Damián Cevedo.
-No entiendo nada de esto – le digo a Hanna arrojando el libro de química frustrado a la mesa de la biblioteca, llevamos una hora estudiando y aun no se me queda nada, ella al parecer domina la mayoría de los temas sin mucho problema lo cual envidio un poco.
-Vamos solo concéntrate un poco más – toma el libro de nuevo y lo abre en la página donde estábamos – ¿Dónde está Damián Cevedo el genio de las matemáticas?
-Las matemáticas son mucho más fáciles que esto – refuté – cada problema tiene una fórmula que seguir y sabes con exactitud el resultado que obtendrás.
-Si, pero también son algo, ya sabes...aburridas.
- ¿Acaso acabas de decirme que soy aburrido? - puede ser que, si lo sea, pero a mí me gusta que las cosas sean así, que no exista la posibilidad de que haya resultados
-Por supuesto que no amigo mío, se nota que eres el rey de la diversión – la burla en su voz no me pasa desapercibida.
¿Qué tiene de malo que no me arroje al primer precipicio que veo? A diferencia de los demás suelo pensar muchísimo antes de tomar algún riesgo, yo lo veo como un escudo que me protege de todo malo.
Claro que en ocasiones mi escudo falla, en especial cuando estoy cerca de una niña terca que justo está entrando a la biblioteca con sus amigos poniendo mi corazón a mil.
Ya han pasado un par de días desde nuestra salida, la verdad aún me cuesta creer que todo esté pasando entre nosotros, se siente como un sueño del que no quiero despertar jamás
Trato de disimular una sonrisa cuando la veo pasar y me obligo a ponerle a atención a Hanna que me explica lo que vendrá en el examen de mañana, de reojo veo como se sienta a unas mesas alejada de nosotros, su amiga la castaña está contándole algo muy entusiasmada haciéndola reír un par de veces.
Dios como me encanta su sonrisa.
Cuando terminamos decido ir a buscar algo para leer para matar el tiempo antes de nuestra próxima clase.
Podría ser algo de terror, me digo indeciso mientras leo los títulos de los libros en busca de algo bueno.
-Demonios si así lucen los ratones de biblioteca tendré que venir más seguido por aquí – casi pude ver como el aire abandonaba mis pulmones cuando la escuche a unos pasos atrás de mi - ¿te han dicho que ese pantalón se te ve muy bien por detrás?
Una extraña electricidad recorrió mi cuerpo cuando giré y la vi recargada en un librero mordiéndose ligeramente el labio inferior.
- ¿Acaso estas acosándome? – le pregunto serio y ella pestañea un poco asustada.
-No lo siento...yo solo – empieza a decir, pero no la deja terminar.
-Solo bromeo niña terca – una sonrisa torcida se forma en mis labios – no necesitas venir a la biblioteca para verme, puedo modelar exclusivamente para ti cuando quieras y donde quieras.
Eso la hizo morderse el labio con un poco más de fuerza.
-Y yo que pensé que la única atrevida aquí era yo – se acerca con mucha clase y me desordena el cabello – tal vez no eres un niño bueno después de todo Damián Cevedo.
- puede ser que tengas razón quizá no soy un pan de Dios, pero estoy completamente seguro que tú eres más dulce de lo que aparentas – ella suelta una carcajada incrédula y se separa un poco de mí.
-Soy todo lo que quieras niño bonito menos dulce, eso jamás – con una gran sonrisa triunfal da media vuelta y se va tan de repente como llego.
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Aurora
Teen FictionSiempre he sido una persona sencilla, de esas que disfrutan de un día tranquilo en la playa y evita los riesgos a toda costa. Me gustaba mantener todo bajo control y que nada ni nadie interviniera en el pequeño mundo al que me había exiliado por vol...
