Lucifer, Azrael y Kezabel aparecieron en la puerta de entrada al nido como si nada. No había casi nadie en los pasillos, salvo ángeles menores que tenían el objetivo de hacer mantenimiento, esos eran mas bajos de lo normal y usaban túnicas blancas sin nada mas. Todos estaban sorprendidos al ver a Lucifer de regreso, y mas con las bellas túnicas rojas con bordados dorados que Azrael construyó con magia. Azael seguía con la forma de Kyon, y los otros dos trataban de aparentar ser como los demás ángeles.
-¿Donde estan todos los demás?- Dijo Azrael a uno de los ángeles menores.
- En... en el trono.- Dijo tartamudo, parecía que los ojos se le iban a salir o que se iba a desmayar,- Perfecto.- dijo el ángel tenebroso,-Largo de aquí.- dijo Azrael haciendo que el ángel saliera corriendo.
-¿Cual es el plan?- dijo Kezabel a sus compañeros.
- Vamos a ir a la armería, tomaremos armas y armaduras. Luego entramos y Lucifer va a tratar de convencerlos de que se unan. Los demás están en Behemothis pero la verdad no se por cuanto tiempo, necesitamos ejércitos para protegernos. Pero una vez tengamos eso yo me encargo del trono, voy a centrarme en el y trataré de acceder al cielo, y voy a corromper lo... Sin el Padre no hay dialéctica, y sin dialéctica reinicio. Kezabel tu debes buscar a los humanos y asesinarlos, no dejaremos que seres tan desgraciados existan aquí. ¿Todos entendieron?- explico el caído.
- Sí. Vamos.- dijo Lucifer, y caminaron por los pasillos blanco mármol hasta la armeria, la reaccion de los menores fue la misma por donde sea que pasaban hasta que llegaron a la armeria, la puerta estaba cerrada.
-¿Y ahora qué?- dijo Kezabel.
– Es necesario encontrar al herrero– dijo Lucifer contemplando la dorada puerta del lugar.
– Tenemos un problema entonces.– dijo Kezabel.
– ¿Por qué?
– Lo atacamos cuando huimos, no debió haber sobrevivido su forma física y por seguridad sellaron el lugar.
– ¿¡Mataste a Nathaniel!?– dijo Lucifer incrédulo, sorprendido e incluso algo enojado cuasi furioso.
– No me dejo otra alternativa, y además fue Kezabel quien lo apuñaló.– dijo Samael quien parecía estar buscando algo, pues con sus ojos recorría una y otra vez el pasillo como si siguiera a un ratón o algo así de escurridizo. – ¿Algo que quieras decir Lucifer?– complementó mirando al arcángel, el cual se quedó en silencio y caminó hasta un pasillo que se cruzaba con el suyo, y vio a varios querubines que estaban hablando, todos con espadas y cargando a alguien. Lucifer se acercó para ver a quien cargaban, y era a Kyon. A quien Samael le robó su forma física.
-¡Maldita sea!- exclamo Lucifer, pero, para su mala suerte, los querubines lo oyeron y empezaron a ir a donde el estaba- Debemos escondernos, ya se dieron cuenta del truco de Kyon. Si te ven- dijo a Samael- Nos matan a todos.
– No seas cobarde Lucifer, ellos son nuestra entrada.– dijo Samael quien se paró a la mitad del pasillo donde estaban. Samel se concentró y sacó unas alargadas garras de su mano mientras Kezabel y Lucifer solo le miraban. -¿ Recuerdan lo de sus garras?- dijo el ángel tenebroso, mientras que las manos de sus compañeros empezaban a transformarse en unas horribles garras grises de corte siniestro, como la mano de un lagarto o una mano de piedra, a su vez que sus ojos se volvieron rojos como la sangre en el iris, junto a que se volvió negro como el carbón alrededor de sus iris sangrientos. Se ocultaron en los lados de un pasillo que cruzaba horizontalmente el pasillo donde estaba el taller, así que esperaron a que los querubines cruzaran el pasillo para lanzarse contra ellos, Lucifer y Kezabel golpearon el rostro de dos guardias sosteniendo siempre la mano que tenia la espada flameante de orichalcumm, Samael hizo igual pero en vez de golpear, arañaba, apuñalaba y cortaba con sus garras, era como un animal rabioso destrozando a sus presas con un sadismo cruel. Después de esa primera arremetida, los tres ya tenían una espada dorada, a partir de ahí mataron a los demás querubines, dejaron solo a Kyon quien estaba caído en medio de las túnicas cortadas de las víctimas de la masacre. Así Samael tomó a Kyon del cuello levantándolo quince centímetros sobre el suelo - Tu sabes donde esta la llave de esta puerta.- dijo estampándolo contra la puerta dorada de la armería, - Dilo o te voy a destruir la cabeza contra esta misma puerta. ¡Dilo!
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La Angelomaquia
FantasyLa historia de la humanidad nunca contada, donde los ángeles se dividieron, los dioses pelearon y la humanidad fue el pilar de todo el conflicto, Es hora de revelar la verdad de una de las guerreras más trascendentes del universo, la guerra civil de...
