―Para ti, hyung ―dijo Taehyung, extendiéndole a Hoseok la última brocheta de cerdo que había logrado guardar para el almuerzo.
―Oh ―Hoseok parecía sorprendido―. ¿Para mí? ¿De verdad?
―Sí, claro. Sé lo mucho que te gustan ―dijo, lo más casual que pudo, tragando con dificultad. Un segundo después la expresión de Hoseok pasó a ser una de éxtasis, y no pudo evitar sentirse extraño al saber que ese cambio se debía a él.
No. No se sentía extraño.
Se sentía bien. Muy bien.
―Gracias ―sonrió Hoseok, acercando su mano a la suya, donde mantenía en alto el trozo de carne. Sus dedos se tocaron, y Taehyung no pudo evitar fijarse en cómo las orejas de Hoseok se cubrían de un suave tono rosado.
―Es un placer ―murmuró, antes de patearse mentalmente―. Digo, no hay de qué, hyung.
Hoseok asintió, dedicándole una pequeña sonrisa.
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―¿Estás bien? ―Namjoon lo miraba fijamente, mostrándose sólo un poco concernido.
―Estoy bien ―respondió Taehyung desde su lugar, detrás de tres enormes cajas llenas de piezas de utilería, ropa, accesorios y muchísimas otras cosas que no lograba diferenciar―. Total y absolutamente bien. ¿Por qué?
―Umm ―Namjoon frunció el ceño―. Pareces confundido. Pensé que quizás podrías necesitar una mano. O dos.
―Ah. No, no. Estoy bien. Aunque... ¿Sabes dónde está el agua? ―cuestionó, ligeramente esperanzado. A pesar de todos sus esfuerzos, y de hurgar en todos los lugares posibles, lo único que había logrado conseguir durante todo ese tiempo de búsqueda había sido montones de polvo, y una alergia.
―Creo que vi algunas botellas en la cocina ―respondió Namjoon. En ese momento se hallaban en una especie de mansión, donde estaban teniendo su sesión de fotos conceptuales para el siguiente álbum, razón por la cual Taehyung estaba ligeramente cubierto de polvo y desorientado.
―¡Vale! ―exclamó, levantándose del piso. Una de las cajas se tambaleó desde su precario lugar encima de otra, y Taehyung tuvo que acomodarla con rapidez para no hacer un desastre―. Bien. Todo en orden. Gracias, hyung.
Namjoon lo contempló con extrañeza. ―Sabes que siempre puedes preguntarle a Sejin, Hobeom, o a alguna de las noonas por si necesitas algo, ¿verdad?
―Hyung ―cortó, apurado―. No necesito que una mujer me ayude. O un hombre. No necesito a nadie. ¡Soy una persona independiente!
―Vale, entiendo ―asintió Namjoon, suspicaz, pero aún así levantando su pulgar hacia él―. Entonces buena suerte con ello.
Al final, Taehyung consiguió el agua en la cocina, un lugar que, pensó, tendría que haber revisado primero. Las botellas estaban ubicadas pulcramente en filas sobre la barra que fungía como desayunador. Tomó una y la inspeccionó, advirtiendo que tenía una pequeña abolladura cerca de la tapa. «Esta no puede ser» pensó, devolviéndola a la barra antes de ojear todas las botellas y elegir la que mejor se veía. Perfecto.
Ahora que una parte de su plan estaba listo, debía encontrar a Hoseok.
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Dios, esa casa era enorme.
Suspirando, se adentró en una de las habitaciones, contemplándola de extremo a extremo. No, ahí no estaba Hoseok. Frunciendo los labios, giró y dio un par de pasos hasta la habitación que quedaba al frente. Jungkook estaba allí, durmiendo en forma fetal sobre la cama que adornaba el centro de la recámara. Era un escenario perfecto para saltar sobre él y asustarlo, pero se contuvo y dio un paso hacia atrás, siguiendo su camino por el largo pasillo. Era un hombre en medio de una misión. No podía olvidarlo. Estaba concentrado. Era un león rastreando a su leona. O su león. Era un-
Era un león impresionado.
Hoseok estaba en la habitación próxima a la de Jungkook, de pie junto a las cortinas y mirando hacia afuera de la ventana, con una expresión pensativa inundando su rostro. En una de sus manos tenía un lápiz que movía distraídamente entre sus dedos, mientras el cuaderno de notas que Taehyung había reconocido como el lugar donde Hoseok anotaba todas las ideas referentes a su Mixtape, estaba abierto sobre el alféizar de la ventana, enfrente de él. La dorada luz de la tarde se filtraba en la habitación, cayendo sobre el cuerpo de Hoseok e iluminándolo como si de un ser irreal se tratase, coloreando de oro sus pómulos, sus clavículas y sus labios fruncidos. Haciendo brillar las pequeñas motas de polvo que danzaban y se enroscaban a través del espacio que los separaba.
Hoseok aún no se había percatado de su presencia en la habitación, pero Taehyung no iba sólo a estar ahí parado, mirándolo como si de un acosador se tratase. No. ¡Él era un hombre en medio de una misión!
Mojando sus labios, carraspeó.
―Te traje agua ―dijo, pero su garganta estaba tan seca que sus palabras salieron más como un graznido.
Hoseok saltó en su lugar, claramente sorprendido, mientras una exclamación escapaba de sus labios. ―¡Tae! ―dijo, agarrándose de las cortinas. Sus puños luciendo pálidos―. Oh, Dios. Me asustaste ―rió, moviéndose hacia donde Taehyung seguía en pie―. ¿Me trajiste agua?
―Sí ―afirmó, mojando sus labios nuevamente.
―No era necesario, Tae. Estas cosas las puedo hacer por mí mismo ―rió, aceptando la botella de agua de todas formas.
―Pero tú siempre buscas agua para mí, hyung ―balbuceó. Se sentía un poco mareado por la manera en la que Hoseok no dejaba de brillar aún cuando ya no estaba cerca de la ventana. Quizás estaba soñando. De nuevo.
―Eso es porque tú siempre pareces desearlo ―recordó, antes de abrir los ojos de forma desmesurada y tartamudear:―. No me malinterpretes. Lo digo porque siempre estás sediento y, um-
―Escucha ―cortó Taehyung rápidamente, antes de que su espíritu de Hombre-en-medio-de-una-misión de león perdiera el foco― acerca de lo que pasó esta mañana-
―¡Tae! ―Taehyung saltó. Era Sejin, quien lucía agitado―. Te hemos estado buscando durante todo este tiempo. Ya es tu turno. Vamos.
―¿Hablamos en la noche? ―Fue lo último que escuchó decir a Hoseok, mientras era sacado de la habitación y llevado a toda velocidad a la planta baja.
―¡Vale! ―alcanzó a decir en medio del pasillo, alzándose de hombros de forma desinteresada cuando Sejin le preguntó de qué tenían que hablar.
