Damián Cevedo.
Silencio.
Que Aurora se quedara en silencio no era buena señal.
- ¿Aurora? – volví a preguntar girándome para quedar frente a ella. Una horrible sensación azoto mi estómago.
Ella levantó la vista y el miedo que empezaba a colarse en sus ojos me confirmó lo peor.
Vamos, no podíamos estar perdidos.
¿O sí?
Cuando paso un rato y ambos empezamos a asimilar la situación el miedo también comenzó a crecer por mi pecho.
No porque jamás fueran a encontrarnos si no porque Julio se había quedado con mi teléfono y Dios sabe qué cosas hará ese sinvergüenza con lo que hay ahí.
-Debe de ser por allá - Aurora ya había salido de su estado de shock y apuntó a un pequeño sendero entre los árboles.
Como no tuvimos otra mejor idea a paso nervioso comenzamos a caminar entre los árboles. Cada vez se me hacía más difícil reconocer le camino.
Todo estaba cubierto de maleza y árboles eran todos exactamente iguales. No había ni una pista ni una señal o pista que nos dijera donde había quedado el resto del mundo.
- ¿Segura que es por aquí? - pregunté mirándola de reojo. Ella miro con atención el camino unos segundos.
Juro que casi pude escuchar como trago saliva.
-Espero que sí -dijo en un hilo de voz para nada convencida - veré si puedo agarrar señal con el teléfono.
Sacó el aparato del bolsillo de su chaqueta y comenzó a caminar para encontrar algún sitio donde pudiera encontrar señal.
A pesar de que levantó los brazos lo más alto que pudo y me uso como antena humana, no paso nada.
Era un hecho, estábamos solos y sin poder comunicarnos en medio de ese inmenso bosque. Como si estuviéramos varados en medio del desierto.
Ni, aunque gritáramos con todas nuestras fuerzas Perdidoooos, estamos perdidooos. Nadie nos escucharía.
-Esto es tú culpa Niño bonito - dijo todavía con la vista en su teléfono y la frente ligeramente arrugada.
Le di una mirada severa y me detuve.
- ¿Mi culpa? - escupí incrédulo - yo no fui quien casi se mete en una pelea con un imbécil.
Ella levanto la vista hacia mí y vi como su rostro comenzaba a enrojecer poco a poco por la rabia que había comenzado a hervir dentro de ella.
- ¡Acabo de decir que no debiste meterte! – soltó con enojo mientras me señalaba con frialdad - Tú no eres nadie para venir a salvarme
Respiré hondo y reuní todas mis fuerzas para tragarme el orgullo.
- ¿Y si quiero salvarte? - nuestras respiraciones estaban alteradas y la tensión en el ambiente podía sentirse a kilómetros - ¿Qué puto problema hay en el que quiera protegerte?
Sus ojos se abrieron de par en par. Ella no se esperaba mi pregunta en lo absoluto.
Por un momento pareció dudar, solo por un momento pude ver como todas sus defensas fallaban y la esperanza llenó mi pecho. Pero, tan rápido como pudo volvió a recobrar toda su seguridad.
- ¿De verdad aún no te has dado cuenta? - empezó a hablar y aunque, su tono era más tranquilo que antes ninguno de los dos estaba dispuesto a bajar la guardia – Tú, niño bonito, quieres salvar algo que está perdido desde hace bastante tiempo.
ESTÁS LEYENDO
Aurora
Novela JuvenilSiempre he sido una persona sencilla, de esas que disfrutan de un día tranquilo en la playa y evita los riesgos a toda costa. Me gustaba mantener todo bajo control y que nada ni nadie interviniera en el pequeño mundo al que me había exiliado por vol...
