Capitulo 3: El Juicio.

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Todos los ángeles se ubicaron en las escalinatas celestiales, y altas que los miles de celestiales cabían a la perfección y eran tan altas que la imaginación humana no alcanzaría para dimensionar las, los serafines se encontraban alrededor del trono de Dios, todos lo serafines tenían seis alas, dos cuidando sus ojos de la luz de Dios, dos cuidando sus pies y torso del calor de Dios y dos que los mantenían aflore, todos alabaron y cantaron hasta que entró Velkorck Lafarck el cual se arrodilló esperando el inicio del juicio, en ese momento todos callaron.

De entre ellos salió una ángel con forma de mujer joven, bella, de piel blanquecina y ojos de un verde intenso, su pelo rubio bajaba hasta un poco más abajo de sus hombros y este caía con una perfección sin igual.

–Velkorck Lafarck, ángel de los tres dones, el más perfecto de todos los divinos, el predilecto de Dios, antes de empezar, ¿Sabes de qué se te acusa?–dijo la ángel con una voz tan potente y clara que hasta el último de los ángeles en la cúpula celeste escucharon con si se le hubiera hablado al oído.

–Si, Yekun, portavoz de Dios... Una pregunta antes de mi juicio ¿El padre hará presencia aquí?

En ese momento la luz del trono blanco del altísimo empezó a brillar, todos los ángeles perplejos vieron al bello trono, del blanco más puro que existía, con un brillo equivalente al de mil soles juntos y apareció un hombre, un Dios, un Padre, el padre de todo los ángeles, animales y todo lo que existía; era un hombre de piel negra, con ojos rasgados y unos ojos azules profundos que parecían encerrar todo el saber de todo el universo, de todo el tiempo, pasado presente y futuro al tiempo.

–Se que ha pasado, hijos míos, pero antes de dictar un juicio quisiera escuchar al acusado...– el Padre señaló con la punta de la mano abierta en un gesto bellos, elegantes y que inspiraba confianza a Velkorck Lafarck.

–Padre usted ya sabe que ha pasado, ya sabe que he fallado...solo dicte su sentencia y yo la acatare...– dijo Velkorck con la cabeza inclinada hacia abajo, avergonzado y al borde del llanto por la rabia, la frustración, la impotencia y todo porque falló, se suponía que era el más perfecto ese era su misión, su razón de ser y falló literalmente el sentido de su existencia no tenía sentido ahora, solo quería pasar el juicio y desaparecer, morir si le era posible.

– Lo se hijo, pero hay algo que no se con precisión y eso me inquieta y sólo tú podrás quitarme esa inquietud de mi saber...–el padre lucia pensativo, hizo una pausa en la que ningún ángel se atrevió siquiera a hablar y cuando se empezo a sentir una presión y tención en la atmósfera por la expectativa de las siguientes palabras del altísimo, quien finalmente prosiguió –. ¿Quien te ha atacado a ti y tus hermanos que te acompañaban?¿Quien a sido capaz de tal hasaña? ¿Quien a escapado donde mi poder no puede alcanzalo?¿Quien a podido causar la derrota del más perfecto de mis hijos?– dijo el padre en su característico tono neutro, sin emociones y sin traba alguna.

Velkorck callo un segundo en el que tomó aire para reflexionar, soltó una mueca de terror, en su mente había vuelto a ese momento, había vuelto a ver a los angeles corruptos, y vio su espada flameante y un poco más adelante de la luz de su afilada arma; cuerpos, pies, manos y la peor parte; la cabeza de Mirh, con los ojos blancos, la boca abierta de manera horrenda y aterradora, imagen que tendría Velkorck en su cabeza hasta el final de sus días...

Tras un breve tiempo para sacar la imagen de su cabeza, Velkorck dijo con un tono de voz quebradizo –. Fue Adramelek, el ángel fugitivo....– dijo sin alzar su cabeza para esconder sus ojos llorosos.

La cara del padre se enfureció fungiendo su seño con desaprobación –. ¡¿Acaso un ángel sin poder  a podido con el más fuerte de ustedes, mis hijos?!

–Señor, se que usted está enojado, se que no tengo perdón...si le dijera la verdad, no me creería...– Velkorck tomo un tiempo para pensar –. Si le dijera...que de alguna manera... Adramelek tiene poder divino...que no es de usted...que le da poderes que ninguno de nosotros tiene...si le dijera...que hay cosas que le hace, que ni siquiera los más poderosos de nosotros pueden...

–¿¡Acaso tras el asesinato de tus hermanos, a tus propias manos, osas desafiar mi poder y dominio de todo lo que existe!?–El padre se veía más enojado, furiosos y estaba listo para dictar sus sentencia, Azael el ángel de la muerte, tenía listo su espada para con un corte acabar y con el acusado, como era su misión, la única razón por la que se aguantó toda esa palabrería aunque en el fondo le preocupaba lo que Velkorck había dicho, y estaba confundido por el estado de Velkorck, era el único ángel respetable junto a Metatrón.

Todos se quedaron en silencio esperando el veredicto del padre hasta que de repente entraron varias figuras aladas entraron de repente en el recinto, todo entraron como relámpagos, se fueron arrodillándose alfrente hasta que se quedaron dos en pie y en un segundo la luz característica de los ángeles cuando vuelan a toda velocidad se disipó revelando los, Gabriel y Rafael, dos de los comandantes de los querubines, ambos acelerados se posaron alfrente de Velkorck como protegiéndolos de la irá del Padre.

–Lo que el dice es verdad padre nuestro...–dijo Gabriel y a su vez con un ademán para que Miguel entregará la piedra con parte del selló y el pequeño ángel se hacerco al padre, donde el Padre la hizo flotar hasta su mano.

El padre se quedó mirando la piedra y en un segundo se quedó callado, reflexionando, paso uno, dos, tres y cuatro segundos...

Y cinco, seis, siete y ocho...

De repente el silencio se rompió en unas palabras terribles, terribles y aterradoras, pero igualmente confusas, eran no solo palabras en una frase lo que daban miedo sin un nombre, uno que ningún ángel había escuchado pero de ahora en adelante sería su terror...

–El juicio se suspende...

–¿Que sucede señor?–dijo Azrael.

–Moloch ha vuelto...

La AngelomaquiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora