Damián Cevedo.
- ¿Dónde rayos estamos?, pensé que iríamos a desayunar – protestó Julio con el ceño fruncido mientras estacionaba la camioneta enfrente de la casa de Aurora, observo el lugar y para mi buena suerte no tenía ni idea de donde estábamos - ¡me muero de hambre!
-Deja de quejarte, tu estomago puede esperar – zanjé le di una mirada severa, luego lo señale acusadoramente – todo esto es tu culpa y la de esa bebida extraña que me diste a noche.
puso la mano en su pecho ofendido.
-Se llama Lujuria – corrigió tranquilo completamente orgulloso de su creación.
-Como se llame esa cosa, jamás volveré a confiar en ti – aseguré y él fingió no escucharme.
Sin decir nada más baje de la camioneta y a paso seguro me dirigí a la casa.
No tengo ni puta idea de lo que voy a decirle cuando la tenga enfrente, solo quiero verla para saber si hay un rayo de esperanza en medio de este desastre que hemos creado.
Los recuerdos de la noche anterior eran algo borrosos, solo pude recordar ciertas cosas.
Un tipo quería usarme como saco de boxeo y Aurora me salvo, después dijo algo sobre hacer una travesura y me besó. de ahí en más nada está completamente claro. Cuando me desperté tenía un dolor de cabeza horrible y una nota a lado de mi almohada.
ella no estaba.
Me detuve cuando estuve a solo unos pasos de la puerta y algo inseguro golpeé suavemente.
y pensar que hace semanas estaba dispuesto a solo verla de lejos.
Ahora las cosas eran totalmente distintas.
No estaba contemplando dejarla ir después de todo lo que había pasado.
Mi corazón comenzó a descontrolarse cuando escuche pasos del otro lado de la puerta.
Poco a poco la puerta se abrió y todas mis esperanzas se esfumaron de golpe.
-Hola Victoria – salude tratando de poner la sonrisa más amable que puedo – yo...estoy buscando a Aurora, ¿está en casa?
Ella noto la decepción y sonrió en gesto de compasión. Esa no era misma Victoria que había visto en el café el otro día, tenia el cabello sujeto por un moño y unos cuantos mechones rubios estaban de fuera dándole un aire desalineado.
Dudo unos segundos, parecía que estaba buscando las palabras correctas o inventando una muy buena excusa.
-Lo...lamento Damián, ella se fue hace un momento – contesto tratando de ocultar su nerviosismo, curiosamente era el mismo que tenía Aurora cuando mentía – acompaño a mis padres al aeropuerto.
Definitivamente a las hermanas Ferreira no se les daba bien mentir.
- ¿Podrías decirle que vine a buscarla? – no quería sonar desesperado, aunque en realidad si lo estaba y mucho.
-Por supuesto, le diré que estuviste aquí – me dio una última sonrisa nerviosa y cerró la puerta de golpe. Evitando que pudiera hacerle otra pregunta.
Algo desconcertado camine de regreso a la camioneta pensando otro plan, tengo que encontrar la manera de hablar con ella, sea como sea.
cuando me subí a la camioneta Julio estaba distraído viendo la casa de Aurora.
-Se escapó por la ventana – dijo en voz baja, parecía que lo decía más para él que para mí.
- ¿De qué hablas? - miré hacia la casa muy confundido, no había nada extraño.
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Aurora
Teen FictionSiempre he sido una persona sencilla, de esas que disfrutan de un día tranquilo en la playa y evita los riesgos a toda costa. Me gustaba mantener todo bajo control y que nada ni nadie interviniera en el pequeño mundo al que me había exiliado por vol...
