientos hasta que me acorde de algo. ¡Luis!
Cogí mi celular y le escribí.
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Terminé de escribirle y me quede dormido.
Ya era viernes, salía de la escuela, con dirección a mi casa, caminaba con las manos metidas en los bolsillos y mirando el piso, mi inseguridad no me dejaba ver de frente. Escuche un ruido, justo en ese mismo callejón en donde me dieron la paliza de la vez pasada, era el chico alto de cabello negro, este estaba gritándole a alguien por teléfono, luego colgó y se sentó, apoyado en la pared, llorando.
- ¿Sucede algo? - Le dije, mientras me acercaba a él.
No se porqué lo hice, solo lo hice. El chico me miró y se tapó el rostro con los brazos.
- ¡Aléjate! - gritó, mientras lloraba.
- Solo trato de ayudar.
- Es imposible, nadie puede ayudarme. Y menos alguien de este colegio homofóbico de mierda.
- No todos son así, también existen personas buenas. - Me arrodillé y le toqué el hombro.
Este levantó el rostro, cubierto de lágrimas, me miró a los ojos y se dio cuenta que decía la verdad.
- Oye, ¿tú no eres el chico nuevo?, ¿al que vi el primer día de clase?
- Pues sí - Lo miré, sonriendo.
Este dejó de llorar, se limpió las lágrimas y se levantó.
- Soy Freddy - Me dijo, extendiendo la mano en forma de saludo.
- Y yo Sebastián - Le dije, estrechando su mano- Oye... ¿por qué estabas llorando?
- Lo que pasa es que... - Dudó - hablé con mi padre, que está de viaje y no se si regrese porque parecía molesto desde la última vez que lo vi. Le pregunté cuándo volvería y me respondió que no lo vuelva a llamar nunca más en su vida, que le da vergüenza tener a un hijo "maricón" como yo. Ahora que te conté esto, espero que no salgas huyendo.
- ¿Huir? No tengo porqué hacerlo. La verdad, te entiendo perfectamente porque ... también soy gay, creo. - Me agarré la cabeza y sonreí.
- ¿Creo?
- Es que nunca tuve ninguna experiencia con chicas ni chicos, pero siento que me atraen más los chicos, así que supongo que soy gay.
- Oh, entiendo. Bueno eres un bebé aún - Rió - te falta mucho por experimentar.
- No soy tan bebé, ya tengo 15 y pronto tendré 16. ¿Y tú? ¿30?
- Tengo 17 - rió.
Lo miré sorprendido.
- Oye pero ¿tú... estudias aquí?
- Pues de hecho sólo estoy acá ayudando a mi madre, la jefa de normas.
- ¡¿Tu madre es... la jefa de normas?! - lo miré asustado, tragando saliva.
- Pues si - sonrío este - es una mujer de carácter muy fuerte como lo habrás notado, pero tiene su lado tierno que sólo yo conozco.
- Muy fuerte diría yo. Parece... Tronchatoro de Matilda. - Me reí.
- Bueno tienes razón - también rió. - Oye, gracias, ya me siento mejor. Eres el primer amigo que tengo acá, como verás, no tengo muchos amigos que digamos, aparte todos me miran súper mal porque paro mucho con mi madre y piensan que soy un chupamedias, pero no es así.
- La verdad, yo pensé pensé eso el primer día - Sonreí, mientras me tocaba la parte trasera cabeza. - Bueno me tengo que ir, quedé con un amigo en que lo ayudaría a estudiar, suerte.
Le di un abrazo a Freddy y me fui a casa, pensando en que no era el único gay del colegio.