Damián Cevedo.
Y ahí estaba.
La señal que había pedido a gritos.
Sus palabras fueron claras y directas.
Fue un juego divertido y cruel.
Mas divertido que cruel para ella.
Me quería ir de ahí a toda velocidad, pero mis piernas no respondían. Ella tampoco movió un solo musculo.
Seguíamos tan cerca que nuestras respiraciones chocaban entre sí. Detuve la mirada en sus labios, parecía como si hubieran pasado siglos desde nuestro beso.
Tenía miedo que si me movía a decía algo más sus palabras se convertirían en realidad y me golpearían como un bate de beisbol a una pelota.
El aire se tornó más pesado y el silencio volvió a llenar el pequeño espacio.
Por eso había dejado una nota en vez de quedarse a hablar conmigo. No quería verme a la cara cuando me mandara a volar.
El sonido de la puerta abriéndose nos distrajo y agradecí al cielo porque de haber estado un segundo más me habría caído a pedazos delante de ella.
-Uy lo lamento – una chica con cabello revuelto y el maquillaje corrido estaba parada en el marco de la puerta - pensé que no había nadie.
Volví a tomar mi postura y me separé de Aurora lentamente.
- ya nos íbamos – dije mientras comencé a caminar hacia la puerta y la chica se hizo a un lado para dejarme pasar.
Ni siquiera quería girar para ver si Aurora se había movido de su lugar, lo mejor era salir de ahí cuanto antes.
Con los puños apretados y la mandíbula tensa bajé las escaleras. Tuve que esquivar un par de chicos ebrios para poder llegar a la barra.
Solo tenía buscar a Hanna para salir de ahí.
Era un mar de gente bailando y bebiendo que tarde unos segundos para distinguir a mi rubia amiga. Estaba sentada en la barra hablando con un chico de cabello negro y grandes hombros.
- ¿Podemos irnos ya? – pregunté en voz baja cuando estuve a lado de ellos. Hanna pareció entender lo que estaba pasando solo asintió y se despidió de su nuevo amigo.
-Me encanto este lugar – grito emocionada mientras se aferraba a mi brazo para que la gente no la empujara – al principio pensé que era un truco para robar nuestros órganos o algo así, pero es un lugar muy...interesante.
Si te daba algo de miedo al principio, pero el Zoho era un club bastante normal y refinado en medio de la nada. Todos los que estaban ahí parecían ser importantes o hijos de gente importante.
Justo como Julio dijo, el lugar perfecto para estar sin ser reconocido. Aunque no podía entender porque a Aurora le importaba tanto ser invisible.
Si fo fuera alguno de esos chicos la habría notado a miles de kilómetros.
Hanna no hizo ninguna pregunta en todo el camino, pero se que sin embargo sé que moría por sacar información. No paraba de mirarme y en algunas ocasiones abrió la boca para decir algo, pero se arrepintió.
Fue hasta que estuvimos enfrente de su casa cuando decidió hablar.
-Lamento que las cosas no hayan salido bien – espero mi reacción unos segundos y después me dedico una pequeña sonrisa reconfortante – si te sirve de consuelo creo que me comí una mosca en vez una pasa.
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Aurora
Teen FictionSiempre he sido una persona sencilla, de esas que disfrutan de un día tranquilo en la playa y evita los riesgos a toda costa. Me gustaba mantener todo bajo control y que nada ni nadie interviniera en el pequeño mundo al que me había exiliado por vol...
