Siempre he sido una persona sencilla, de esas que disfrutan de un día tranquilo en la playa y evita los riesgos a toda costa. Me gustaba mantener todo bajo control y que nada ni nadie interviniera en el pequeño mundo al que me había exiliado por vol...
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Aurora se giró lentamente para verme, cuando estuvo enfrente de mi pude ver su cara llena de terror, la había asustado horriblemente y no me daba remordimiento, a mi casi me daba un infarto minutos atrás cuando sentí los pasos de alguien atrás de mí hasta que me di cuenta que era ella tratando de esconderse detrás de un árbol.
- ¿no vas a hablar? – le pregunte alzando una ceja.
-y..yo quería hablar conti..tigo – escucharla tartamudear era nuevo para mí, jamás la vi tan insegura de decir las cosas.
- ¿y por eso casi me matas de infarto?
-tú eres quien casi me mata a mi- dijo eso llevándose una mano al pecho donde estaba su corazón que seguramente estaba tan acelerado como el mío, ya se le estaba pasando la emoción y su voz ya recuperaba su seguridad – y me debes un helado.
- ¿te imaginas el susto que me dio sentir que alguien estaba detrás de mí?, ¿Cómo se te ocurrió? – no estaba para nada molesto, pero necesitaba que ella supiera que no estaba bien lo que hizo, ¿en que estaba pensando?
- no fue mi intención - había un claro remordimiento en su voz, lo que hizo que me relajara un poco – solo quería terminar con nuestra conversación.
- nuestra conversación ya termino Aurora – exclamé frustrado - te dije que no te iba a decir nada, creo que lo deje muy claro, no puedo darte explicaciones
- ¿no puedes darme explicaciones?, ¿a que te refieres con eso?- se cruzó de brazos esperando mi respuesta.
Mátenme ahora.
-no debo, iba a decir no debo darte explicaciones – dije tratando de arreglarlo, rezaba para que ella se lo hubiera creído pero por su mirada no parecía nada convencida.
-eres un cabeza dura, solo dime la verdad – dijo con irritación.
- ¿yo soy el cabeza dura? – pregunté, ella me había seguido como toda una acosadora y yo era el cabeza dura.
- si – respondió, amaba su seguridad, pero ahora me está poniendo de nervios.
- ¡tu eres la que me esta siguiendo a mi cuando ya te dije que no iba a decir nada! - quizá mi tono era mas alto del que hubiera querido pero no lo pude controlar
- con eso solo estas confirmando que estoy en lo correcto – en su rostro se formo una gran sonrisa y sus ojos me veían desafiantes.
- primero, bájale dos rayitas a tu ego y segundo quítate de ahí por que estas pisando un hormiguero y las hormigas están a punto de atacarte – dio un salto acompañado de un grito, inmediatamente empecé a reír como loco, las hormigas se estaban dando un festín con el helado que se le había tirado.
- ¡cállate!, que si me picaron – chilló mientras se sentaba en una pequeña banca que estaba cerca y se quito sus zapatos para sacudirlos – mis zapatos están llenos de hormigas.